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Agricultura ecológica: el mercado dictará sentencia

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Como publicamos, el pasado 25 de marzo la Comisión Europea presentó su Plan de Acción para el Desarrollo de la Producción Ecológico, cuyo objetivo central es alcanzar un 25% de la superficie dedicada a este tipo de prácticas agrícolas de aquí a 2030, frente al 8,5% actual, tal y como se refleja en la Estrategia “De la granja a la mesa” en el marco del Pacto Verde Europeo.

La primera conclusión es que mucho tendrá que correr la Unión Europea a 27 para llegar a ese porcentaje sobre la Superficie Agrícola Útil (SAU), aunque finalmente, quizás, lo que importe es que la tendencia sea claramente ascendente. Las actuales apuntan a que se llegará, como mucho, al 18% en 2030, aunque la CE confía en el “efecto llamada” de la demanda interna de consumo y en una futura PAC, que será clave para apoyar la reconversión de una parte de la agricultura convencional a ecológica.

Actualmente, la PAC destina un 1,8% de su presupuesto (alrededor de 7.500 millones de euros) a apoyar la agricultura ecológica y los nuevos sistemas medioambientales (no del todo ecológicos, como los eco-esquemas, la condicionalidad reforzada o las medidas agroambientales) de la futura Política Agraria Común podrían elevar los fondos comunitarios en una horquilla que va de los 38.000 a los 58.000 millones de euros en el periodo 2023-2027, en función de cómo terminen las negociaciones actuales.

También se considera posible que otras medidas de tipo trasversal puedan poner de su parte para acercar el objetivo pretendido por la CE, como la información y la creación de redes de intercambio de mejores prácticas agrarias; la certificación colectiva de organizaciones de productores; la investigación y la innovación enfocadas con este fin, o el uso de las nuevas tecnologías para mejorar la trazabilidad que, por ejemplo, favorezcan el desarrollo de las cadenas cortas de transformación y de distribución de productos locales biológicos.

No es baladí que el primer y preferente eje del Plan sea la promoción del consumo de productos ecológicos. Si no hay demanda interna, a lo más que puede aspirar un incremento de la producción es a exportar. De ahí que la promoción sea el eje principal en que se basa este plan de acción, por delante del aumento de la producción y de la mejora de la sostenibilidad del sector de la agricultura y la ganadería ecológicas.

Según el último informe de Ecovalia, con datos de FIBL&IFOAM, el valor del mercado ecológico en Europa asciende a algo más de 45.000 millones de euros. De este, un 60% del total se concentra en Alemania (31% y casi 12.000 millones) y Francia (29% y 11.300 millones), mientras que el 40% restante se reparte entre otros países, como Italia (9% y 3.625 millones); Suiza (8% y 2.912 millones); Reino Unido (7% y 2.679 millones); Suecia (6% y 2.144 millones); España (5% y2.133 millones); Dinamarca (5% y 1.983 millones), etcétera.

Europa concentraría un 42,5% del valor del mercado ecológico mundial, que ascendería  a 106.000 millones de euros, con un aumento del 9,3% en 2019, con Estados Unidos claramente a la cabeza, con un 42% del total por importe de 44.721 millones de euros, y China en el cuarto puesto, con un 9% y más de 8.500 millones de euros.

La tendencia mundial de la demanda de consumo de alimentos ecológicos o biológicos sigue siendo creciente y es lo que la CE quiere aprovechar para dar un impulso mayor a su consumo, principalmente en países donde el mismo es aún bastante discreto, como es el caso de España, debido a  ponderables como la relación calidad-precio o la rentabilidad productiva (coste de producción y precio de venta), que lleva también a una escasez de oferta en algunos productos, así como la escasa diferencia cualitativa en relación a la producción convencional.

Ejes y acciones

La CE contempla 23 acciones, que se reparten entre estos tres ejes principales. Aunque el Plan de Acción lo presenta Bruselas, lo que hace la CE es animar a los Estados miembros a incluyan medios y medidas de actuación en sus futuros planes estratégicos de la PAC para incrementar su porcentaje de agricultura ecológica sobre su SAU total. Esto es lo que el Ministerio de Agricultura ha planteado ya en su “hoja de ruta” sobre el aceite de oliva, en el que se pretende al menos triplicar la superficie de cultivo con prácticas ecológicas, lo que afectaría principalmente al olivar tradicional o de montaña, con bajos rendimientos, con el fin de aumentar su valor añadido de venta.

En el prime eje del Plan de Acción, la Comisión propone varias medidas concretas para impulsar la demanda, mantener la confianza de los consumidores y acercar los alimentos ecológicos a los ciudadanos. Entre ellas está informar y comunicar sobre las ventajas de la producción ecológica; estimular un mayor uso de la agricultura ecológica en los comedores públicos, a través de la contratación pública; aumentar la distribución de productos ecológicos en el marco del programa escolar de la Unión Europea, así como ampliar el análisis de los Observatorios  de los mercados de la UE a los productos obtenidos de la agricultura ecológica.

Junto a éstas, se persigue también perseguir el fraude en este tipo de alimentos, aumentar la confianza de los  consumidores y mejorar la trazabilidad de los productos ecológicos. Basándose en este plan, la CE ha incrementado ya de forma considerable en su programa de promoción agroalimentaria para 2021 los fondos destinados a apoyar la difusión de la agricultura ecológica,  pasando a representar ya un 18% de los 183 millones de euros presupuestados.

Ese incremento, sin duda, es positivo, pero lo malo es que la CE lo ha hecho sin aumentar la ficha financiera global, siendo ya objeto de críticas por parte de otros sectores productivos, que temen, por un lado, ver reducido su apoyo público a la promoción de sus alimentos de calidad y, por otro, que esto dé pie a atraer mayores importaciones al mercado comunitario de productos ecológicos de terceros países (más difíciles de evaluar sobre si son o no verdaderos y sobre si cumplen o no con las exigentes normas de producción y transformación), si se eleva la demanda insatisfecha de los consumidores ante una oferta interna de la Unión Europea claramente insuficiente.

En su tercer eje, la CE pretende ligar lo más posible la sostenibilidad con la agricultura ecológica, que es de por sí ya sostenible o debiera serlo. Medidas como la mejora del bienestar de los animales; una mayor protección y disponibilidad de semillas ecológicas (que es ahora mismo uno de los grandes hándicaps); la necesidad de reducir la huella energética de carbono o la huella “hídrica” del sector; la reducción del uso de plásticos contaminantes…, etc., son centrales también para impulsar la sostenibilidad de la agricultura y la ganadería y acercarle hacia prácticas ecológicas.

La I+D+i  jugará también un papel importante. Tal es así que la Comisión Europea pretende que se destine al menos un 30% del presupuesto asignado a este capítulo en el ámbito de la agricultura, la silvicultura y las zonas rurales dentro del Programa Horizonte Europa, precisamente, a acciones que tengan que ver con las prácticas de agricultura ecológica, con una reserva de fondos para desarrollar recursos genéticos e insumos escasos o insuficientes en los ámbitos de los fitosanitarios, abonos, semillas, piensos, vitaminas…etc.,, que se adapten con precios asequibles a la producción biológica.

Con datos

En el mundo, con datos de 2019, había cerca de 72,3 millones de hectáreas dedicadas a la producción ecológica, un 1,6% más que un año antes. Por continentes, Oceanía (36 millones, un 50% del total mundial); Europa (16,5 millones, un 23%); América del Sur (8,3 millones, 12%); Asia (5,9 millones, 8%), Norteamérica (3,6 millones, 5%), y África (2 millones, 3%).

El país con más superficie es Australia (35,7 millones de hectáreas), seguido de Argentina (3,7 millones) y España (2,35 millones), aunque el país con mayor crecimiento en India (+361.00 ha en 2019), seguido de EE.UU. (295.273 ha), Francia (205.746 ha), Bolivia (205.746 ha); Ucrania (158.880 ha), y España (108.441 ha).

Nuestro país, gracias a sus prados y pastos permanentes, cultivos herbáceos extensivos y cultivos leñosos, como olivar, viñedo o almendro u otros frutales, es el de mayor superficie ecológica de Europa, con casi 2.355.000 hectáreas, seguido de Francia (2,24 millones) e Italia (que roza los 2 millones). Dentro de España, que ha incrementado su superficie ecológica un 37,7% y su número de operadores un 40,5% en el último lustro, Andalucía tiene 1,065 millones de hectáreas (45,2% del total); Castilla-La Mancha, 413.254 ha (17,6%) y Cataluña, 229.608 ha (9,7%).

La superficie de agricultura ecológica ocupa un 10,24% de la SAU de España, frente al objetivo de Bruselas de alcanzar un 25% en 2030. Es decir, nuestro país necesitaría, como apunta Ecovalia, unos 4 millones de hectáreas más en producción ecológica en la década actual.

Como ocurre en los distintos países de la UE respecto a la producción y consumo ecológicos, la relación SAU/superficie ecológica es por CC.AA. bastante heterogénea, aunque lo que importaría es el país en conjunto. Cataluña, por ejemplo contaría ya con un 22% del total, con lo que le bastaría aumentar 3 puntos en esta década para lograr ese objetivo. Cerca estarían también otras como Andalucía (21% de ecológica sobre SAU total); Comunidad Foral de Navarra (20%); Islas Balears (19%), Región de Murcia (18%) y Comunidad Valenciana (17%).

En cambio, otras estarían aún por debajo de la media nacional y tendrían que hacer un mayor esfuerzo: Castilla-La Mancha (10%); Islas Canarias y Galicia (4% de su SAU total, respectivamente); Aragón, Asturias, Extremadura, Comunidad de Madrid y País Vasco, con un 3% de su SAU total, respectivamente); La Rioja (2%) y Cantabria y Castilla y León (1%, respectivamente).

En la UE, Austria sería el único país que cumpliría ya con el 25% de superficie ecológica sobre SAU total, con un 25,3% del total de su Superficie Agraria Útil, y cerca estarían de hacerlo otros como Estonia (22,3%) o Suecia (20,4%), quedando algo más lejos República Checa (15,2%), Letonia (14,8%),Italia (15,2%), Finlandia (13,5%), Dinamarca (10,%), Eslovenia (10,3%) o Eslovaquia (10,3%) o Grecia (10,3%).  

Gasto y previsión

De sobra es conocido que gran parte de la producción ecológica española se destina a abastecer la demanda de los mercados del exterior, sobre todo del Centro y Norte de Europa (Francia, Alemania y los países escandinavos), aunque no hay cifras del todo fidedignas.

Se estima que nuestro país consume alimentos ecológicos por valor de unos 2.300 millones de euros, pero se desconoce cuántos de éstos son importados y cuando producidos aquí, con un crecimiento año tras año (+17% en el último año), estando en el Top 10 mundial en términos de volumen de mercado interior. Su gasto “per capita” es, sin embargo, aún muy bajo, aunque no de los más bajos de la UE, estimándose en torno a 50 € de media por persona y año, bastante lejos de los 344 euros de media que, por ejemplo, gasta un consumidor danés.

Se cumplan o no los objetivos esperados por la Comisión Europea para 2030, será el mercado el que, al final, dicte sentencia. Tanto desde el punto de vista de la oferta, como de la demanda. Si llevar a cabo ciertas prácticas ecológicas en agricultura y ganadería no sale a cuenta a los productores, ni tan siquiera con la inyección de fondos públicos, éstas no aumentarán tanto como la CE pretende.

Si los consumidores no ven oferta suficiente y variada de alimentos y bebidas, a precios razonables y asequibles para completar su cesta de la compra con productos ecológicos, la demanda no tirará como sería deseable o, si lo hace, lo hará a través de productos biológicos de importación que llegarán, esos sí, al mercado, a PVP razonables y asequibles, debido a unos costes de producción y transformación muy inferiores a los de la Unión Europea. Entonces, si así fuere, como dicen en los pueblos, habremos “hecho el pan como unas tortas”.

Habrá que confiar, como señaló la Asociación para el Desarrollo de la Agricultura Ecológica (IFOAM), en que el Plan de Acción de la UE esté bien enfocado a equilibrar el aumento de la producción y de la demanda (de productos ecológicos), puesto que “proporciona a los Estados miembros las herramientas para explotar plenamente el potencial de la agricultura ecológica.” Con el añadido de que “es hora de recompensar correctamente a los agricultores ecológicos, así como a los agricultores convencionales en transición (hacia ese tipo de prácticas), por las ventajas que aportan a la Naturaleza y a la sociedad, y de financiar correctamente los sistemas de asesoramiento agrícola dirigidos a este fin".

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