Euroganadería
Está viendo:

Criminalización del sector agrario por sus emisiones de GEI

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Como era de prever, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) del pasado año 2020, el año de Covid, se redujeron en nuestro país. Y  lo hicieron por vez primera a lo largo de toda la serie inventariada del periodo 1990-2020 con respecto al año base de referencia (1990), según el avance presentado recientemente por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a falta de conocer los datos definitivos antes de final de año.

Las emisiones brutas de GEI se elevaron a 271,9 millones de toneladas de CO2 equivalente el pasado año, con una disminución del 13,7% en relación al año anterior, del 6,4% respecto al año base de referencia 1990 y un 38,6% respecto a 2005.

Las causas principales de este recorte de emisiones contaminantes fueron, por un lado, el incremento de la generación eléctrica con fuentes de origen renovable y la caída del uso del carbón y, por otro, como era de esperar, las fuertes limitaciones de actividad y movilidad asociadas a la pandemia de Covid-19.  Esta última causa tuvo como consecuencia el recorte de las emisiones de GEI asociadas al transportes del 17,6%; un descenso global de las emisiones de la industria del 11,4%, y una caída de las debidas a la generación eléctrica del 34,9%, en parte gracias también al fuerte aumento de generación a partir de fuentes renovables en 2020.

¿Y cómo se comportó el sector agrario? Pues la Agricultura, un sector que, como es lógico, no frenó su actividad por causa del Covid-19 y que, según este balance provisional de emisiones, representa el 14,1% del total, aumentó las suyas un 1,2% en relación a un año antes.

Este aumento fue debido principalmente al ligero crecimiento (+0,8%) de las emisiones de las cabañas ganaderas que, a su vez, son las responsables del 64,8% de las emisiones GEI de este sector. Este aumento, según ese avance, fue debido a las emisiones procedentes de la gestión del estiércol (+2%) y, en menor medida a las procedentes de la fermentación entérica (+0,2%).

También influyó en este aumento de emisiones de GEI del sector agrario la variación debida a los cultivos, que aumentó un 2%, sobre todo por el incremento (+1,5% respecto a 2019) de las emisiones de óxido nitroso (N2O), derivadas de la gestión de suelos agrícolas por el uso de fertilizantes inorgánicos, así como del alza (+21%) de las emisiones de CO2 derivadas de la aplicación de urea.

El sector agrario, ¿culpable?

Algunas voces se han alzado para “culpabilizar” al sector agrario de ser uno de los grandes emisores de gases contaminantes a la atmósfera, cuando creemos que no es así. Esto queda demostrado en el avance de este año,  en que tales emisiones globales, directas o equivalentes, de dióxido de carbono se han reducido de forma apreciable, a pesar de que el sector agrario las ha aumentado ligeramente, como consecuencia del normal desarrollo de su actividad agrícola y ganadera.

Acabar con las emisiones GEI en Agricultura solo se puede conseguir acabando con la propia actividad agraria. A lo mejor es eso lo que quieren en su radicalidad algunas ONG que se dicen conservacionistas. Atenuar las emisiones, reducirlas en la medida de lo posible y de lo que puede ser viable social y económicamente, eso sí se puede proponer y, de hecho, tanto la agricultura, como la ganadería llevan años reduciendo las suyas, aplicando prácticas y técnicas más respetuosas con todo lo relacionado con el medio ambiente (suelo, agua aire).

¿Que todo eso no es aún suficiente? Pues probablemente todavía no; de ahí que haya que seguir insistiendo para continuar rebajándolas paulatinamente por medio de nuevas técnicas aplicadas de innovación que, además, sean rentables. De ahí a volver al arado de rejas, a la mula y al buey (cuidado, que eso puede ser maltrato animal), y al abonado solo con cenizas o estiércol de las cuadras…hay un abismo.

El Pacto Verde Europeo, con las estrategias “De la granja a la mesa” y “Biodiversidad”, con sus recomendaciones (por no decir obligaciones) a incluir este tipo de medidas de lucha contra el cambio climático y de cuidado del medio ambiente en la nueva Política Agraria Común (PAC) a partir de 2023, incidirá aún más en la reducción de emisiones de GEI del sector agrario, sobre todo, aunque no solo, las de amoniaco, metano, óxido nitroso y determinadas partículas volátiles contaminantes.

A su vez, los Ministerios para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y de Agricultura, Pesca y Alimentación, vienen de un tiempo acá presentando textos legales (algunos aprobados, otros aún no) que ponen el acento en medidas y técnicas tendentes a reducir la contaminación atmosférica y ambiental del suelo, el aire y el agua. Su aplicación sostenible (social, económica y medioambiental) debería conllevar una reducción adicional de las actuales emisiones del sector agrario, sin que éstas vayan a desaparecer, a no ser que se esté por la labor de cargarse también la actividad.

El papel de los LULUCF

El sector de Usos de la Tierra, Cambios de Uso de la Tierra y Selvicultura (LULUCF, por sus siglas en inglés) es el único de los sectores de actividad, servicios o gasto energético con efecto sumidero o de absorción de CO2 y las absorciones computadas al mismo, en vez de compensar o descontarse también de las emisiones de GEI del sector agrario, se descuentan del conjunto de las emisiones brutas de GEI que, como se ha indicado, ascendieron a 271,5 millones de toneladas de CO2-eq.

Las absorciones de los sectores LULUCF se estiman en 36,6 millones de toneladas de CO2-eq en 2020, lo que supone un 13,5% del total de las emisiones brutas inventariadas, con un descenso del 2,6%, debido principalmente a una menor contribución (-1,3%) de las absorciones del sector forestal, consecuencia de la disminución del efecto de las repoblaciones sobre el incremento de biomasa forestal.

Descontadas, las absorciones de los sectores LULUCF, las emisiones netas en 2020 se estiman en 234,9 millones de toneladas de CO2 -eq, con un recorte del 15,2% respecto al año anterior, frente al 13,7% que se ha estimado sin la contribución de los sectores que absorben los gases contaminantes.

Si el balance de las emisiones de GEI a la atmósfera se realizase solo entre lo que el sector agroforestal emite y lo que absorbe (LULUCF), el resultado neto sería que la contribución del mismo se quedaría en 1,6 millones de toneladas de CO2 -eq, apenas del 0,68% del total de las emisiones de nuestro país. Es decir, descontando de los 38,26 millones de toneladas de CO2 -eq los 36,61 millones capturados o absorbidos de CO2 –eq por los sectores LULUCF.

Este cálculo, con todas las salvedades que se quieran, explica a grandes rasgos lo que el sector agro-forestal contamina con sus emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y lo que, por el contrario absorbe o descontamina. En otros términos, como apuntó la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), el 14,1% del cómputo global de emisiones de GEI asignado a la agricultura y a la ganadería, se queda en apenas un 0,6% cuando se tiene en cuenta su contribución en captura de carbono junto al  sector forestal (que también es medio rural).

Todo eso, como indica esta organización agraria, sin hacer referencia y, por tanto, sin contabilizar, al papel fundamental que estas actividades tienen en la lucha contra la erosión y la desertización de los suelos, la prevención de los riesgos forestales, el fomento de la biodiversidad, la fijación de población en las áreas rurales o la preservación del paisaje.

A las claras, como afirma Cristóbal Aguado, presidente de AVA-ASAJA, “no se sostiene que los mismos políticos de Valencia, Madrid o Bruselas, que son conocedores del papel medioambiental de nuestros agricultores y ganaderos, quienes en muchos casos gestionan también espacios forestales, lleven décadas culpabilizándonos de manera absolutamente infundada del cambio climático, (a pesar) de que no hay nadie más verde que nosotros, no somos los grandes contaminantes, como reiteran, no somos el Problema. Somos parte de la solución y, si en lugar de criminalizarnos y de castigarnos con políticas más y más restrictivas, nos ayudaran a garantizar una rentabilidad digna, todavía aportaríamos muchísimos más al cuidado del Planeta.”

Para esta organización agraria, “cada vez resulta más evidente que la estrategia comercial de la UE va dirigida a reducir al máximo la producción agraria europea, con el objetivo de comprar más alimentos foráneos, aunque no sean tan sostenibles, para poder vender otros productos industriales o de servicios a esos países. Y, en esa artimaña, las organizaciones ambientalistas radicales ejercen e papel de cómplices necesarios para llevarla a cabo, a pesar de que los propios números oficiales dejan en evidencia que nuestro sector agroforestal es el más respetuoso del mundo con el medio ambiente.”

Calidad del aire

De acuerdo a la última evaluación de la Agencia Europea del Medio Ambiente, la UE-27 respetó en su conjunto y en 2019 las emisiones de los cuatro principales gases contaminantes atmosféricos -óxido de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles distintos del metano, dióxido de azufre y amoniaco-.

Si se considera, sin embargo, cada uno de los Estados miembros, España, junto con otros 21 países, tiene un serio problema con el amoniaco. Sus límites rebasan en un 33% los límites nacionales fijados en la directiva europea, siendo el país con una mayor superación, por lo que tendrá que multiplicar sus esfuerzos para respetar los compromisos de reducción establecidos en el periodo 2020-2029 y de cara a 2030, a pesar de que a nivel UE sí ha habido una disminución global del 2% de las emisiones de este gas contaminante entre 2018 y 2019 y del 8% desde 2005.

Ante esta situación, la Comisión Europea tiene previsto volver a revisar las normas de calidad del aire en el tercer trimestre de 2022 para ajustarlas más a lo establecido por la Organización Mundial la Salud (OMS), en el marco del Pacto Verde Europeo, introduciendo exigencias mucho más estrictas para luchar en origen contra la contaminación entre otros sectores, también en la Agricultura.

Veremos en qué queda todo esto y si, una vez más, el sector agrario español y comunitario tendrá que aplicar medidas más exigentes de las que ya tiene en marcha y cuyo coste es bastante probable que incida negativamente tanto a la rentabilidad de las explotaciones, como en la competitividad de sus producciones en los mercados, frente a las de terceros países, cuyos productos en su venta no se ven afectados ni por éstas, ni por otras obligaciones.

<< volver

Mercolleida (en nueva ventana)
youtube (en nueva ventana)

Twitter@euroganaderia