Euroganadería

Trigo limpio

Está viendo:

Trampeando, que es política

Mal que bien, con prácticamente casi la totalidad de las Administraciones que han pasado por Moncloa en la últimas décadas, unas peor que otras, el sector agrario ha ido haciendo frente a los  grandes procesos de cambio habidos en este periodo en política agraria, en base a respuestas de coyuntura, apaños, lo que se dice, trampeando para seguir vivos y dejando agricultores y ganaderos muchos pelos en la gatera, traducido en abandonos de producciones o cultivos, mientras otros crecieron  fundamentalmente a base del trabajo, sacrificio y al esfuerzo de cada explotación.

Preocupados por el día a día, el sector agrario no ha sido en el pasado objeto de un análisis global por parte de las diferentes administraciones para ver el presente y tratar de poner los medios necesarios para afrontar el futuro con garantías. Años antes de la entrada en la Unión Europea, mientras duró la UCD y con Jaime Lamo en Atocha, se ponían sobre la mesa una decena de proyectos de ley junto que afectaban al global del sector, algunos de los cuales, ya leyes, con modificaciones, se han mantenido hasta la fecha. Además se llevaban a cabo análisis sobre cada una de las principales producciones, con las medidas para asegurar su futuro, algunas de las cuales siguen siendo necesarias, por incumplidas. Con la desbandada de la transición, a pesar de estar a las puertas de la Unión Europea, el sector agrario, con Carlos Romero con el único objetivo de seguir apalancado en Atocha tratando de dominar las cooperativas, sindicatos y hasta periodistas incómodos a quienes denunciaba ante sus directores, dilapidó una década sin dar un solo paso para preparar cada sector al nuevo escenario comunitario. Tiene miga que lo más recordado fue su negociación en Bruselas para la implantación de las cuotas lácteas y su negativa posterior a su aplicación que costó a las arcas del Tesoro, no al campo, más de un cuarto de billón de pesetas.

En la galería de ministros en Atocha, en la línea del “nanismo” de Carlos Romero, son imprescindibles otros como Rosa Aguilar, la verde, José Luis Alvarez, notario que no dio fe de nada, Vicente Albero el breve por accionista bodeguero, José Luis Garcia Ferrero, el más breve, porque solo fue nombrado por su buen talante y buen conocedor de la casa para el paso de la cartera a los socialistas, Pedro Solbes, el pacificador de los desmanes de Romero y contratador de los mil informes sectoriales para la basura o Jesús Posada, de paseante por Atocha que solo quería ser ministro para superar en un cargo a su padre,  gobernador  civil, aunque, por su forma de ser tiene en su mochila, haber  distribuido las cuotas lácteas en paz, en un clima de guerra.

Ante procesos importantes de cambio, el sector agrario, lejos de trampear y los políticos esperando a ver cómo evolucionan los acontecimientos, necesita que la política se adelante a los hechos y prepararse para responder a los nuevos retos.

Actualmente el sector agrario se halla en uno de esos momentos claves ante dos procesos de cambio que van a marcar su futuro.

Uno, importante, aunque no el mayor, que se concreta en la negociación sobre la reforma de la nueva Política Agrícola Común marcada especialmente por los procesos de ajuste en los fondos y con ello, la necesidad de una redistribución de los mismos a partir de unas ideas claras sobre el modelo de explotación que se pretenda conseguir y que tenga garantías de permanecer en el futuro.

Dos, fundamental, el conjunto de nuevas exigencias que van a coincidir sobre la actividad agraria en materia de cambio climático, nuevas condiciones en medio ambiente, uso de productos zoo y fitosanitarios, semillas, empleo del agua, energía, política de calidad y, a la postre, la capacidad para competir en ese nuevo escenario que se avecina. En consecuencia, el sector agrario se halla nuevamente ante uno de esos grandes retos que van a marcar su futuro y donde no es posible, como sucediera en los años ochenta, esconder la cabeza baja el ala, cerrar los ojos o mirar hacia otra parte la espera del desarrollo de los acontecimientos por si el tiempo, con suerte, resuelve los retos, a lo Rajoy en Cataluña.

Afortunadamente, en este momento, parece que en el Ministerio de Agricultura existe un aire diferente ante este nuevo escenario y hay voluntad de avanzar en esa dirección con realismo. Desde el departamento de Atocha se han dado algunos pasos para analizar cada sector, ver sus debilidades y fortalezas, de cara a garantizar su futuro. Pero, parece indispensable ir más allá. Abordar la viabilidad futura de todos los sectores y, sobre todo, más allá de papeles y posiciones voluntaristas, tratar de aplicar salidas técnicas y económicas, para evitar la eliminación de algunas producciones hoy en declive ya en la pendiente de otras ya finiquitadas, aunque para ello serán necesarios presupuestos y otras medidas de gobierno, que no existen.

En el sector hay hoy igualmente la sensibilidad necesaria ante este nuevo escenario que se quiere abordar de frente, no actuando como si no existiera, asumiendo también sus responsabilidades por parte de las organizaciones agrarias, Coag, Asaja, Unión de Uniones y Upa en aspectos que van desde la aplicación de la nuevas tecnologías, a la estrategia para la aplicación práctica sobre el cambio climático que presenta Upa en los próximos días.

A grandes retos, trampear no lleva a ninguna parte, salvo al riesgo de cavar la propia tumba. Aunque el político, diferencia del burro, suele ser el animal que se auto convence para tropezar dos veces en la misma piedra. La península, dice Upa a la ministra, debería ser el laboratorio comunitario para analizar el cambio climático….

<< volver

Ver canal youtube

Twitter@euroganaderia