A finales del año pasado, la Comisión Europea publicó una comunicación titulada ‘Cerrar el círculo: un plan de acción de la UE para la economía circular’. De su lectura se deduce que la citada institución comunitaria está dispuesta a llevar a cabo una “… transición a una economía más circular, en la cual el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, y en la que se reduzca al mínimo la generación de residuos, constituye una contribución esencial a los esfuerzos de la UE encaminados a lograr una economía sostenible, hipocarbónica, eficiente en el uso de los recursos y competitiva”. Siempre según la Comisión, “una transición de ese tipo brinda la oportunidad de transformar nuestra economía y de generar nuevas ventajas competitivas y sostenibles para Europa”.
Probablemente, la Comisión se muestra excesivamente optimista cuando prevé que la economía circular impulsará la competitividad de la UE al proteger a las empresas contra la escasez de recursos y la volatilidad de los precios; contribuirá a crear nuevas oportunidades empresariales, así como maneras innovadoras y más eficientes de producir y consumir; ahorrará energía y contribuirá a evitar los daños irreversibles causados en lo relativo al clima y la biodiversidad, y a la contaminación del aire, el suelo y el agua, a causa de la utilización de los recursos a un ritmo que supera la capacidad de la Tierra para renovarlos; y creará puestos de trabajo a escala local adecuados a todos los niveles de capacidades, así como oportunidades para la integración y la cohesión social.
Sobre esta última predicción, los productores alimentarios han manifestado ya su escepticismo puesto que no es la primera vez que se declara que una nueva actividad o un diverso enfoque económico y legislativo de las preexistentes (la denominada economía verde, la informatización generalizada, la robótica, etc.) podrá reducir el paro, aunque, al menos a corto y medio plazo, los resultados son muy diversos de lo que se había previsto.
Cabe destacar que, según la Comisión, los agentes económicos, tales como las empresas y los consumidores, son fundamentales para impulsar este proceso que nos ha de conducir a una economía circular. En la comunicación sólo se hace una referencia general al sector alimentario y se ocupa en especial de los residuos provenientes de dicho sector; de este modo, subraya que para liberar el potencial de crecimiento y empleo de la economía circular se propone “un plan [que] incluye compromisos globales sobre el diseño ecológico, la elaboración de planteamientos estratégicos sobre los plásticos y las sustancias y productos químicos, una iniciativa de primer orden para financiar proyectos innovadores en el marco del programa de investigación de la UE Horizonte 2020, y acciones específicas en ámbitos como los plásticos, los residuos alimentarios, las materias primas críticas, los residuos industriales y mineros, el consumo y la contratación pública”.
Vale la pena destacar que, a fin de apoyar el logro del objetivo de desarrollo sostenible relativo a los residuos alimentarios y el objetivo de aprovechar al máximo la contribución de los agentes de la cadena alimentaria, la Comisión desarrollará una metodología común de la UE para evaluar los residuos alimentarios y definir los indicadores pertinentes; creará una plataforma en la que participen los Estados miembros y las partes interesadas con el fin de apoyar el logro de los objetivos de desarrollo sostenible sobre los residuos alimentarios mediante la puesta en común de las mejores prácticas y la evaluación de los progresos realizados a lo largo del tiempo; tomará medidas a fin de aclarar la legislación de la UE relativa a los residuos, los alimentos y los piensos, y de facilitar la donación de alimentos y la reutilización de antiguos alimentos y subproductos de la cadena alimentaria en la producción de piensos sin comprometer la seguridad de los alimentos y los piensos; y examinará las formas de mejorar el uso de la indicación de la fecha por los agentes de la cadena alimentaria y su comprensión por parte de los consumidores, en particular la relativa al “consumo preferente”.
Aunque aparentemente se trata de actividades y medidas que afectan tan sólo tangencialmente a los empresarios del sector alimentario, éstos deberían seguir de cerca su desarrollo y aplicación.
Como conclusión, nos parece oportuno afirmar por nuestra parte que, aunque la Comisión insista en que la dimensión mundial de la economía circular y las cadenas de suministro son importantes en ámbitos tales como el abastecimiento sostenible, la basura marina, los residuos alimentarios y un mercado cada vez más globalizado para las materias primas secundarias, desconfiamos de esas “formulaciones mágicas”, sean o no circulares; a mayor abundamiento, en este caso ni siquiera se ha explicitado de forma inteligible en qué consiste la economía circular y cómo funcionará (¿o es sólo un eslogan que suena bien y puede atraer nuestra atención?).