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A Isabel la arrastró la corriente

Vidal Maté

Una moción censura contra el presidente Marian Rajoy acabó con el gobierno de los populares y con ello, la salida de Isabel García Tejerina como ministra de Agricultura cuando se acaban de cumplir justamente cuatro años de mandato en la sede de Atocha, a caballo entre dos legislaturas, mayo de 2014 a 2016 en sustitución de Miguel Arias Cañete y repetición en el cargo a partir de las elecciones en noviembre de 2016 hasta el pasado uno de junio.

De Isabel García se podía decir que era como de la casa, donde había llegado, “recién salida”, a finales del pasado siglo, allá por 1999 como asesora de Loyola de Palacio y donde en dos legislaturas desempeñó el cargo de secretaria general. En consecuencia, se trataba de una persona formada como ingeniero agrónomo que no venía de nuevas al sector y, sobre todo, que era conocedora de la Administración agraria en España y en el marco comunitario, lo que le ha permitido llevar a cabo buenas negociaciones en Bruselas para el sector. Desembarcó como ministra en mayo de 2014 para sustituir a Miguel Arias Cañete por su salida hacia Bruselas y desarrolló una política de continuidad resumida en 66 medidas que contemplaban las actuaciones planteadas por su antecesor en el puesto, pero impulsadas también por ella misma como secretaria general.

Mujer de carácter, de convicciones profundas, ha sido también dialogante y receptiva. En sus actuaciones buscaba básicamente la eficacia. Deportista y, soltera, probablemente por ello con más tiempo libre, entendía el cargo público como un acto de servicio a los ciudadanos, no contaba las horas de trabajo para desesperación de sus colaboradores más cercanos.

Uno de sus primeros y principales aciertos fue el mantenimiento del equipo anterior, al margen de planteamientos políticos, al igual que hiciera su antecesor Arias Cañete. Para su mandato hizo una apuesta por el diálogo y la negociación, tanto ante cambios de normativas, como en problemas de coyuntura.

En situaciones finales  de una legislatura, existe generalmente la sensación de que los equipos salientes se hallan simplemente esperando el pitido final para salir corriendo porque se han agotado las ideas. Hoy, en caso de Agricultura, sucede todo lo contrario y el relevo se ha producido cuando el equipo se hallaba en el trabajo de nuevas iniciativas desde el agua a la ordenación de los sectores y sobre todo, ante las próximas negociaciones para la reforma de la Política Agrícola Común.

En la hoja de servicios de Isabel García Tejerina se debe hablar de la aplicación de la Ley de  la Cadena Alimentaria para controlar aspectos como los contratos y los plazos de pago. En ese mismo escenario  se puso en marcha el Observatorio de los precios pagados por los consumidores y su relación con los precios pagados en origen o a la industria; Agricultura impulso varios compromisos en sectores como vino o leche donde  industria y distribución se comprometían solo con su palabra como garantía, a operar con unos precios que garantizaran la sostenibilidad del sector agrario. En la misma línea se halla la redacción de un Código de Buena Prácticas Comerciales, otra iniciativa voluntaristas para lograr una cadena alimentara equilibrada.

La Ley de Calidad Alimentaria fue otro paso para lograr un mercado interior con unas reglas de juego uniformes en todo el Estado frente a la dispersión que implicaban las normas  autonómicas en materia de controles y sanciones. En relación con el sector agrario y la industria alimentara, cabría señalar su interés por impulsar las exportaciones, abriendo mercados y simplificando los  trámites burocráticos o eliminando ventanillas, estrategia que no contó siempre con el apoyo de los técnicos de Comercio.

La ministra trabajó en lograr una mayor organización del sector agrario para que fuera más protagonista de su futuro, sobre todo operando en los mercados. En esa línea destaca su Ley de Entidades Asociativas Prioritarias, el impulso a las interprofesionales y a las Organizaciones de Productores. Entre las disposiciones de la legislatura cabe señalar igualmente las leyes de Montes de Pesca y la normativa sobre biodiversidad.

Favorecida por la climatología y los mercados, en su mandato la renta agraria mantuvo en los últimos años un comportamiento alcista hasta situarse en 2017 en la cifra record de 28.462 millones de euros.

Con la necesidad del relevo generacional y la incorporación de la mujer como fondo, Agricultura puso sobre la mesa el denominado Paquete Joven con medio centenar de medidas de apoyo directo e indirecto, sin que se conozcan sus resultados al día de hoy.

Las negociaciones para la reforma de la PAC han sido eje central en la actividad de la ministra y en las actuaciones de todo el departamento desde 2014 hasta la fecha de hoy de cara a mantener los niveles de ayudas y los pagos directos como instrumento de rentas, siempre con las posiciones por delante del sector y de la industria alimentaria. Dentro de las dificultades en las negociaciones en Bruselas para  la PAC, se podría decir que los resultados en ese periodo fueron aceptables. Las mayores diferencias y disensiones se produjeron a la hora de su aplicación en España en el marco de la Conferencia Sectorial donde las Comunidades Autónomas decidieron cómo repartir los fondos, lo que se tradujo en una política de continuidad y también de desequilibrios en la distribución de los pagos de las ayudas directas.

En materia de agua, Isabel García Tejerina dio un impulso a los planes de cuencas, preparaba una nueva Estrategia de Regadíos con el horizonte 2025 para modernizar 800.000 hectáreas, mantenía desde hace meses negociaciones con todos los sectores afectados para  lograr un pacto del agua  y avanzar en el desarrollo de un Plan Hidrológico estatal para tratar de poner orden y conseguir un equilibrio en el reparto del agua entre territorios respetando los derechos y las necesidades de cada cuenca.

La ministra ha presumido siempre de los efectos positivos de la Ley de la Cadena Alimentaria para equilibrar las relaciones entre las diferentes partes de la misma. Y es cierto. Pero no se atrevió nunca a dar el paso de plantear a los responsables de Economía la necesidad de avanzar en una disposición que combatiera de forma eficaz la venta a pérdidas si realmente se quiere defender la actividad agraria. Olvidada esa vía de ir de frente, para la que contaba con el respaldo de todo el sector agrario y alimentario, se volcó, como salida, en la firma de acuerdos y propuestas voluntaristas con industriales y distribución parque respetaran las reglas de juego en pro de una actividad agraria sostenible, con muchas fotos y escasos resultados al pactar con incumplidores convulsos.

Agricultura ha trabajado fuerte en lograr una nueva política de aguas, ha desarrollado un discurso hecho a base de equilibrios lleno de sensatez pero le ha faltado elevar su discurso a otras instancias políticas para que todos se mojaran a la hora de decidir qué hacer con el agua.

No se puede decir que en Atocha no haya existido diálogo con todo el sector y que no haya habido una política de puertas abiertas de todo el equipo para asuntos de coyuntura. Pero, existiendo como había un Consejo Asesor Agrario perfectamente regulado, no tiene sentido que el mismo haya estado prácticamente de adorno en toda la legislatura.

Ha funcionado el Observatorio de los precios a nivel de industria y distribución, pero no se puso en marcha otro Observatorio para analizar los precios pagados por el sector agrario, medios de producción cada día  más en menos manos. Isabel García Tejerina tampoco pudo con el poder dominante de las eléctricas en lo referido a las tarifas de riego y se tuvo que conformar con que le dieran en el gobierno luz verde a una cierta rebaja fiscal para ese tipo de explotaciones.

Isabel García Tejerina no se quiso complicar la vida cumpliendo el compromisos de Miguel Arias Cañete para la celebración de elecciones en el campo, decisión que contó con el respaldo de las tres organizaciones agrarias actualmente reconocidas a nivel estatal, Upa, Coag yA saja y con el rechazo de Unión de Uniones.

En conjunto, frente a los años anteriores, no se registraron grandes movilizaciones y solamente destacó el conflicto de la leche por sus bajos precios y donde los problemas de fondo siguen sin abordarse y la crisis por el cierre de las fronteras rusas.

Con Isabel García Tejerina como ministra, como con los anteriores, el sector agrario siguió con recursos ajustados a mínimos para mantener la actividad en los Presupuestos Generales del Estado en un periodo de crisis donde solo destacaría el mantenimiento de los 211 millones para el seguro agrario, pero lejos de los más de 300 millones de épocas pasadas.

En conjunto, un periodo pasado por la PAC, donde los pagos directos han sido fundamentales para asegurar rentas a una parte del sector, donde se han dado salida a la mayor parte de los problemas de coyuntura, pero donde es necesario, indispensable, avanzar en sentar las bases para articular un nuevo sector agrario ante los retos, ya a la vista, para agricultores y ganaderos que van desde unos mercados más abiertos y la necesidad imperiosa de competir con eficiencia, a las mayores exigencias derivadas del cambio climático y por el medio ambiente.

Isabel García Tejerina se va dejando en conjunto un buen recuerdo por su capacidad de trabajo, su dedicación al cargo y el de su equipo, su talante de diálogo y el de su equipo y, al margen de las cuestiones coyunturales, por apostar en el objetivo de construir un nuevo sector agrario con los agricultores y ganaderos más organizados como protagonistas. Pero, solo línea abierta que requiere continuidad y tiempo.

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