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Retos de la ganadería en 2016

RM

Me gustaría comenzar la primera tribuna de 2016 deseándoles una feliz entrada de año, esperando que hayan disfrutado de los suyos en estas fiestas y agradeciéndoles que, en nuestros primeros ocho meses de vida, nos hayan acompañado y apoyado. Esta segunda temporada de Euroganadería se presenta ilusionante, con muchas novedades y contenidos, y su fidelidad nos anima a seguir por el mismo camino.

En fin, se ha ido 2015 y con él uno de los peores años ganaderos desde el inicio de la crisis económica global. Los sectores lácteo, cunícola, porcino y ovino, entre otros, pueden dar fe. Sus ganaderos han experimentado retrocesos, estancamientos y, en fin, graves problemas que han provocado, entre otras cosas, que la renta agraria animal se haya reducido un 1,5%.

El caso de la leche, que todavía colea, parece no tener fin. La desaparición de las cuotas provocó un aumento de la oferta europea, que en España se acompañó de la existencia de una industria inmovilista. Galicia fue especialmente golpeada. De hecho, es ahí donde todavía asistimos a actos de protesta de ganaderos frente a grandes distribuidoras y edificios de la administración.

Las ayudas económicas puestas en marcha por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y el imperceptible aumento del precio de la leche de poco han servido, al parecer, pues los precios recibidos por los productores apenas han notado variación. Estaremos muy atentos en estos meses a la evolución de este sector y de los mencionados anteriormente.

Sin embargo, en esta primera tribuna del año me gustaría hacer hincapié en los retos a los que se enfrenta nuestra ganadería a nivel climático.

En sus últimos coletazos, 2015 nos dejó un acuerdo mundial en París para limitar el aumento de la temperatura del planeta. Y es que los líderes internacionales parece que se han quitado la venda de los ojos y se han decidido a actuar contra un problema que se ha hecho más evidente que nunca en estas Navidades, en las que en España hemos experimentado unas temperaturas a las que no estamos acostumbrados por esta época.

Una de las consecuencias del cambio climático es la escasez de agua, bien generalmente deficitario en nuestro país, que preocupa también por su importancia en nuestras producciones ganaderas, puesto que gran parte de ellas son de regadío y, las que son de secano, necesitan de esas pluviometrías históricas de cada zona que mantienen, más o menos rentables, ciertos rendimientos.

Esto no es menos cierto para la ganadería, sobre todo en el porcino, vacuno de carne y vacuno de leche, para los que el agua es todavía más imprescindible. Solamente para producir un kilo de carne de vacuno son necesarios unos 15.000 litros de agua (1.000 litros de agua en el caso de un litro de leche).

Por lo tanto, es necesario tener en cuenta este recurso limitante, aunque no es el único. Hemos de encontrar la manera de reducir las emisiones de nitratos y otros gases de efecto invernadero para que nuestra ganadería siga siendo competitiva al tiempo que respeta la mayor parte de los estándares medioambientales. Estaremos muy atentos a las consecuencias de la aplicación de los acuerdos del COP21.

Por ello, la investigación es clave para optimizar el consumo de agua, tanto en nuestras casas como en la ganadería y en los cultivos de regadío. Hemos de seguir trabajando y potenciando los sistemas de riego más eficientes. Aunque ya somos una potencia mundial en este campo, porque cada gota cuenta y además porque cada gota que se pierde es más que dinero, se trata de nuestro futuro productivo. Es necesario que el gobierno nacional y los autonómicos apuesten decididamente por toda aquella medida que fomente el uso racional de agua para que nuestras explotaciones sean cada vez más eficientes en su uso.

Que pasen una buena semana de Reyes.

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