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A la búsqueda de la variedad de uva (autóctona) perdida

ricardo

Con ligeras variaciones, la superficie mundial de viñedo se ha mantenido estable en los últimos años  en torno a algo más de 7,5 millones de hectáreas, de acuerdo a los datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). De este área total, cerca de un 53% del total, con 4 millones de hectáreas se encuentra en Europa (casi un 44% en la UE-28, con 3,3 millones de hectáreas) y el resto se reparte entre China (870.000 has), Turquía (448.000 has), Estados Unidos (441.000 has), Argentina (223.000 ha), Chile (209.000 has), Australia (135.000 has), Sudáfrica (125.000 has), etcétera.

Una de las preocupaciones principales del sector vitivinícola, además de la más importante, que es la relacionada con los efectos del cambio climático sobre la productividad del viñedo, es la pérdida de biodiversidad, de patrimonio autóctono del cultivo. Precisamente, parte del dinero público-privado que se invierte en investigación e innovación en este sector se destina a la búsqueda y recuperación de variedades autóctonas que o han desaparecido ya, o son tan minoritarias que están a punto de hacerlo. Los objetivos son claros: buscar variedades de uvas con las que elaborar vinos distintos, con características y personalidad propia, que existieron en el pasado, y encontrar especies varietales autóctonas, que se adapten mejor al terreno que otras “importadas”.

Un reciente análisis de la OIV recuerda que en el mundo solo 33 variedades de vid, sobre unas 10.000 identificadas, cubren la mitad de toda la superficie vitícola del planeta y solo 13 de ellas cubren más de una tercera parte de la superficie vitícola mundial. No se trata tanto de la no existencia de variedades, como del claro predominio en el cultivo de solo unas pocas.

Esta institución recuerda que los cambios en las plantaciones de vid durante los últimos 15 años han sido causados por el arranque y la reestructuración del viñedo. Variedades de uva de elevado rendimiento, que ya no atraen los gustos de los consumidores, ni la demanda de los mercados, han experimentado una  disminución significativa de su superficie plantada.

Existen lo que se denominan “variedades internacionales” de vid, que están plantadas en numerosos países, por ejemplo la tinta Cabernet Sauvignon, que es una de las más cultivadas del mundo y que ocupa un 12% de la superficie mundial, con más de 340.000 hectáreas.

La variedad dominante en el mundo es la subespecie Vitis vinifera, que es la variedad cultivada del género Vitis, frente a la subespecie salvaje o silvestris. Fue el cultivo de la vid el que derivó en el pasado en un notable aumento de la diversidad genética, a través de la reproducción sexual y luego, desde finales del siglo XIX y hasta la mitad del pasado siglo XX, con el cruce de especies de Vitis para afrontar la mortal plaga de la filoxera, con la producción directa de híbridos y de portainjertos que contribuyeron realmente a aumentar la diversidad del material vegetal. Finalmente, las mutaciones genéticas naturales, frecuentes en el viñedo e impulsada por la propagación vegetativa, han favorecido igualmente esa mayor diversidad.

La identificación y existencia de multitud de variedades no esconde, sin embargo, la preponderancia de unas muy pocas variedades cultivadas. ¿Cuál es la situación en estos momentos? La OIV analiza la situación de 13 variedades de vid a nivel mundial, con una superficie superior a las 100.000 hectáreas y que  “controlan” en conjunto más de una tercera parte del viñedo mundial y un área por encima de los 2,75 millones de hectáreas.

Principales variedades

En primer lugar se encuentra la variedad Kyoho, de color tinto y destinada a su consumo como uva de mesa, con unas 365.000 has de superficie, presencia en apenas 5 países y una tendencia a seguir creciendo fuertemente, con un aumento anual del 3% o más. Se cultiva principalmente en China, aunque también en Brasil y Estados Unidos.

El segundo puesto es para la variedad tinta “internacional” Cabernet Sauvignon, destinada a la elaboración de vino, con 341.000 hectáreas en el mundo y también con tendencia creciente de entre un 1% y un 3% anual. Su cultivo se extiende por cerca de una treintena de países en Europa, China, Australia, N. Zelanda, Brasil, Argentina, Chile, África del Sur, EE.UU. y Canadá.

La variedad de uva blanca Sultanina ocupa el tercer lugar, con 273.000 hectáreas y su destino es múltiple (consumo de mesa, elaboración de vino y pasificación). Su evolución, por el contrario, es decreciente, y está presente en casi 25 países, como Turquía, India y todo el continente asiático, además del Magreb y otros países asiáticos y “nuevos” países productores, como Argentina, Chile, Estados Unidos y Australia.

A esta variedad le siguen en superficie las variedades tintas Merlot y Tempranillo, muy conocida en nuestro país. La variedad “internacional” Merlot, que cuenta con unas 206.000 ha de viñedo y tendencia estable, está muy extendida por más de 35 países de Sudamérica, todo Norteamérica, Sudáfrica, Magreb, Europa, China y el resto de Asia y de Oceanía.

La variedad Tempranillo cuanta con unas 231.000 hectáreas, con una evolución de fuerte crecimiento del 3% o más anual, situándose en unos 17 países, sobre todo en España, Portugal, Francia, Argentina, Chile, Estados Unidos, Sudáfrica y Oceanía.

El sexto lugar es para otra variedad muy destacada en Castilla-La Mancha, como la uva blanca Airén, con 218.000 hectáreas de viñedo, destinadas a la elaboración de vino y a la producción de alcohol vínico para encabezamiento de brandy. Además de nuestro país, su plantación está en Marruecos. Su tendencia es, según la OIV, de fuerte decrecimiento, con un recorte  igual o superior al 3% anual.

Otra variedad “internacional” ocupa el séptimo lugar, la uva blanca Chardonnay para vinificación, con cerca de 210.000 has de superficie plantada y con tendencia creciente, de entre el 1 y el 3% anual. Está muy extendida a nivel mundial por más de 40 países de toda Europa, Asia, incluido China y La India, así como Japón, Oceanía, África del Sur, Sudamérica y Norteamérica.

En lugares intermedios se encuentra la variedad tinta Syrah, que puede calificarse también por su extensión como “internacional”, con 190.000 has y un fuerte crecimiento igual o superior al 3% anual. Es conocida en los viñedos de más de una treintena de países de la Unión Europea, Turquía, Magreb, Norteamérica, Sudamérica, China, La India y Oceanía.

En noveno lugar está la variedad de uva tinta Red Globe para consumo en fresco, con presencia en media docena de países productores, con 159.000 hectáreas de superficie plantada y una tendencia de ligero aumento, de entre el 1% y el 3% anual. Se extiende principalmente por Estados Unidos, Sudamérica, Sudáfrica, Italia y China.

Con más de 100.000 hectáreas se encuentran también las variedades de uva Garnacha Tinta/Grenache noir para elaboración de vino con 163.000 has, presencia en unos 17 países, pero con tendencia decreciente; la blanca Sauvignon Blanc, con 123.000 has, presencia en 16 países y con tendencia de fuerte crecimiento; la variedad tinta Pinot Noir/Blauer Burgunder, con 112.000 ha y presencia en 18 países, y la variedad blanca Trebbiano Toscano/Ugni Blanc, con presencia en 4 países, con 111.000 has y con tendencia decreciente, al igual que la Airén.

Situación en España

Nuestro país continúa siendo con diferencia el primer viñedo del mundo, con 974.000 hectáreas, según la OIV (datos de 2015, aunque en 2017 eran 967.000 has), pero su primera variedad de uva en más de una quinta parte de su superficie vitícola es la blanca Airén, con 217.000 hectáreas (casi 214.500 has según los últimos datos sobre potencial vitícola a 31 de julio de 2017 del Ministerio de Agricultura) y con una evolución decreciente en los últimos años, como resalta la OIV.

En segundo lugar se encuentra la variedad tinta Tempranillo, con una quinta parte (20,8%) del total de viñedo plantado y 203.000 has en 2015, con una tendencia ligeramente al alza (al final de la campaña 2016/17 contaba con alrededor de 205.000 hectáreas), seguido de la variedad tinta Bobal, con 62.000 has, con un 6,4% del total y tendencia decreciente (casi 59.600 has a finales de 2016/17).

Estas tres principales variedades de uva ocupan casi la mitad de la superficie plantada de viñedo en nuestro país y las 10 primeras llegan a copar el 75% de todo el terreno vitícola, con cerca de 725.000 hectáreas, indicativo de un importante predominio de determinadas variedades, aunque en número sean muchas las identificadas existentes.

Entre las variedades de uva con mayor presencia, la blanca Viura o Macabeo, con 46.000 has (4,7%) tiene una evolución creciente (51.214 has a finales de 2016/17), se sitúa en quinto lugar, al igual que la uva tinta Alicante H. Bouschet, con 26.000 has (2,7%), en séptimo lugar.

Por el contrario, variedades de uva como la Garnacha tinta, en cuarto lugar, con 62.000 ha; la tinta Monastrell, con 43.000 ha (4,4%) y la blanca Pardina, con 25.000 has (2,6%) en octavo puesto siguen una tendencia ligeramente decreciente, mientras que se mantienen estables o ligeramente al alza otras “internacionales”, como las tintas Cabernet Sauvignon, con 20.000 has (2,1%) y Syrah, con superficie similar. El resto de variedades de uva ocuparían algo más del 25% de la superficie total, con alrededor de 250.000 hectáreas.

Tipicidad varietal

En su análisis, la OIV analiza la evolución de los primeros 15 países con mayor superficie y que cuentan con una mayor tipicidad biológica varietal. Donde existen más variedades autóctonas de uva es en Rumania, con más del 50% de sus alrededor de 192.000 hectáreas plantadas de vid, a pesar de que son las variedades “internacionales, como la Merlot y la Sauvignon Blanc, las que más han crecido en los últimos 15 años.

Grecia cuenta con dos variedades locales (la Assyrtkilo y la Liatiko) que aún son mayoritarias y representan aún más del 75% de las 107.000 has plantadas de viñedo, aunque también en estos últimos años ha aumentado la “invasión” de las variedades “internacionales”, a costa de algunas autóctonas importantes, como la Svvatiano, que es la primera plantada, con 15.000 hectáreas, y otras.

Italia cuenta igualmente con mayoría de variedades autóctonas y ha aguantado el fuerte descenso significativo de la superficie plantada entre 2010 y 2015, principalmente en algunas variedades como la Sangiovese (-27%), la Montelpuciano (-12%) y la Merlot (-16%), contrarrestada por el aumento de otras autóctonas como la Gleca (denominada Prosecco, antiguamente), que ha crecido un 25% en 5 años y supera ya las 26.500 hectáreas, o la blanca Pinot Gris (+34%),  así como por el desarrollo de las variedades “internacionales”.

Hungría es el cuarto país productor con el mayor índice de diversidad varietal. En sus más de 65.000 has cuenta con multitud de variedades, aunque 13 ocupan el 60% de toda su superficie plantada. Ha aguando también el desarrollo de las variedades “internacionales”, con variedades autóctonas, como la Blaufränkish (7.000 has), la tinta Cserszegui Fuszeres) y la blanca Furmint, con la que produce sus afamados vinos Tokaj.

La vecina Portugal, a pesar de una superficie plantada de viñedo inferior a las 200.000 hectáreas cuenta con cientos de variedades autóctonas en suelos distintos. Un amplio patrimonio ampelográfico, con variedades de uva tinta, como la Touriga Franca, cateläo, Touriga nacional, Trincadeira y Baga, y de uva blanca, como la Fernäo Pires, Siria y l’Arinto. El descenso en un 15% de su superficie entre 2010 y 2015 vino acompañado de un crecimiento de las 10 primeras variedades, entre ellas 8 autóctonas y otras de carácter más internacional, como la Tempranillo (+8% y 18.000 has) y la Syirah.

Entre los primeros 15 países con mayor superficie plantada de viñedo a nivel mundial, China sería el que cuenta con menos diversidad biológica varietal, ya que solo 3 variedades ocupan el 68,5% del total de su superficie, seguido de Australia (57,7% del total de su superficie en sus tres primeras variedades) y, en tercer lugar, España, con un 49,5% del área plantada ocupado por solo tres variedades (Airén, Tempranillo y Bobal), aunque seguido muy de cerca por Alemania (47,6%) y ya después Argentina (39,1%), Brasil (39%), Francia (34,1%); Sudáfrica (33,8%), Chile (33,2%)  y Estados Unidos (32,5%).

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