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Nos gusta el conejo, pero no tanto

firma ricardo

Algo más de una cuarta parte del total de la producción de carne de conejo está en España, que es la segunda productora de la Unión Europea, con alrededor de 60.000 toneladas, solo por detrás de Francia, que lidera esta rama de producción ganadera con 80.000 tn anuales de media.

Según señala el Ministerio de Agricultura en su informe de “Indicadores Económicos del sector cunícola 2017”, esta producción cárnica tiene un fuerte componente cultural, lo que hace que solo se consuma en unos nueve países de los 28 de la UE y, sobre todo, en los tres primeros (Francia, España e Italia), que conjuntamente abarcan más del 85% de la producción comunitaria total.

En España, el número de explotaciones cunícolas en 2017 según su clasificación zootécnica esta en 3.818 de las que algo menos de la mitad, unas 1.768 era de producción de gazapos para carne; otras 409 explotaciones de cría de animales de compañía; otras 317 granjas de producción de caza para repoblación; 45 granjas de multiplicación; 19 centros de  inseminación artificial; 18 granjas de selección, etcétera.

Por CC.AA., Cataluña era la preponderante, con 728 explotaciones cunícolas (19,1%), seguido de Andalucía, con 649 (17%), Castilla-La Mancha, con 506 (13,3%); C. Valenciana, con 370 (9,7%); Castilla y León, con 300 (7,9%), Extremadura, con 294 (7,8%); Galicia, con 257 (6,8%), Aragón, con 216  (5,7%); Canarias, con 130 (3,4%) y el resto de CC.AA., con otras 368 explotaciones de conejos más (9,6%).

El número de explotaciones cunícolas en España ha ido creciendo en los tres últimos años, aunque desciende en los últimos ocho años casi un 40% por la crisis de mercado y el aumento de los costes de producción, estando aún por debajo del número de granjas del final de la primera década del año 2000. En junio de 2008 había 4.749 explotaciones y casi 10 años después, en febrero de 2018, eran 3.818, un 10,1% y 350 granjas más que en abril de 2016.

El censo nacional de conejos era a principios de este año de 5.967.184 animales, en su mayoría, con 4,68 millones, para cebo, seguido de la cabaña de hembras reproductoras, con 872.622; los conejos de reposición, con 221.445 animales; los 33.626 machos reproductores, y los 158.459 animales sin clasificar.

Un 24,4% de este censo de conejos estaba a principios de 2018 en Cataluña, con 1,45 millones de animales; otro 23,3% y cerca de 1,4 millones en Castilla y León; otro 16%, con 955.527 animales en Galicia; un 9,5% y 564.228 animales en la C. Valenciana; un 9,4% y 499.249 conejos en Aragón, etcétera.

El número de conejos puede decirse que se ha mantenido en la última década. En 2008 sumaban 5.987.992 animales y en 2018, unos 5.967.184 millones animales, lográndose una cifra récord de algo más de 6,8 millones en junio de 2013, a partir del cual ha ido descendiendo hasta franquear de nuevo en 2017 la barrera de los 6 millones.

Producción de carne  

Durante 2017, la producción de carne de conejo alcanzó 56.782 toneladas canal, un 4,83% menos que el año anterior y quedando muy lejos de la de 1992, cuando se llegó a algo más de 89.602 tn canal o de la de 1986, con casi 77.620 toneladas. Entre 2005 y 2008 se superaron las 70.000 tn canal, bajando luego a estar más cerca de las 60.000 tn y caer en 2016 con 59.664 tn de producción.

Según el MAPA, la evolución productiva de los últimos años ha venido condicionada por la profesionalización de la actividad, registrándose un importante descenso de la oferta local ligada al autoconsumo y los circuitos cortos de distribución, y la consolidación de los cunicultores profesionales.

Esto ha llevado también a un descenso considerable del número de explotaciones; a una concentración de la producción y el sacrificio en operadores de mayor dimensión, que han mantenido la capacidad productiva nacional estable e incluso en ascenso en los últimos años, aunque desde 2015 cambió también la tendencia hasta la actualidad.

Por CC.AA., Galicia es la primera productora, con 13.861 tn canal (24,4%), seguido de Cataluña, con cerca de 13.686,5 t (24,1%); Castilla y León, con 11.453 tn (20,2%), Aragón, con 4.136,7 tn (7,3%); Castilla-La Mancha, con 3.865 tn (6,8%); Com. Valenciana, con 3.041,2 tn (5,4%); Com. Foral de Navarra, con 2.952,6 tn (5,2%);  País Vasco, con 1.589,9 tn (2,8%), etcétera.

El número de cabezas sacrificadas y el peso canal marcaron nuevos mínimos históricos en 2017 y fueron 45,88 millones, un 5,4% menos que en el anterior y muy alejado de los 53,41 millones de cabezas de 2012, que supusieron también un récord de sacrificio, con  64.578 tn peso canal, por delante de las cifras de 2011, con casi 52,67 millones de cabezas y un peso canal de 64.139 toneladas.

En la Unión Europea, los nueve países en donde este sacrificio está permitido, rebajaron su producción en 2016 a 216.100 toneladas, casi un 11% menos que en el año anterior en una tendencia progresiva a la baja y muy alejado del registro de 1992, cuando la producción de carne de conejo alcanzó 507.600 tn. Francia fue líder, con 79.000 tn (36,6% del total UE), aunque muy alejada de los 150.000 tn de 1992, seguido de España, con 59.600 tn (27,6%) en ese año, frente a los 89.600 tn de 1992 y, en tercer lugar, Italia, con 55.000 tn (25,5%), el país más alejado de 1992, cuando su producción alcanzó 223.000 tn, y en imparable descenso en todos estos años.

La media docena de países productores de carne de conejo manejan cifras mucho más moderadas: Bélgica (7.000 tn), República Checa (6.000 tn); Grecia (4.000 tn), Holanda (4.000 tn); Polonia (3.000 tn) y Eslovaquia (1.300 tn).

Comercio exterior

Uno de los puntos favorables del sector productor cunícola español es que es netamente exportador. En 2017 envío fuera 7.057  tn, un 6,8% menos, dejando atrás las 8.884 tn que logro vender fuera en 2014. De esos envíos, 6.768 tn fueron a otros países de la UE Y 288 tn a destinos extra-comunitarios.

La exportación de carne fresca refrigerada o congelada alcanzó 6.297 tn, siendo el primer destino dentro de la UE Portugal, con 2.398 tn (a este país se vendieron también 213.012 conejos domésticos vivos), seguido de lejos por Francia (957 tn), Bélgica (510 tn), Italia (489 tn), Polonia (443 tn) etc. Fuera de la UE, de las 288 tn exportadas, 154 tm fueron a Vietnam.

La crisis del sector productor luso favoreció en los últimos años la condición exportadora  del sector nacional, que ha pasado a abastecer el mercado del país vecino con carne procedente de los mataderos españoles. A partir de 2015, sin embargo, esta tendencia al alza se va frenando paulatinamente.

En cambio, las importaciones de carne de conejo sorprendieron en 2017, al elevarse hasta 1.646 toneladas, todas de otros países comunitarios, lo que supone la cifra más elevada desde 2004 y por encima de tres veces más que lo importado (513 tn) en el año anterior.

Las importaciones de carne fresca congelada o refrigerada fueron de 966 toneladas, todas de otros países de la UE, sobre de Francia (705 tn), Portugal (141 tn) y Bélgica (73 t). Además, nuestro país importó nada menos que 354.860 conejos domésticos vivos, principalmente a Portugal (346.985 animales), además de Francia (7.755  animales) y Reino Unido (120) y fuera de la UE, Estados Unidos (61 animales).

Las exportaciones del sector cunícola han ido creciendo en los últimos años, a pesar del retroceso de 2016 y 2017 y triplican casi las realizadas diez años atrás. En 2008 se logró exportar 2.933 tn de carne y despojos comestibles, frescos, refrigerados o congelados de conejos domésticos, llegando a las 6.585 tn en total en 2017, en su mayor parte (6.297 tn procedentes de otros países productores de la UE.

La facturación por estas ventas al exterior alcanzaron el pasado año 21,88 millones de euros (21,13 millones de la UE y 752.000 euros de terceros países).

El primer destino de la carne de conejo de la Unión Europea fue China, con 1.125 tn exportadas en 2017, seguido de Suiza (846 tn) y Rusia (727 tn).

Por el contrario, aunque las importaciones han aumentado también, ese aumento ha sido más moderado. En 2008 fueron de 888 tn (782 t de otros países UE) y en 2017, de 996 toneladas. La facturación fue de 4,21 millones de euros (4,18 millones de la UE).

Las importaciones de carne de conejo de la UE procedieron en su totalidad de China, con cerca de 5.000 toneladas, una cifra considerable, pero lejos de las casi 7.500 tn del año 2014.

Balance de autoabastecimiento

Nuestro país tiene un superávit productivo, con un grado de autoabastecimiento que fue del 110,5%, con lo que necesita exportar para mantener el equilibrio. Ese porcentaje fue del 114,2% en 2014.

El balance de 2017, según el informe del MAPA, en el sector de carne de conejo destaca una producción de 56.782 toneladas, unas importaciones de 1.646 tn y unas exportaciones de 7.057 toneladas que, al restarse, dejaron una utilización interior de 51.371 toneladas.

El consumo aparente “per capita” se ha mantenido estable en los últimos años, aunque ligeramente a la baja, estimándose para 2017 en 1,2 kg/habitante y año. El consumo de carne de conejo en los hogares ha ido bajando  desde el año 2011 más del 9%, situándose en menos de 50.000 toneladas el pasado año.

En 2017, el consumo en kilos habría vuelto a descender en torno a un 5%, aunque debido a la mejora en la situación de precios de la carne de conejo, el valor de ese consumo sería un 2% superior al de un año antes.

El precio medio de la carne de conejo en 2017 se situó en 1,74 €/kilo, una cifra considerablemente superior al comportamiento en los dos años anteriores, con los vaivenes de subidas y bajadas, en función de la oferta y la demanda de mercado, alcanzando un pico máximo a principios de septiembre de 2,09 €/kilo, una cifra récord para el sector productor, y con un descenso más atenuado que otros años en el periodo navideño, acabando el año en una media de 1,68 €/kilo.

Esta situación coyuntural no esconde, sin embargo, la tendencia descendente del consumo de carne de conejo que sufre este sector desde hace varios años, según el MAPA, penalizado por su falta de penetración en los estratos más jóvenes de la población, dificultando su competitividad a medio y largo plazo. Su escasa rotación en los lineales, apunta este departamento, lastra igualmente el precio de venta, reduciendo además el valor de la producción consumida y, a la vez, arrastrando en este descenso al resto de los eslabones de la cadena de valor, sobre todo producción primeria e industria transformadora.

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