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Calor y producción de leche

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El calurosísimo verano que hemos padecido este año, y que aún no termina de irse, nos invita a incidir nuevamente en la necesidad de adecuar el manejo, la alimentación y las instalaciones de vacuno lechero para, al menos, limitar los negativos efectos que tienen las altas temperaturas en las vacas. Efectos sobre la reproducción, sobre la fisiología y sobre la producción de leche. En definitiva, sobre los resultados económicos de la explotación, ya suficientemente castigados por la ¿coyuntura? actual de precios.

El ganadero debe considerar, en primer término, que la sensibilidad al calor de las vacas aparece mucho antes que en él mismo, por lo que la primera estrategia a adoptar será una observación atenta, pausada y meticulosa de los animales con el fin de detectar en ellos sus respuestas adaptativas al incremento de la temperatura, y que inducen a pensar que están en el umbral de una situación de estrés calórico.

Las medidas a adoptar para reducir el estrés por calor son bien simples desde un punto de vista teórico, si bien habrá que considerar el coste de su implementación:

1. Disminuir las ganancias de calor

a. Reduciendo la transmisión de calor del ambiente hacia el animal tratando de limitar la radiación directa e indirecta que recibe, lo que en la práctica equivale a:

I. Orientar adecuadamente las naves para evitar la incidencia directa de la radiación solar

II. Proporcionar sombra, diseñando adecuadamente las estructuras de sombreo.

III. Aislar la cubierta para limitar la radiación indirecta

b. Reduciendo la producción de calor metabólico. El menor consumo de las vacas en situación de estrés calórico obliga a reformular las raciones buscando una mayor concentración de nutrientes con los que evitar la caída de producción, estimular el consumo en la medida de lo posible y, en algunos casos, restablecer el equilibrio homeostático perdido. En los últimos años se ha propuesto el término de dieta fría para denominar aquella ración que proporciona una importante cantidad de nutrientes para la síntesis y disminuye el incremento de calor generado durante la fermentación y el metabolismo. Sus características más importantes son:

I. Mayor densidad energética

II. Fibra más digestible

III. Fibra efectiva

IV. Menor degradabilidad ruminal de las proteínas

V. Mayor contenido de nutrientes by-pass

VI. Altos niveles de N+ y de K+

2. Aumentar las pérdidas de calor, incrementando su transmisión desde la vaca hacia el ambiente. Para ellos deben utilizarse sistemas de refrigeración, los cuales pueden clasificarse en dos grandes grupos:

a. Indirectos, donde lo que se refrigera es el aire

b. Directos, cuando se refrigera el animal.

En definitiva, estamos hablando de aprovechar la capacidad del agua para absorber calor (600 cal/g), bien del aire, bien del animal, cuando cambia de estado, de líquido a gaseoso (refrigeración evaporativa). Esta evaporación depende de dos factores fundamentales:

De la humedad del aire. Cuanto menor sea la humedad, más vapor de agua puede absorber, más agua se puede evaporar y más bajará la temperatura del aire o de la vaca.

De la velocidad del aire. Cuanto más se renueve el aire que rodea el animal (más velocidad), más calor va a poder transferir el animal al aire.

Por ello, para que un sistema de refrigeración sea eficiente y consiga su objetivo es preciso contar con una adecuada ventilación del alojamiento, incluso aunque se trate de simples estructuras sombreadoras.

Resumiendo, un sistema de mitigación del calor debe proporcionar cuatro elementos básicos:

1. Sombra

2. Intercambio de aire (ventilación)

3. Maximizar la pérdida de calor por convección (velocidad del aire)

4. Eliminar calor por evaporación (refrigeración evaporativa)

Si se asume que la estructura de la nave proporciona una sombra adecuada, entonces el proceso de selección del sistema para evitar el estrés calórico se resume en tres pasos:

a) Selección del sistema de ventilación

b) Selección del sistema para aumentar la velocidad del aire

c) Selección del sistema de refrigeración evaporativa.

En la elección de estos sistemas también debe tener un peso importante la inversión y el coste de su funcionamiento.

Lo fundamental es que la ventilación sea correcta. No puede considerarse ningún sistema de refrigeración por convección o evaporación si no se satisfacen las necesidades de ventilación del alojamiento. Cuando las naves no ventilan bien de forma natural o cuando la temperatura es alta, será necesario aumentar la velocidad del aire, por lo que habrá que disponer de sistemas de ventilación mecánica. Para ello, disponemos de diversos sistemas, como la ventilación tipo túnel, aunque en las condiciones climáticas de nuestro país es más aconsejable instalar ventiladores axiales, colocados a una altura de 2,2-2,4 m y a una distancia entre ellos de 10 veces el diámetro de dichos ventiladores. Normalmente se instalan sobre los cubículos y sobre los comederos.

En zonas de veranos calurosos como es el caso de nuestro país, los sistemas de ventilación forzada no son suficientes y es preciso incorporar la refrigeración evaporativa. Esta puede ser indirecta, donde lo que se refrigera es el aire que va a respirar el animal, si bien este sistema presenta ciertos inconvenientes de funcionamiento y de coste. Por ello, lo más habitual es instalar sistemas de refrigeración evaporativa directa, donde se moja a las vacas mientras están en la línea de comederos o en el corral de espera al ordeño con boquillas o rociadores de baja presión, alto volumen y gotas gruesas. Para aumentar la capacidad de evaporación, este rociado de los animales se combina con una ventilación forzada generada por ventiladores, generalmente de tipo axial.

Finalmente, no debemos olvidar la enorme importancia del agua de bebida, tanto en calidad como en cantidad, en el control del estrés calórico. No debe haber ningún impedimento para que las vacas puedan beber toda el agua que precisen en el momento que lo deseen.

Para más y más completa información sobre el tema se puede consultar el libro de reciente publicación “El confort del ganado lechero en épocas de calor. Manejo del estrés térmico”, editado por la Editorial Agrícola y el Ministerio de Agricultura.

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