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LIFE AgriAdapt: herramientas contra el cambio climático

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Girasol

Lo que se conoce como eventos meteorológicos extremos serán, junto al aumento de las temperaturas y la menor disponibilidad hídrica, uno de los talones de Aquiles de la agricultura. El proyecto LiFE AgriAdapt trabaja para conocer las variables climáticas que afectarán en mayor medida a los diferentes sistemas agrarios o cultivos en función de su localización, según informa la Fundación Global Nature.

“Supondrá un mejor posicionamiento de los agricultores y ganaderos frente al cambio climático, sobre todo, a la hora de tomar decisiones para ser más resilientes”, afirma Vanessa Sánchez, coordinadora de LIFE AgriAdapt.

Durante los últimos meses se han elaborado una serie de estudios de vulnerabilidad al cambio climático de diferentes sistemas agrarios y cultivos a escala de explotación agraria. 

Gracias a estos estudios se desarrollan herramientas en el marco del proyecto LIFE AgriAdapt que permiten establecer el nivel de vulnerabilidad al cambio climático de cada cultivo en cada zona agroclimática y, sobre todo, ayudan en la toma de decisiones a agricultores y ganaderos para la puesta en marcha de una serie de medidas de adaptación al cambio climático con el fin de minimizar los impactos.

El proyecto LIFE AgriAdapt tiene una vida de más de tres años (desde septiembre de 2016 hasta diciembre 2019), pero ya presenta importantes conclusiones. En primer lugar, respecto a los cereales se identifica que son muy vulnerables al cambio climático, no sólo por una decreciente disponibilidad de agua sino también por el esperado aumento de las temperaturas. 

En relación a las oleaginosas, como el girasol, si bien es un cultivo más adaptado a los periodos de sequía y menos vulnerable que los cereales, también se verá afectado por el incremento de temperaturas. 

Tomates

Por su parte, las forrajeras, como la alfalfa, si bien el principal impacto vendrá por un estrés térmico en mayo, intensas precipitaciones en primavera o tras la siembra (en noviembre) podrían afectar también a estos cultivos.

En cuanto a los viñedos se enfrentan a un doble impacto, ya que el cambio climático afectará no sólo al rendimiento, sino a la calidad del producto final. Las altas temperaturas y la sequía conducen a un desacoplamiento de la maduración tecnológica (la cantidad de alcohol) y fenólica (los aromas del vino).

Por su parte, la producción de leche plantea grandes retos como reducir el estrés térmico de los animales en las granjas y que la producción de forrajes y cereales esté lo más diversificada posible para así asegurar riesgos relacionados con cada uno de los cultivos.

Por último, para el caso del tomate de industria cultivado en las Vegas del Guadiana, los años con peores rendimientos son aquellos en los que o bien las temperaturas son especialmente altas con un número de días superior a la media en periodos críticos del cultivo o bien las precipitaciones son superiores a la media en abril y mayo.

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