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¿Es posible un sistema agroalimentario sin la Biotecnología?

En la sede del Instituto de la Ingeniería de España (IIE), organizada por la Fundación FORO AGRARIO y la FUNDACIÓN ANTAMA, con la colaboración de la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos (ANIA), del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y del mencionado Instituto, se celebró la Jornada bajo el título: “¿QUO VADIS EUROPA? ¿Es posible un sistema agroalimentario que responda a los retos planteados en el siglo XXI sin la Biotecnología?”

El sistema agroalimentario de la UE, como los del resto del mundo, tiene importantes retos que superar, derivados, tanto del previsible incremento de la población mundial y de las nuevas exigencias de los consumidores, como de su necesaria adaptación a los efectos del cambio climático y de su contribución a la mitigación del mismo. Estas circunstancias ponen de relieve la necesidad de contar con cuantas innovaciones tecnológicas, científicamente contrastadas, se encuentren disponibles para superar con éxito estos retos.

Teniendo en cuenta el interés de lo tratado en la Jornada, la Fundación Foro Agrario y la Fundación ANTAMA, basándose en las ponencias y los coloquios subsiguientes de esta Jornada de Trabajo, han elaborado las siguientes:

Primera: Los avances recientes en Biotecnología, en particular, la herrramienta CRISPR, basada en su capacidad para editar con precisión y seguridad el genoma de los seres vivos, ha sido objetivo tecnológico que los científicos han buscado desde hace tres décadas, y que ha sido posible alcanzar gracias al descubrimiento del científico español Francisco Martínez Mojica, trabajando con bacterias arqueas de las salinas de Santa Pola.

Segunda: Esta nueva técnica biotecnológica ofrece posibilidades de mejora para todo tipo de especies vegetales y animales.

Tercera: La secuenciación y análisis del genoma de las plantas es un proceso de técnica asequible y económico y, por lo tanto, imparable. Cada semana, el genoma de decenas de nuevas plantas aparece secuenciado y resulta una nueva fuente de conocimiento y de posibilidades de mejora.

Cuarta: Estando esta gigantesca fuente de conocimiento y trabajo a disposición de los científicos y tecnólogos, lo razonable es utilizar las herramientas que nos permiten la solución de problemas que frenan el desarrollo de los sistemas agroalimentarios en el mundo, y ser más eficientes en el uso y conservación de los recursos naturales y más beneficiosos para el medio ambiente.

Quinta: Los procesos de mejora conseguidos con estas técnicas en cultivos son completamente seguros, pues afectan a genes localizados de función conocida, permaneciendo el resto del genoma igual al existente antes del proceso de mejora. En todo caso, se procede a la eliminación de cualquier forma no deseada de modificación.

Sexta: Al tratarse de técnicas muy fáciles de implementar, en laboratorios con una dotación sencilla en personal e instrumental, permiten el desarrollo de pequeñas y medianas empresas , con el apoyo científico-técnico de los centros de investigación, que están generando conocimiento sobre la materia en todas las partes del mundo, incluso en zonas cercanas al medio rural, fortaleciendo las economías de los espacios rurales, la mejora tecnológica de las explotaciones agrarias, ganaderas y forestales y las pequeñas industrias de transformación existentes en este medio y/o las posibilidades de su creación.

Séptima: Estas nuevas tecnologías permiten el desarrollo de fármacos específicos para el tratamiento de enfermedades originadas por fallos genéticos, hasta que puedan ser corregidos con seguridad por modificación del genoma de los pacientes.

Octava: Otras metas, impensables hasta hace poco, como la generación de plantas de cereal capaces de asimilar el nitrógeno atmosférico, con lo que este hecho supondría para cambiar los sistemas agrícolas en todo el mundo, con las consiguientes ventajas económicas, sociales y ambientales. Esto será posible si se continúa trabajando con las herramientas biotecnológicas disponibles, que incluyen a las de edición genómica, pero que integran un vasto mundo de conocimientos y de técnicas biológicas.

Novena: Teniendo en cuenta las ventajas que se derivarán, para el sistema agroalimentario, para el medio ambiente y para toda la sociedad, se insta a los poderes públicos de la Unión Europea, particularmente al Parlamento Europeo y a la Comisión, y a la Administración Agroalimentaria española, para que, tras su análisis y debate profundos, se adopte un nuevo procedimiento regulatorio, basado en razones científicas, suficientemente comprensibles para los ciudadanos, y siempre con la salvaguarda de garantizar la seguridad de los productos obtenidos. Dicho procedimiento, debe alejarse de las experiencias pasadas -con expedientes cuya resolución se demoran en el tiempo- a fin de que los esfuerzos innovadores sean fructíferos y no se esterilicen por causa de los procesos de autorización, caso a caso.

Décima: En este sentido, la opinión científica internacional, recomienda que las consideraciones políticas deberían centrarse en las perspectivas de las aplicaciones, en lugar del procedimiento de edición del genoma en sí mismo, como una tecnología emergente. Es importante asegurar que la regulación de las solicitudes esté basada en la evidencia y en la proporcionalidad, así como que sea suficientemente flexible para hacer frente a los futuros avances de la ciencia.

Undécima: Para que esta nueva y necesaria regulación sea posible en Europa, es precisa una gran labor previa de difusión del conocimiento científico, de las herramientas biotecnológicas y de la seguridad de su uso en la solución de los problemas que afectan a los ciudadanos: salud, alimentación, conservación de los recursos naturales, cambio climático y bienestar de los animales.

Todo ello haciendo uso del método que Descartes nos ofrecía en su Discurso: subdividiendo los problemas en sus elementos para hacerlos comprensibles y resolubles. De esa forma, será posible que la mayoría de los ciudadanos europeos vuelvan a tener confianza en la ciencia y en los paradigmas que hacen posible su desarrollo. Sólo entonces, la pregunta sobre “¿A dónde vas Europa?”, dejará de tener sentido; al menos, para afrontar estos problemas.

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