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Covid-19: aumenta la confianza ciudadana en el sector agroalimentario

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

En medio de esta crisis pandémica que nos asola, noticias como que la confianza en el sector agroalimentario se ha fortalecido y aumentado a lo largo del pasado 2020 por parte de los consumidores europeos, son algo que infunde ánimo a los que nos dedicamos día a día y de una u otra forma a llevar las riendas informativas del mismo.

No se trata de un estudio más de cualquier consultora privada en busca de clientes, sino de uno llevado a cabo por un consorcio de socios académicos panaeuropeos (las Universidades de Reading, de Aarhus, de KU Leuven y de Varsovia, así como por el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación, EUIFIC), con cerca de 20.000 consumidores de 18 países europeos, entre ellos España, y EIT Food, la principal iniciativa por la innovación en el sector alimentario, una de las ocho que es apoyada por el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT), y está compuesta por un consorcio europeo de principales actores del sector, nuevas empresas, centros de investigación y universidades de toda Europa.

Un estudio en el que se analizó y midió la confianza que el colectivo consumidor tiene depositada en el sistema alimentario y en los productos alimentarios.

De todos los actores que participan en la cadena de valor alimentaria, los agricultores son los que inspiran más confianza al público. Dos tercios (67%) de los consumidores europeos notificaron que confían en este colectivo, frente al 13% que no lo hace. En España, este porcentaje sube y más de 8 de cada 10 consumidores, un 81% afirmaron confiar en los agricultores, la proporción más alta de todos los países europeos.

En línea con esa opinión, dos tercios (66%) de los consumidores españoles mostraron también su acuerdo en que el colectivo agrario es, entre los agentes de la cadena alimentaria, el que presta atención a las inquietudes del público superando el 52% de la media europea.

El siguiente eslabón en el que los consumidores más confían, después de los agricultores, es el del grupo minorista (supermercados, tiendas, híper…), con un 53% del total y un alza del 7% desde 2018, relacionado, probablemente, con la pandemia de Covid-19 por mantener y garantizar el suministro de alimentos y facilitar el acceso a los mismos. España fue también el país europeo (participaron, además de los principales Estados UE, otros extra-UE, como Israel, Suiza y Turquía) que más confianza otorgó a los minoritas, con un 69% del total.

Estos dos eslabones, el de los agricultores y el de los minoristas, son los que inspiraron una mayor confianza a más de la mitad de consumidores europeos, mientras que, por el contrario, fueron los organismos gubernamentales y los fabricantes de alimentos, los que menos, con un 47% y un 46%, respectivamente. Y, al mismo tiempo, más de una cuarta parte del total de estos consumidores desconfía de los mismos, con un 29% y un 26%, respectivamente.

Por lo general, los consumidores piensan que la seguridad de los alimentos se ha reforzado en estos últimos años y, en comparación con 2018, aumenta en 8 puntos, hasta un 55% del total.

Salud y sostenibilidad

No parece pensarse lo mismo entre los consumidores en materia de salud y de sostenibilidad del los alimentos. Aunque siete de cada diez (71%) declaró que prefería las opciones saludables a los que no lo son, menos de la mitad (43%) consideran que los productos alimentarios son seguros en este ámbito y solo cuatro de cada diez (40%) considera que los que compran son auténticos en términos generales, no falsos, ni artificiales. Aquí ya habría en cuestión de confianza un motivo por el que preocuparse.

En lo que se refiere a la sostenibilidad, más de lo mismo. Apenas 3 de cada 10 (30%), estiman que los alimentos se fabrican en general de manera sostenible, es decir, respetando el medio ambiente, de manera ética o responsable y con un uso eficiente de los recursos, mientras que un 42% piensa directamente que la producción alimentaria, por lo general, no es sostenible.

Estas consideraciones sobre la salud y la sostenibilidad de los alimentos que se producen chocan con los valores que dicen defender los propios consumidores europeos. Más de tres cuartas partes de los mismos (76%) se consideran en la obligación moral de consumir solo productos que respeten el medio ambiente, mientras que seis de cada diez (60%) son partidarios, si pueden, claro, comprar productos sostenibles frente a los que no lo son.

Esto pone de manifiesto, según dicho estudio, que existe una oportunidad de satisfacer la demanda de los consumidores de alimentos más ecológicos, aunque nada se dice si éstos estarían dispuestos a pagar, en caso de que incluso pudieran, un mayor precio por ellos, que es donde está el “quid” de esta cuestión y de otras muchas cuestiones.

Para Klaus Grunert, profesor del Departamento de Gestión de la Universidad de Aarhus, “conforme la población mundial se acerca a los 10.000 millones de personas en 2050, necesitamos tecnología innovadora y estrategias de colaboración desde el campo hasta la mesa para suministrar productos alimentarios y saludables, y de fácil acceso de manera sostenible (…). El sector alimentario cuenta con claras oportunidades de demostrar que obra en beneficio del interés común y satisface la demanda de los consumidores en materia de salud y sostenibilidad.”

A su vez, Saskia Nuijten,  directora de Comunicación y Participación Pública de EIT Food, señaló que “fomentar la confianza entre los consumidores y el sector alimentario es esencial a la hora de mejorar los alimentos para todos. Los acontecimientos de 2020 han mostrado a muchos consumidores lo importante que es la infraestructura alimentaria, desde mantener el suministro de productos en los supermercados o considerar la menara en que la producción de alimentos afecta al medio ambiente. En definitiva, para crear un sistema alimentario con proyección de futuro, debemos situar a los consumidores como eje central del desarrollo, la producción, la distribución y la promoción de los alimentos.”

Consumo fuera del hogar

Como han avanzando en sus conclusiones otros estudios, un nuevo informe publicado por el EIT Food sobre “Impacto del Covid-19 en el sector agroalimentario del Sur de Europa” señala también la evidencia de que la disminución del consumo fuera del hogar, debido al confinamiento y las restricciones al canal Horeca, es la principal influencia de la pandemia, la que más ha golpeado en todo el sector alimentario y, sin embargo también, la que ha construido puentes entre los productores y los consumidores finales, con iniciativas locales y digitales que han impulsado este vínculo.

Este informe se ha realizado por parte del consorcio europeo EIT Food en cinco países (Portugal, España, Italia, Grecia y Turquía) con 19 expertos del sector y demuestra que la disminución del consumo extra-doméstico ha tenido (y continúa teniendo) consecuencias en toda la industria agroalimentaria, obligando a importantes cambios de mentalidad en el sector.

En el caso español, el estudio detectó un cambio radical en los hábitos de consumo, con un descenso del 32,4% de las comidas fuera del hogar en días laborables; un aumento del 6,4% de la cocina y comida en casa, y un aumento del 31,5% de la entrega de comida a domicilio (“delivery food”), que han sido en ocasiones el único canal de venta para muchos restaurantes, a través de plataformas multinacionales, que  cuentan con tarifas elevadas y controlan los datos de los consumidores, según EIT Food. Otros restaurantes, en cambio, han apostado en la medida de sus posibilidades por desarrollar sus propios servicios de entrega.

Esta opción de entrega de comida a domicilio se está utilizando mucho más que antes de la pandemia, como es lógico, aunque los porcentajes varían. En junio del pasado año un 72% de los restaurantes italianos y españoles y un 59% de los portugueses seguían sin utilizar esta fórmula. Si esto tendrá un impacto relevante o no en los hábitos de consumo de alimentos es algo que habrá que ver cuando la pandemia de Covid-19 pase a la historia, aunque parece normal que como mínimo será en un porcentaje algo más elevado que antes de la misma.

Lo mismo habrá que esperar de ese aumento de colaboración y vínculo entre productores y consumidores finales que, por otro lado, es complejo de mantener por la dificultad de los productores para seguir con ellas y porque, hasta ahora, no formaban parte -o, al menos, no mayoritariamente- de sus modelos de negocio, quizás por su relación entre costes y beneficios. Aún así, desde EIT Food se considera que “optar por cadenas más cortas de producción y distribución ha demostrado eficacia y se va a seguir avanzando hacia ello.”

Otro de los efectos, ya conocidos, de la actual pandemia de Covid-19 es que la compra “online” de alimentos ha aumentado, pero aún sigue siendo inferior al 5% del total en los cinco países analizados del Sur de Europea. Lo que quiere decir que aún hay mucho camino por recorrer de la mano de la digitalización y que este es uno de los retos en el sector de restauración, mientras que otros agentes de la cadena, “muchas marcas medianas o grandes” sí han reactivado proyectos de plataformas de venta “online” para responder a una demanda creciente ante problemas de la cadena de suministro.”

También se han acelerado con la pandemia tendencias ya existentes de mayor demanda por los consumidores de comida saludable o de productos para impulsar la “inmunidad” (¿?), así como por la digitalización y la trazabilidad más segura de los alimentos a través del “blockchain” y las preocupaciones por la ciberseguridad al aumentar las iniciativas de distribución “online”.

En resumen, la pandemia de Covid-19 ha cambiado el panorama del consumo alimentario en el corto y medio plazo, con tendencias digitales o de logística de la distribución que ya existían y que no han tenido más remedio que acelerarse ante las medidas y restricciones adoptadas en el canal extra-doméstico para frenar la expansión del coronavirus. Si, cuando pase esta pandemia, esas nuevas tendencias se mantienen, van a más, o vuelven al punto de partida anterior es algo, por mucho que nos empeñemos, difícil de conocer. Igual que desconocemos si, por lo general, la vida volverá a ser la misma que existía y que conocimos hasta entonces.

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