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El bienestar de los ganaderos

Vidal Maté

Durante los últimos años, de acuerdo con las exigencias de la normativa comunitaria, sectores como el porcino o la avicultura se vieron obligados a realizar elevadas inversiones en sus instalaciones para adecuar las mismas a las disposiciones sobre bienestar animal en materia de espacios, comederos, bebederos, rincones de ocio…. En la actualidad se puede decir que, además, de una u otra manera, una gran parte de las explotaciones ganaderas se han visto en la necesidad de modificar en alguna medida su sistema de producción por dos razones: una, consecuencia de una mayor demanda de productos con el sello de extensivo o ecológico (Coren, un ejemplo entre muchos, reordenó todas sus granjas tradicionalmente intensivas extensivas; Pascual o Clas, avanzaron a sellos de calidad sobre bienestar animal); otra, por la mayor sensibilidad social favorable a adquirir productos de granjas, “animales felices”, etiquetas con gallinas sonrientes, que no tienen por qué equipararse con animales de granjas con sello de bienestar animal a quienes no les falta de nada, pero que sufren una explotación intensiva y hasta en el caso de la leche, les pinchan… para producir más.

Los animales son el patrimonio de una explotación, por lo que no se entendería que un ganadero actuara contra sus intereses con una mala alimentación o una sanidad deficiente, por lo que se puede decir que, en el caso del vacuno, aunque no tengan el sello, un 90% de las granjas cumplen las exigencias en materia de alimentación, pienso y agua, sanidad o instalaciones.

Es buena la actual corriente de sensibilización contra el maltrato de los animales, desde los dedicados a la producción como a los de compañía. Uno comparte campo con algunos perros que caminaban perdidos por cualquier camino.

Sin embargo, esa mayor sensibilidad social y las mayores exigencia a los ganaderos para tener animales felices en instalaciones de granjas intensivas y, sobre todo extensivas impulsadas desde diferentes grupos ecologistas-animalistas, se deberían complementar con una mayor sensibilidad en esa misma sociedad para apoyar el bienestar de esos pocos miles de ganaderos que van resistiendo en el sector, explotaciones intensivas y, sobre todo las extensivas que van muriendo por falta de rentabilidad y de personal para pastorear. La imagen del pastor envuelto en su tapabocas en un campo vacío al frente del rebaño, que mantienen el territorio y que van camino de convertirse en una especie en extinción por falta también de reconocimiento social, ya es casi pieza de museo.

Las Administración comunitaria y, obviamente la española, han sido las primeras en plantear las nuevas exigencias en materia de bienestar animal. Sin embargo, los apoyos para esa misma actividad no han respondido a esa preocupación, desde unos seguros ganaderos rácanos hasta unos mecanismos de apoyo más generosos para quienes mantienen la actividad de ese territorio,  que viven en el campo más allá de los pagos acoplados o desacoplados o de los apoyos vía desarrollo rural.

No se pueden plantear más exigencias en bienestar animal, cabañas extensivas, producciones ecológicas desde grupos u organizaciones militantes en esa línea, mientras no se hacen los mismos esfuerzos con la sociedad para concienciar que esos productos tienen un precio que no puede caer solamente a las espaldas de los ganaderos.

No se pueden impulsar campañas desde las industrias aireando la calidad de los productos obtenidos bajo los protocolos de bienestar animal, incluso que los mismos se puedan comercializar más caros por tener esa vitola, mientras a los ganaderos se les pagan los mismos precios bajos de siempre y donde se podría destacar la leche en sus diferentes procedencias, vaca, oveja o cabra….

No se pueden apuntar rápidamente a los sistemas de producción con bienestar animal, en una operación de imagen y compromiso medioambientalista o ecológica, grupos de distribución, y en eso Lidl es el primero en coger la bandera, con leche de pastoreo, huevos no de jaula…, pero manteniendo la estrategia de los precios bajos.

Es positiva esta mayor concienciación de la sociedad por sistemas de producción ganadera donde los animales no estén sometidos a producir a destajo día y noche, en condiciones de estrés, en naves abarrotadas, producciones super intensivas sostenidas de forma artificial y cambiar o, al menos, modificar el modelo. Pero, todo ello tienen un coste que debería asumir esa misma sociedad y no el ganadero para que sea una actividad rentable que asegure su permanencia. Porque, si no hay bienestar ganadero, se acelerará el tiempo en que acabemos todos veganos por necesidad.

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08/02/2019

¿Qué hace la Comisión de Agricultura del Congreso?

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

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