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¿Necesita proteínas la Comisión Europea?

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Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

Los días 22 y 23 de noviembre tuvo lugar en Viena la Conferencia sobre el Desarrollo de Proteínas Vegetales en la Unión Europea, organizada por la ministra de Sostenibilidad y Turismo de Austria, Elisabeth Köstinger, y el comisario de Agricultura y Desarrollo Rural de la UE, Phil Hogan.

En esta Conferencia, con claro sesgo ecológico y anti-OMG, participaron alrededor de 200 expertos de las cadenas de suministro agrícola y para la producción de alimentos, redes de investigación y asesoramiento, y administraciones nacionales y regionales. Analizaron el informe de la Comisión Europea sobre la situación de la oferta y la demanda relativa a las proteínas vegetales en la UE y las medidas propuestas para seguir desarrollando su producción de manera segura tanto a nivel económico, como medioambiental.

https://ec.europa.eu/info/events/development-plant-proteins-europe-opportunities-and-challenges-2018-nov-22_en

Aunque existen serias dudas de su efectividad, estas medidas deberían servir para quebrar un poco la fuerte dependencia que la UE tiene de estas materias primas del exterior, sobre todo de soja en sus múltiples variantes destinadas a la fabricación de piensos para animales.

El comisario Phil Hogan realizó una somera descripción de las cinco prioridades establecidas por la CE en su informe para alentar la producción de proteína vegetal en la UE, tras un proceso de consulta que se inició a principios de este mismo 2018 y reiteradas peticiones del sector agrario comunitario durante varios años para que se acometa un proceso que impulse realmente este tipo de cultivos y producciones en la Unión.

Hogan declaró que “las proteínas vegetales son un componente esencial del sector agroalimentario europeo, que produce alimentos y bebidas sujetos a las normas más exigentes a escala mundial. Sin embargo, debido a distintos factores climáticos y del mercado, la producción europea de proteaginosas no es suficiente para satisfacer la creciente demanda.”

El comisario de Agricultura agradeció el “gran interés” mostrado por el Parlamento Europeo en ofrecer más apoyo a la producción de proteínas en Europa, añadiendo que “su informe (aprobado en abril de 2018, en el que se abogaba por una estrategia europea para fomentar las proteaginosas europeas) se tomará como punto de referencia importante a la hora de debatir a escala de la UE los pasos a seguir para alcanzar un futuro sostenible, que requiere una participación activa de todas las partes interesadas, pues la Comisión Europea no puede conseguirlo por sí sola.”

El informe, presentado por Rudolf Mösele, de la Dirección General de Agricultura (DG Agri) de la Comisión Europea, contempla una serie de instrumentos políticos existentes y nuevas propuestas políticas, que pueden contribuir a resaltar el potencial económico y medioambiental que tienen las proteínas vegetales en la Unión.

Sin plan, ni presupuesto

Nada que objetar si no fuera por el hecho de que las prioridades que establece la CE en este ámbito no cuentan con el soporte, por el momento, de un plan específico con partidas presupuestarias concretas que lo acompañen y que no sean las ya previstas con carácter general.

No existen a mayores más fondos para potenciar una política verdadera en favor de impulsar y fomentar la oferta de proteína vegetal propia en la UE. Los fondos que se destinen a este objetivo deberán restarse de otros capítulos de gasto, que son igual o tan necesarios.

Uno de los  “agujeros negros” que se obvian y que frenan, cuando no impiden, el desarrollo de las proteínas vegetales en la UE es toda la política europea relacionado con la biotecnología y la investigación aplicada en el sector agrícola. La gran paradoja y contradicción, por no decir la esquizofrenia de la UE, es que no podemos cultivar y producir con semillas modificadas genéticamente, pero casi la totalidad de los 13 millones de toneladas de soja en forma de haba, torta o harina que importamos para fabricar piensos para animales es transgénica.

Otro “agujero negro” es que la política de biocombustibles va a tender en un próximo futuro a ignorar los subproductos o co-productos derivados de los excedentes de materias primas agrícolas alimentarias, que se utilizan para fabricar estos productos industriales con destino a la alimentación animal, contribuyendo a asegurar el suministro de piensos en toda Europa. Y, posiblemente, si nada lo remedia, pasemos de producirlos aquí a tener la necesidad de importarlos desde países terceros.

El informe contempla cinco prioridades tan posibles, como obvias, en el apoyo del desarrollo de las proteínas vegetales en la Unión. En primer lugar, brindar apoyo, mediante la futura PAC, a los agricultores que cultivan proteaginosas, incluyéndolo en los planes estratégicos nacionales y, en particular, incentivando los beneficios de las leguminosas para los objetivos medioambientales y climáticos, a través de programas ecológicos y compromisos relativos a la gestión medioambiental y climática en el marco de los programas de Desarrollo Rural, así como movilizar la ayuda al Desarrollo Rural, para estimular, por ejemplo, la inversión y la cooperación a lo largo de la cadena alimentario, o incluso dando una ayuda a la renta asociada.

Todo esto está bien, pero ¿existe un presupuesto adicional para ello, cuando se plantea desde la propia Comisión un recorte de más del 16% en las partidas de Desarrollo Rural para el periodo 2021-2027? ¿Deben ser los Estados o las CC.AA. los que aporten más fondos para la cofinanciación de estas políticas?  Si se da más apoyo a fomentar la proteína vegetal en los pagos directos de la PAC ¿de qué capítulos o medidas se quita o se resta ese apoyo?

En segundo lugar, la CE propone fomentar la competitividad (de la proteína vegetal en la UE), a través de la investigación e innovación presentes en programas de investigación de la UE y de los Estados miembros, al duplicarse el presupuesto del programa Horizonte Europa previsto para 2021-2027.  

Si esto es así, ¿por qué no se ha hecho hasta ahora? ¿Por qué ese desinterés de las grandes multinacionales del sector de semillas en destinar fondos para desarrollar los cultivos proteicos? ¿Será por las enormes trabas que impone la UE al desarrollo de cultivos biotecnológicos? ¿Será por qué se trata de cultivos poco competitivos respecto a los cereales y con nulo retorno?

Las otras tres medidas de la CE parece que se plantean solo a cuenta de inventario, dado que hacen referencia a obviedades tales como “mejorar el análisis y la transparencia del mercado mediante instrumentos de seguimiento más desarrollados; promover los beneficios de las proteínas vegetales en la nutrición, salud, clima y medioambiente con la ayuda del programa de promoción de la CE que asciende a casi 200 millones de euros en 2019, así como aumentar el intercambio de conocimientos y mejoras prácticas en la gestión de la cadena de suministro, y las prácticas agronómicas sostenibles, por ejemplo, a través de una plataforma especializada “online”.

Fuerte desequilibrio

La Comisión Europea señala que la elevada demanda de proteínas vegetales en Europa ascendió a 27 millones de toneladas de proteína bruta en el periodo 2016/17 y que el índice de autoabastecimiento en la Unión varía significativamente según la fuerte proteínica, siendo, por ejemplo, del 79% para la colza y apenas el 5% para la soja).

Por consiguiente, la UE importa cada año unos 17 millones de toneladas de proteína bruta (35 millones de toneladas de equivalente de torta de soja), de las cuales 13 millones son a base de soja. El destino en un 93% de las proteaginosas es la fabricación de piensos. El mercado alimentario para las proteínas vegetales registra un crecimiento de dos dígitos, impulsado por la demanda de alternativas a la carne y a los lácteos y se prevé que siga creciendo hasta 2030.

La tasa de autoabastecimiento de la UE en materias primas vegetales ricas en proteínas se sitúa en torno al 35%, por lo que necesita importar más del 60% para proporcionar a su ganadería raciones alimentarias balanceadas, principalmente semillas de soja procedentes de Estados Unidos y América del Sur. El valor de estas importaciones pasó de 9.000 a 12.000 millones de euros entre 2008 y 2015.

Existen muchas dudas sobre que el crecimiento de la oferta comunitaria de proteína vegetal se pueda asentar sobre un aumento de las superficies de cultivo en la UE y no sobre que continúen elevándose las importaciones de países terceros, algo que tampoco será fácil.

El COPA-Cogeca apunta que la aparición de nuevos clientes para los proveedores de América del Sur, principalmente China, donde las importaciones de habas de soja registraron un fuerte crecimiento hasta representar cerca de dos tercios del comercio mundial, debilita la capacidad de la UE para orientar la oferta de los países productores hacia su mercado. Por tanto, no se descartan perturbaciones comerciales en el  actual equilibrio del abastecimiento de materias primas vegetales ricas en proteína que llegan al mercado comunitario.

Tendencias positivas

La Comisión observa, sin embargo, tendencias positivas desde la reforma de la PAC en 2013, gracias a la condicionalidad del pago “verde”, al que va destinado por norma alrededor del 30% del pago directo total, con cultivos fijadores de nitrógeno en superficies de interés ecológico, que representaron cerca de un 38% de esta superficie y aproximadamente 3 millones de hectáreas de superficie.

Destaca que el área destinada al cultivo de soja en la UE se ha duplicado hasta alcanzar casi un millón de hectáreas y un nivel récord de 2,8 millones de toneladas en 2017/18. De manera similar,  las legumbres secas para la alimentación humana o animal, como los guisantes, habas, lentejas o garbanzos, han casi triplicado su producción en la UE desde entonces, mientras que la de proteaginosas ha mejorado en los últimos años hasta alcanzar un récord de 1,8 millones de hectáreas y 5 millones de toneladas en la campaña anterior.

Los agricultores europeos y sus cooperativas (COPA-Cogeca) consideran que no es posible sustituir todas las materias primas vegetales ricas en proteínas importadas por una producción comunitaria. Pero el objetivo consiste, ante un problema de múltiples vertientes (seguridad alimentaria, salidas no alimentarias, crecimiento ecológico) en tener en cuenta las lecciones del pasado reciente y ofrecer nuevas perspectivas para adaptar la oferta a la evolución a la demanda.

En este contexto, para garantizar la competitividad, la calidad y la resiliencia del sector europeo de proteínas a los muchos retos económicos, ambientales, climáticos y tecnológicos se debe lograr una coherencia entre las distintas políticas comunitarias y una serie de medidas que solo se enumeran, como establecer un plan concreto y eficaz de ayudas a largo plazo a la inversión, la innovación y la investigación a lo largo de la cadena de valor.

También focalizar la investigación en la mejora efectiva de los rendimientos de cultivos como la soja, guisante, haba, altramuz dulce y alfalfa, así como en la tolerancia a las enfermedades; apoyar la investigación sobre la mejora del uso de las tortas de colza y de girasol, e impulsar la contractualización en el sector entre los agricultores, ganaderos y fabricantes.

Habría, además, como hacen otros países terceros grandes productores, como Estados Unidos, Brasil y Argentina, que proteger la renta de los agricultores en el marco de la PAC y el acceso a materias primas vegetales, ricas en proteínas, para proporcionar al ganado raciones alimentarias balanceadas a un precio competitivo, en sintonía con la evolución de los consumidores.

El desarrollo de una política comunitaria de proteínas vegetales debería contribuir a los objetivos medioambientales y climáticos y servir como fuente de gran valor añadido para la alimentación humana, para mejorar el balance, incluyendo a los forrajes, y para reequilibrar el déficit actual, a través de una política apropiada y estable a favor de los biocarburantes derivados de los cultivos herbáceos más allá de 2020.

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22/02/2019

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