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Un año de grandes desafíos y la actividad del ministerio a cámara lenta

Jose Manuel de las Heras. Coordinador Estatal de Unión de Uniones

Cuando el segundero de la Puerta del Sol suena y pesa más que nunca, me gusta destacar un par de cosas de por qué habría que recordar el año, el agrario y el de la organización.

Este año, en cambio, es distinto porque todos los sectores han sentido frente a sí la sombra abrupta del coronavirus y cómo, en muchas ocasiones, arrasaba a su paso con vidas, explotaciones, negocios y economías familiares.

Hasta la Navidad. El coronavirus se ha convertido en el Grinch moderno y tiene trabajo todo el año.

Uno piensa a veces que al Ministerio le vino muy bien la pandemia también porque antes de que se encerrase la mayoría de la población en casa, los tractores estaban en la calle reclamando precios justos para el campo y unas normas del juego dignas.

Este 2020 ha supuesto uno de los mayores desafíos que se recuerdan para agricultores y ganaderos, que han tenido que afrontar la crisis que ya sufrían aparejada al coronavirus.

Las negociaciones sobre la PAC futura y su aplicación en España, el amago de una inoperante reforma de la ley de la cadena alimentaria y la asignatura nuevamente pendiente de poner urnas en el campo marcan el año.

De hecho, creo que este año termina exactamente como empezó: con una gran crisis para el sector que se ha visto aún mucho más agravada por la llegada de la COVID-19, cuyas medidas de seguridad ha marcado gran parte del ritmo de los mercados, a pesar de que el Ministerio haya presentado, en su primera estimación, una renta agraria en crecimiento, del 4,3 %, algo que creemos y que ya hemos manifestado que dista mucho de la realidad de los agricultores y ganaderos.

El cierre de la hostelería, los mercados, el aumento de los costes de producción por las restricciones a la hora de organizar el trabajo y la ralentización de la exportación han hecho que muchos sectores que ya estaban en crisis, lo estén aún más. Es el caso del ovino – caprino, castigando zonas de gran tradición como Castilla y León, cuya salida al mercado es precisamente el canal HORECA.

Lo hemos dicho en repetidas ocasiones y es que las ayudas dadas han sido irrisorias, teniendo en consideración la magnitud del problema, llegando solo a 350 € por explotación.

En la misma línea se encuentra el vino que venía con la previsión de una buena campaña que obligaba a redefinir la situación. Si bien España es uno de los principales productores de vino a nivel europeo, destinaba poco más de la mitad que Francia en presupuesto para medidas de mejora, 90 millones frente a 170 millones. Esto es un ejemplo de las prioridades que tiene el Ministerio y que luego siempre quiere mirar de reojo a los países del entorno.

Por si fuera poco, a las complicaciones comerciales y logísticas que ha traído la pandemia se han unido a los aranceles impuestos por la administración Trump y a un veto ruso con el que no se logra acabar.

Y sin embargo sufrimos los efectos de unos acuerdos de libre comercio con países terceros que acaban siendo una competencia tremendamente desleal con nuestras producciones.

Trabajamos con los estándares más altos en seguridad alimentaria, salud, responsabilidad ambiental y bienestar animal, se nos sigue exigiendo cada vez más destinando menos dinero a la Agricultura. O sea, nos piden que vayamos derechos y nos ponen palos en las ruedas.

Lo mismo, o parecido, se puede decir de la PAC. Si bien la reducción, según Planas, no se va a a trasladar a nivel estatal en términos corrientes, el presupuesto sigue siendo insuficiente debiendo atender a tantos compromisos en materia medioambiental circunscritos al Pacto Verde y estrategias estatales que se articulan a partir del mismo.

Creo que ha sido para nosotros un año de intenso trabajo en el Plan Estratégico de la PAC. Valoramos positivamente la inclinación por parte del Ministerio a vincular las ayudas a un modelo profesional de agricultor genuino y aplicar mecanismos de redistribución de los pagos directos, pero habrá que estar pendiente y ver en qué queda.

No es la primera vez que las cosas luego no son lo que parecen, como ha ocurrido con la gestión de la revisión de la Ley de la Cadena Alimentaria, que levantó muchas expectativas con la referencia del precio a los costes de producción, pero que no se ha notado en nada en las explotaciones.

De hecho hubiéramos querido que el ministro se llenase de valentía y hubiese definido por fin la posición de dominio en la cadena y adelantar la trasposición de las prácticas desleales reguladas a nivel europeo para que se afrontase el problema de raíz. No ha sido así.

Si tuviéramos que darle una nota a Planas, no llegaría al 5. Habla más que hace y eso no sirve. Al menos, a nosotros, y supongo que tampoco a los agricultores y ganaderos. Ha incumplido sus anuncios, hasta en sede parlamentaria, de un sistema de determinación de la representatividad de las OPAs acorde al paisaje real del sector. Y mientras sea el Ministerio quien decida con quién negocia y no los agricultores y ganaderos, muchas cosas se quedarán sin arreglar.  

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