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Brexit efectivo, los datos reales del desastre

Desde este 1 de febrero y 47 años después, Reino Unido es ya un país tercero, europeo, pero fuera de la órbita de la Unión Europea. Se abre ahora un periodo transitorio que, en principio, llega hasta el próximo 31 de diciembre, en el cual este país seguirá aplicando la legislación comunitaria, pero dejará de estar representado y no participará en la toma de decisiones de las instituciones de la UE.

Son 11 meses en los que el Gobierno de Boris Johnson y la UE deberán negociar su futura asociación en todos los aspectos y niveles (jurídicos, comerciales, derechos de los ciudadanos, competencia, empresas, servicios…etc.). Un periodo de tiempo para negociar el acuerdo de asociación, que se antoja bastante escaso y que, no obstante, podrá prorrogarse por solo una vez más, si así lo acuerdan las partes, antes del 1 de julio y por un máximo de uno o dos años.

Como bien apuntó la presidenta de los Socialdemócratas del Parlamento Europeo, Iratxe García, todo esto es el resultado final y la consecuencia del “referéndum del Brexit, que inauguró la era de las noticias falsas (“fake news”) en un contexto de descontento general de la población, tras años de austeridad.” Por eso, denunció a “los responsables políticos de una campaña populista y desinformada” (que inclinó esa consulta a favor del Brexit, pero “dejando la puerta abierta a que la isla regrese.”.

Ahora, lo más inmediato, es que el 25 de febrero el Consejo de la UE debe aprobar formalmente el mandato de negociación para la Comisión Europea, para que la misma se inicie entre esta institución comunitaria y el Reino Unido el 3 de marzo.

Durante este periodo transitorio nada cambia a efectos prácticos. La UE tratará al Reino Unido como si fuese un Estado miembro, aplicándole el Derecho de la Unión y manteniéndose las actuales relaciones comerciales. Solo cambia lo que se refiere a su participación en las instituciones y en las estructuras de gobernanza de la UE.

Sin embargo, se corre el riesgo, como ya han advertido diversas fuentes, de que se acabe el plazo del 31 de diciembre, estipulado legalmente por Reino Unido, sin haber solicitado una prórroga y sin haber cerrado el nuevo acuerdo de asociación, debido al poco tiempo disponible para negociar.

Por el momento, el Gobierno británico mantiene ese plazo, tras haber rechazado permanecer en el mercado interior de la UE el tiempo que durasen las negociaciones, lo que hubiese facilitado las cosas.

Su primer ministro, Boris Johnson, trasladó a la UE su intención de lograr un acuerdo comercial sin contingentes o cuotas y sin tasas arancelarias, con plena libertad para establecer su propia legislación comercial, alejándose del acervo comunitario. Esta visión podría dar lugar a un foco de enfrentamiento entre ambas partes, con divergencias normativas en ámbitos como la sanidad, la calidad o el medio ambiente, incluso llegando al establecimiento de controles aduaneros, lo que afectaría, sin duda, a la corriente comercial actual de productos agroalimentarios de nuestro país y del resto de la UE, y viceversa.

Y ahora qué

El Acuerdo de Retirada prevé que las mercancías, también las agroalimentarias, introducidas legalmente en el mercado de la UE o del Reino Unido antes del final del periodo transitorio, pueden seguir circulando libremente dentro de estos dos mercados y entre ellos hasta que lleguen a sus usuarios finales, sin necesidad de modificar o reetiquetar los productos, estando sujetas a una supervisión continua por parte de las autoridades de vigilancia del mercado de ambas partes.

Con carácter excepcional, la circulación de animales vivos y de productos de origen animal entre el mercado de la UE el del Reino Unido estará sujeta, una vez finalice el periodo transitorio, a las normas aplicables sobre importaciones y controles sanitarios fronterizos de cada una de las partes, con independencia de que los animales se introdujeran en el mercado antes de terminar el periodo transitorio.

Esta excepción se debe a los elevados riesgos sanitarios que conllevan tales productos y a la necesidad de aplicar controles veterinarios eficaces cuando ese tipo de productos y animales vivos entren en el mercado de la Unión o en el del Reino Unido. Estos, junto a los alimentos derivados de animales, deberán cumplir con las normas de la UE o del Reino Unido sobre las importaciones procedentes de países terceros.

Por otro lado, en el ámbito de la propiedad intelectual, la retirada del Reino Unido de la UE no dará lugar a la pérdida de derechos jurídicos y más de 3.000 indicaciones geográficas comunitarias (DOP, IGP y ETG), así como las menciones tradicionales de los vinos continuarán estando protegidas como hasta ahora, y viceversa, en su caso, las Indicaciones Geográficas (IGs) con un nombre de origen británico en la Unión Europea.

El Reino Unido deberá garantizar a través de su propia legislación el mismo nivel de protección que el existente en la actualidad, por lo que nada cambiará en este periodo transitorio y solo lo hará posteriormente si ambas partes celebran un nuevo acuerdo aplicable a las IGs en el contexto de la futura relación.

El periodo transitorio se deberá aprovechar para tratar de resolver todas las incógnitas que se suscitarán en el intercambio de bienes agroalimentarios entre las dos partes. Incluso aunque finalmente se alcance un acuerdo comercial, que incluya cero aranceles a las mercancías y cooperación en materia aduanera para facilitar el comercio, la UE y el Reino Unido serán mercados separados y no habrá, por tanto, libre circulación de mercancías una vez concluya dicho periodo transitorio.

Por ejemplo, deberán resolverse entre ambas partes cuestiones como la posibilidad de que se puedan aplicar cláusulas de salvaguardia en caso de importaciones que se consideren excesivas. O la adaptación y el cumplimiento de las exigencias europeas en materia sanitaria y fitosanitaria para las mercancías animales y vegetales, así como de productos derivados, que se comercialicen desde el Reino Unido, como país tercero, para acceder al mercado comunitario.

Otro puntos que podrían ser objeto de controversia en esta negociación son, por ejemplo, el reparto de los contingentes de exportación previstos en los acuerdos de libre comercio entre la UE y otros países terceros, como Canadá, Japón o el bloque de Mercosur, así como sobre el etiquetado de origen de productos agroalimentarios transformados o de platos preparados a partir de materias primas procedentes de países terceros o, yendo más allá, sobre los acuerdos que en materia de libre comercio agrario pueda alcanzar Reino Unido con países terceros, lo que podría repercutir, no de forma positiva, en la actual corriente comercial entre ese país y la Unión Europea.

En el terreno de la pesca, durante el periodo transitorio, Reino Unido seguirá vinculado a la política pesquera común de la UE (lo mismo que a la PAC), así como a los acuerdos internacionales pertinentes. No obstante, será uno de los capítulos de negociación más controvertidos, debido a la actual presencia de barcos españoles en los caladeros de aguas británicas, que generan unos 10.000 empleos indirectos, y cuyo acceso deberá negociarse.

Al respecto, los responsables españoles condicionarán el acceso sin aranceles a los productos pesqueros a que el Reino Unido permita que los pescaderos españoles puedan seguir faenando en sus aguas.

Saldo comercial favorable

Reino Unido es uno de los destinos más importantes de las exportaciones agroalimentarias españolas. Nuestro país ocupa el quinto lugar de la UE en el comercio exportador, con un valor de 3.917,2 millones de euros en 2018 (último año cerrado), con una cuota del 10%, solo por detrás de Países Bajos (7.186,1 M€); Francia (5.208 M€); Irlanda (5.082,9 M€) y Alemania (4.487 M€) y por delante de Italia (3.341,3 M€).

A su vez, somos también el 5º importador de la UE de mercancías agroalimentarias británicas, por importe de 1.153,6 M€ en 2018, con una cuota del 6,8% del total, solo por detrás de Irlanda (4.749,3 M€); Francia (2.799,5 m€); Países Bajos (1.973,5 M€), y Alemania (1.546 M€).

El saldo comercial agroalimentario  (relación entre export-import) es, por tanto, muy favorable a nuestro país, alcanzando un importe de casi 2.764 millones de euros en 2018.

Las frutas y hortalizas representan el 50,6% del valor y el 57,7% del volumen de las exportaciones agroalimentarias al Reino Unido, situando a España como el principal exportador comunitario en este sector, con una cuota del 36% en volumen en el hortícola, y del 47% en el frutícola, por delante de Países Bajos, que representa el 32% en hortícolas y el 18% en frutas. Ambos orígenes supusieron el 70% del total de los envíos de frutas y hortalizas al Reino Unido.

Hasta noviembre de 2019, según los últimos datos actualizadas por el Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales de la Agencia Tributaria, nuestro país exportó frutas y hortalizas frescas por un volumen de 1,3 millones de toneladas, un 5% más que en los once primeros meses del año anterior, con un valor de 1.589 M€, un 1% menos.

La estimación de FEPEX es que el ejercicio de 2019 haya concluido con 1,5 millones de toneladas de exportación hortofrutícola hacia Reino Unido, con un valor estimado superior a los 1.700 millones de euros.

Las importaciones hortofrutícolas de Reino Unido, procedentes de todo el mundo, se elevaron en 2018 a 5,7 millones de toneladas, de las cuales España, como primer proveedor, libró 1,3 millones hacia ese mercado, un 22,8% del total, según Eurostat.

En frutas, las exportaciones españolas hacia el mercado británico representaron un 12,4% del valor total mundial por importe de 1.058,4 M€, y un 9,3% del volumen total mundial, con 698.400 toneladas. En hortalizas, supusieron un 14,9% en valor, por importe de 911,1 M€, y un 14,9% en volumen, con 927.000 toneladas.

Los productos agroalimentarios españoles más exportados hacia el mercado británico fueron en 2018 los frutos rojos, kiwi y caqui (311,92 M€ y 74.831 t, con una cuota del 8% del total, seguido por el vino y el mosto (311,28 M€ y 135.220 t), otro 8% de cuota; cítricos (288,49 M€ y 288.500 t (7% de cuota); hortalizas frescas o refrigeradas, incluidas aceitunas (230,86 M€ y 206.090 t (6%); aceite de oliva (163,09 M€ y 49.448 t, un 4%); coles y coliflores ( 143,55 M€ y 126.044 t, cuota 4%); uvas y pasas (136,21 M€ y 64.844 t) y 3% de cuota); tomates (121,53  M€ Y 112.025 t), y un 3% de cuota; albaricoques, cerezas y ciruelas (121,48 M€ y 84.753 t) con un 3% del total, y lechugas y achicorias (120,17 M€ y 129.548 t), un 3% del total, etcétera.

En cuanto a los que llegaron de Reino Unido al mercado español, los más importantes en 2018 fueron las bebidas espirituosas (234,59 M€ y 49.177 t), con una cuota del 21% del total importado de ese país, seguido ya lejos del pescado fresco y refrigerado (71,61 M€ y 14.127 t), un 6% de cuota, al igual que los crustáceos (71,11 M€ facturados y 7.920 t), con una cuota del 6% también ; las preparaciones alimenticias (64,48 M€ y22.945 t), un 6% de cuota; el azúcar (54,12 M€ y 159.708 t), con una cuota del 5%; los quesos (34,44 M€ y 10.950 t), con un 3%; productos a base de cereales (30,93 M€ y 14.007 t y un 3% de cuota; moluscos (30,34 M€ y 4.559 t; patatas (29,16 M€ y 66.077 t), con una cuota del 3%, y carne de ave (28,83 M€ y 18.392 t;  y 3% de cuota, etc.

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