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Cuestión de huevos

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La denominada avicultura alternativa va ganando terreno poco a poco entre los sistemas de cría de gallinas ponedoras de nuestro país. Durante el año pasado representaban casi un 18% del censo medio total de esta especie animal, con claros aumentos de doble dígito respecto al ejercicio anterior, frente a un descenso del 12,6% en el número de animales criados en jaulas acondicionadas.

De acuerdo al informe de indicadores económicos del sector avícola de puesta del Ministerio de Agricultura, en nuestro país había en 2018 un total de 43,58 millones de gallinas ponedoras, de las cuales un 82,3% y casi 35,89 millones fueron criadas en jaulas y un 17,7% y cerca de 7,7 millones en otros sistemas alternativos de cría.

Dentro estos sistemas alternativos, más de la mitad (53,2% del total alternativo y 9,4% del censo total de gallinas ponedoras) era de gallinas de puesta criadas en suelo; otro 41,6% era de gallinas criadas en campo (camperas), con 3.203.186 animales (un 7,35% del censo total), y un 5% y 391.796 animales (0,9% del censo total) eran gallinas de cría ecológica, el sistema que exige, además de todo lo anterior, una alimentación con materias primas de origen biológico.

El número de efectivos de gallinas ponedoras, que había tenido una tendencia ascendente en los últimos años, se redujo un 6,7% y en casi 3,15 millones en 2018, debido al recorte del 12,6% y en 5,16 millones animales de las gallinas criadas en jaulas acondicionadas.

La reducción del censo, según el Ministerio de Agricultura, viene originada por un incremento de las explotaciones con sistemas alternativos, que cuentan con una menor capacidad de cría de animales por granja, como es normal, al tener que disponer de más superficie por gallina ponedora, que no compensa la caída del censo de gallinas de explotaciones de cría en jaula.

Indicativo de esto es también que el número total de explotaciones de gallinas productoras de huevos aumentó un 3,1% y en 41 granjas más, sumando 1.362 en 2018, que representan un 79,3% del número total de granjas avícolas y confirman la tendencia de crecimiento iniciada a partir de 2014, año en que había  1.119 las granjas de ponedoras de huevos en España.

Estos números indican una tendencia motivada porque los consumidores, informados o desinformados por las políticas de marketing de la mayoría de las cadenas de distribución, están optando por un producto que tiene un PVP más caro procedente de gallinas “criadas en libertad”, gallinas “felices” (¿?). A pesar de todo eso, nuestro país está todavía bastante alejado en su censo de gallinas ponedoras en producción alternativa de la media de la Unión Europea.

Alemania, el país comunitario con  mayor número de gallinas ponedoras, con cerca de 58,5 millones, tiene más de 50 millones en producción alternativa (suelo, campero, ecológico), lo que representa un 93,5% del total.

Nuestro país está más cerca, aunque por encima, de Polonia, segundo país con más censo de gallinas ponedoras de la UE-28, con una cabaña de 48,54 millones de efectivos, de los cuales solo algo más de 7,5 millones (15,5% del total) cuentan con sistemas de cría alternativa.

La media comunitaria está casi a la par. Con un censo de gallinas ponedoras en la UE-28 de cerca de 397 millones de efectivos, un 49,6% del total, y cerca de 197 millones cuenta con sistemas de producción de huevos de cría alternativa y algo más del 50% y casi 200,12 millones de gallinas ponedoras se crían en jaulas acondicionadas.

Salvo Portugal (9,9% y menos de un millón de gallinas ponedoras) y Polonia, el resto de los principales países con mayores censos tienen porcentajes de cría alternativa bastante más elevados que en nuestro país, destacando, además de Alemania, Holanda (83,9%), Reino Unido (64,8%), Bélgica (60,5%) o Francia (39,2%).

Queda claro que a nuestro país le queda aún mucho margen de crecimiento para alcanzar siquiera la media comunitaria de censo de gallinas ponedoras criadas en sistemas alternativos. La tendencia, por ahora, como se está viendo, es que el número de estos animales criados en suelo, campo o de forma ecológica siga su progresión al alza, porque así lo quiere la distribución (que hace campaña por ello), es impulsado también por algunas empresas productoras y, al parecer, lo demanda igualmente el propio consumidor.

Pero esta tendencia se mantendrá mientras que los costes de producción, más altos en los sistemas alternativos de cría, puedan trasladarse en los lineales a los PVP de los huevos y con ello el avicultor venda a un precio que le sea rentable para continuar con su actividad, pero que esté dispuesto a asumir el consumidor.

Eso es y será así, porque se está observando cómo la distribución va acercando cada vez más el PVP de los huevos de gallinas ponedoras criadas en suelo y en campo al PVP de los huevos “convencionales” (los criados en jaulas acondicionadas) para atraer la cesta de la compra del consumidor a su establecimiento. ¿Se está vendiendo “a pérdida” o como producto “reclamo”?  Habría que comprobarlo, puesto que a un determinado PVP en huevos de gallina de cría en suelo o  “camperos” o pierde el distribuidor (lo que en realidad no sucede, porque puede compensarlo con la venta de otros productos) o pierde el productor (lo que sería hasta cierto punto más normal). No cabe pensar que tales huevos “alternativos” escapan al control real, a las inspecciones, y no son o no proceden de donde dicen que son o que proceden.

Desterrar el mantra

Nos interesa el bienestar de las gallinas, pero lo que nos comemos son los huevos que ponen. ¿Son mejores los producidos por gallinas de suelo, camperas o ecológicas? Pues, al parecer, no. Ni mejores, ni peores en composición y calidad nutricional, como ha quedado demostrado en numerosos análisis y estudios, e incluso en catas a ciegas.

En los sistemas de producción de huevos con marcado 3 (jaula acondicionada) 2 (de suelo) y 1 (campera), la alimentación de las gallinas ponedoras es la misma, pero en los dos últimos sistemas no se puede contralar al 100%  el riesgo de que los animales coman cualquier otra cosa que encuentren, como tampoco que entren en contacto con otros animales salvajes, que pueden trasmitir o contagiar enfermedades, como la gripe aviar,  o que lleguen a entrar en “estrés” y dejar de poner huevos ante la presencia más o menos cercana de algunos animales depredadores.

Al consumidor está hablando en la tienda y quiere estos productos porque al comprarlos se siente mejor con la sociedad y con él mismo. Sin embargo, habría que explicarle y darle a entender que cuando un huevo es más caro que otro, no es porque sea de mayor calidad o porque sus ponedoras hayan gozado de una mejor alimentación, sino porque se produce en sistemas alternativos de cría, distintos de la cría en jaulas acondicionadas, cuyo equipamiento es más caro y obliga a tener más espacio para cada animal, e incluso supone también un mayor coste de mano de obra.

El sistema de cría o la alimentación no influyen en el sabor de los huevos, ni tampoco las materias primas con la que se alimentan en el color de la cáscara, que es algo genético.

Y respecto a la avicultura ecológica, además de tener la obligación de aplicar la normativa general sobre sanidad y bienestar animal de la UE, más otras normas contempladas en los pliegos correspondientes de condiciones, las gallinas ponedoras deben ser alimentadas con materias primas o piensos procedentes de la agricultura ecológica. Y se les supone también que, al menos, estarán criadas en suelo o en campo.

Los huevos ecológicos (con marcado 0 en su cáscara) tampoco difieren en su calidad y valor nutricional del resto de huevos procedentes de gallinas criadas en jaula acondicionada, en suelo o en campo. Si se paga más por ellos en el supermercado es porque las gallinas ponedoras disfrutan (o se supone que disfrutan) de un plus de bienestar animal y porque las materias primas utilizadas en alimentación, al tener que ser de origen ecológico, son también mucho más caras.

Consumo de huevos

El consumo doméstico de huevos en España aumentó un 0,7% en volumen en 2018 respecto al año anterior, hasta algo más de 385.508 toneladas (la cifra más alta desde 2013), con un valor que fue también un 6,1% superior (probablemente por la mayor presencia en los lineales de huevos de la avicultura alternativa mucho más caros), hasta cerca de 888,3 millones de euros, a razón de 8,32 kg/per cápita (+0,3%) y un gasto de 19,40 €/por persona (+5,7%).

Por tipo de huevo, un 88,7% del volumen total consumido fue no ecológicos (sistema alternativo de cría), un 1,5% más en 2018,  y un 11,3% fue ecológico o de avicultura alternativa, con un descenso del 5,4%, mientras que en valor un 83,2% del total fue de huevo no ecológico, con un aumento del 8,1% sobre 2017, y un 16,8% ecológico, bajando un 2,5% sobre el año anterior.

De 134 unidades “per cápita” consumidas en el hogar en 2018, casi un 87% y 116 huevos procedieron de gallinas criadas en jaulas acondicionadas, y algo más del 11%  del total y  15 unidades procedieron de  la avicultura alternativa, junto a otras 3 unidades (2%) de otras aves.

El consumo aparente “per cápita” de huevos, que incluye el consumo doméstico y el realizado en el resto de canales, fue de 14,6 kg/habitante y año en 2018, un 7,6% menos que en el año anterior (15,8 kg/hab./año), según el balance de abastecimiento de huevos en España (INE).

El grado de autoabastecimiento de este alimento básico fue favorable, alcanzando el 116,5%, (es decir, producimos un 16,5% más de lo que consumimos). Esto, según el MAPA, constituye una oportunidad para fomentar la exportación, abriendo y consolidando destinos en el exterior en los que colocar los excedentes y aprovechar la generación de valor añadido en estos  productos, aumentando los volúmenes de producción y exportación de huevos de gallinas ponedoras criadas en sistemas alternativos.

De hecho, el comercio exterior de huevos fue bastante positivo. En 2018, se exportaron hacia otros países de la UE unas 145.800 t equivalente huevo cáscara), frente a  44.000 t importadas. Hacia países terceros se destinaron 49.800 t y desde allí se importación solo 700 toneladas.

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