Euroganadería
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Autorregularse, autodefenderse

Vidal Maté

No nos integramos en una cooperativa o en una organización de productores porque alguien  nos advirtió que “sabía de uno que se lo llevó crudo”. Porque pagan tarde. Porque creemos no aportan nada. O simplemente porque uno es muy suyo.

No nos afiliamos a una organización agraria y pagamos una cuota discreta porque “son los de siempre” y “no sirven para nada”; aunque siempre están ahí para atender las urgencias de un tema jurídico, con una ayuda que no llega o acceder a una información.  

Nos cuesta admitir que una cooperativa tiene mejores resultados para los socios y ponemos por delante la situación de la que cerró. Hacemos los seguros y las hojas de la PAC en las entidades financieras. Abonamos las tierras sin un análisis de las mismas, sin valorar sus necesidades, sin utilizar los servicios públicos o la oferta de Fertiberia de analizar gratis una muestra de tierra, aunque solo fuera para saber si esa oferta es real o es simplemente una campaña de imagen falsa de servicio al agricultor, y criticamos el alto gasto en fertilizantes.

Vendemos el cereal desde la era o desde la propia tierra, la fruta desde el árbol, sin precio a los operadores a quienes compramos también, en muchos casos los abonos sin precio, lo que supone dejar en manos de los mismos el valor y la renta de nuestro trabajo, y a quienes luego criticamos.

Somos reacios a unirnos para la venta de lo nuestro a la compra de medios de producción.

Denunciamos a los grandes grupos de la distribución y a las industrias de tirar e imponer los precios en origen y nos lavamos las manos de nuestras responsabilidades.

Comercializamos por libre e incluso, en ocasiones, competimos entre nosotros, a la vista de los operadores.

Nos cuesta reconocer que gracias a la investigación, la innovación  y el desarrollo, disponemos de semillas con capacidad para producir más en las condiciones climatológicas más duras.  

Compramos maquinaria sin tener en cuenta las necesidades reales de cada explotación y denunciamos su coste elevado; que lo es. Tenemos la querencia a pensar que las culpas de lo que nos pasa vienen siempre de arriba, si se trata de la Administración o del otro de al lado.

Vemos cómo todo lo que nos rodea se organiza para ser más fuertes frente a nuestros intereses y seguimos por libre.

Dedicamos menos tiempo del necesario para analizar el comportamiento de los mercados antes de comercializar un producto.

Denunciamos más en las barras de los bares o mesas de café, que en la AICA.  

Preferimos la rapidez de los operadores de los Mercas a organizar nuestras ventas muy condicionadas por tratarse de productos frescos perecederos.  

Nos cuesta admitir que, al margen de las actuaciones o abandonos de las Administraciones  tenemos también una responsabilidad en lo que sucede en los mercados.

Denunciamos y con razón el desmantelamiento de los mecanismos para la regulación de los mercados en la UE, pero nos cuesta montar nuevas estructuras en base a las propias disposiciones comunitarias.

Además de todo eso, hay un sector agrario que invierte, innova, abre mercados, rentabiliza el valor de su trabajo, de sus inversiones, que opera con una agricultura sostenible, que se dice ahora, moderna y competitiva. Y, por el momento, hay ya dos sectores, vino y aceite, que, a impulso de Agricultura, haciendo uso de las disposiciones comunitarias, vía interprofesionales con OPAS, cooperativas y la industria, intentan poner la primera piedra a nuevos mecanismos de autorregulación para ajustar la oferta a la demanda y defender los mercados con almacenamientos, asumiendo sus propias responsabilidades financieras.

Este es el sector que estábamos  esperando. Un paso al frente importante para, si llega a buen puerto, poner una fecha para el recuerdo. Con anterioridad, en las últimas décadas, la autorregulación la habían hecho los pocos productores de pollos, hasta que llegó el hachazo de Competencia-Boyer y las amenazas de Consumo por los efectos de la subida sobre el lPC.  

Tampoco salieron adelante otros intentos con competencia enfrente. Pero esto es otra cosa. Son los dos primeros sectores con cientos de miles de  productores que abogan por la autorregulación como autodefensa frente a las estrategias de unos pocos que mandan en la cadena hacia adelante y donde comparten recorrido, cada uno según su poder, industria y distribución. Un cambio de paso en el sector agrario.

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