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Eco-esquemas para mejorar el medio ambiente y el clima

Cuando termine el confinamiento y volvamos a nuestra vida cotidiana volverá la reforma de la PAC. Sí, volverá y una de las novedades que irá abriéndose paso y dándose cada vez más a conocer en el marco del futuro Plan Estratégico Nacional de la Política Agraria Común (PAC) es la de los eco-esquemas o eco-programas, que ya estaban incluidos en la propuesta de reforma de la Comisión Europea.

Pero, ¿qué es y en qué consisten los eco-esquemas? Para hacernos una idea gráfica, no es más que poner en valor, y cobrar una compensación por ello, algunas de las prácticas agrícolas y ganaderas que cuidan el medio ambiente y los elementos que lo rodean (suelo o tierra, agua y aire) y que, en mayor o menor grado, ya se vienen haciendo, aunque con la exigencia de profundizar un poco más en la misma dirección.

No se trata de asustar a agricultores y ganaderos con nuevos condicionamientos y exigencias imposibles para llevar a cabo su actividad productiva si quieren cobrar ayudas, sino de informarles y hacerles conscientes de que si implementan y llevan a cabo algunas buenas prácticas agrícolas y ganaderas, que van algo más allá de la actual condicionalidad y de las medidas agroambientales, podrán percibir un pago adicional por ello.

No hay que perder de vista tampoco que será obligatorio para los Estados miembros incluir los eco-esquemas en sus Planes Estratégicos Nacionales de la futura PAC y ponerlos a disposición de los productores. No así para los agricultores y ganaderos, que podrán acogerse voluntariamente a los mismos. No es descartable que algún país prefiera finalmente obligar a que los productores los cumplan en un contexto global de mayores exigencias medioambientales y de lucha contra el cambio climático, pero no parece que, por ahora, sea el caso de España, ni del Ministerio de Agricultura.

Desde hace meses, Ministerio de Agricultura, CC.AA. y sector vienen debatiendo sobre la propuesta para definir los eco-esquemas y cómo van a aplicarse en nuestro país. Recientemente, el MAPA avanzó un resumen de todo eso, que es un punto de partida para tratar de alcanzar el más amplio consenso posible en su definición e implementación.

En el marco de los eco-esquemas, se concederían ayudas por hectárea o por cabeza de ganado para compensar la aplicación de prácticas beneficiosas para el medio ambiente y el clima, así como en materia de bienestar animal. Prácticas que irían algo más allá de las medidas que son ya obligatorias de cumplir para cobrar ayudas PAC y que vienen contempladas en la nuevas condicionalidad, sin que éstas se solapen con las actuaciones que ya están siendo apoyadas en la política del segundo pilar (Desarrollo Rural) y, más en concreto, con las medidas agroambientales. Es decir, no se podrán cobrar ayudas por partida doble.

El hecho de que los agricultores y agricultores puedan acogerse voluntariamente a los eco-esquemas, entraña el riesgo de que estos programas resulten un fracaso, porque sean muy pocos los que se acojan a ellos, si consideran que no les merece la pena el esfuerzo que pueden conllevar y la escasa remuneración a percibir por los mismos.

Factores a tener en cuenta

Para evitar eso, el MAPA contempla una serie de factores que tratarán de hacerlos interesantes para el colectivo agrario. En primer lugar, por descontado, las ayudas deberán ser suficientemente atractivas como para atraer a los eco-esquemas a un buen número de agricultores y ganaderos.

En segundo lugar, estos programas deben tener un grado de penetración importante, afectando a un considerable número agricultores y ganaderos y de prácticas que vayan a ser rigurosamente beneficiosas para la salvaguarda del medio ambiente.

En tercer lugar, que los compromisos que se vayan a exigir a éstos no sean imposibles de cumplir y que, a la vez, sean extensibles y puedan aplicarse al mayor número posible de sectores productivos.

Y en cuarto y último, que el control de los resultados de la aplicación y cumplimiento de estos eco-esquemas no sea demasiado complejo ni para las Administraciones públicas, ni para los administrados.

En la propuesta remitida por el Ministerio de Agricultura a las Comunidades Autónomas y al sector se recogen en principio un total de ocho eco-programas, que son fruto de los debates realizados con anterioridad. Cada uno de ellos incluye los requisitos que deben cumplir agricultores y/o ganaderos para poder beneficiarse de la ayuda compensatoria, así como los objetivos específicos que se persiguen con su aplicación (que, luego, deberán dar lugar a resultados concretos y contrastables) y la manera en que podría llevarse a cabo su control.

Hay que tener en cuenta que la Comisión Europea va a exigir a los Estados miembros que justifiquen el cumplimiento de los objetivos previstos, es decir, van a pedir resultados reales que, a su vez, validen la concesión de las ayudas comunitarias.

Los ocho programas de eco-esquemas propuestos por el MAPA son el pastoreo extensivo; la implantación y mantenimiento de la cobertura vegetal viva en los cultivos; la incorporación al suelo de restos de poda en cultivos leñosos; el fomento de las rotaciones en cultivos mejorantes; el fomento de aplicación de planes individuales de fertilización; el fomento de la aplicación de planes individuales de uso sostenible de productos fitosanitarios; la implantación y conservación de márgenes, islas de vegetación, corredores multifuncionales en cultivos, y la participación en programas individuales o colectivos de valorización energética de estiércoles de rumiantes y equino y biomasa de origen vegetal.

Sin entrar a profundizar en ninguno de ellos, ni en sus requisitos, ni en los objetivos específicos que persiguen para cumplir en su beneficio medioambiental, sí parece conveniente señalar que, al menos en apariencia, se trata de prácticas o actuaciones que están ya llevando a cabo cada vez más agricultores y ganaderos y cuya extensión a mayor número parece bastante posible en un país que, como el nuestro, cuenta con una gran diversidad de cultivos y de explotaciones ganaderas sostenibles.

Asesoramiento e innovación

Previsiblemente, se trate de planes de eco-esquemas en los que se deberá ajustar o afinar más en los objetivos específicos para que su impacto medioambiental sea lo más amplio y positivo posible. Y ahí jugarán un papel clave, muy importante, todo lo relacionado con el asesoramiento profesional y técnico a las explotaciones agrícolas y ganaderas en este ámbito, que deberá aumentar tanto en cantidad, como en calidad, así como la investigación y la innovación aplicada a cultivos y al ganado y plenamente orientada, eso sí, al cumplimiento de los objetivos específicos que se propongan en cada eco-esquema.

Otro de los aspectos importantes es que un agricultor podrá participar en la aplicación de varias medidas de diferentes eco-esquemas en el conjunto de su explotación y, por tanto, podrá percibir por ese mayor compromiso medioambiental un importe de ayudas más elevado, siempre que esas medidas no se solapen entre sí.

La sostenibilidad de la actividad agraria no es algo que le suene de nuevas al agricultor o ganadero de nuestro país. Llevamos muchos años refiriéndonos a que la actividad agrícola y ganadera debe ser sostenible y no causar perjuicios y daños irreversibles al medio ambiente o a la lucha contra el cambio climático.

El agricultor o el ganadero es el primer interesado en esa sostenibilidad medioambiental, porque para llevar a cabo esa actividad necesita de suelos, de agua y de aire que no estén contaminados, ya que son la base de su trabajo. No se trata de tirar piedras sobre el propio tejado. Eso no quiere decir que no haya que vigilar y supervisar, y que se tenga que dar por descontada la sostenibilidad medioambiental en el ejercicio de la actividad agraria.

Es obligado hacer ver a la sociedad civil que ese factor es el primero que van a tener en cuenta los profesionales de este sector en el devenir diario para desarrollar su actividad y, si en algún caso no es así, siempre se podrá denunciar y perseguir con todas las consecuencias. Pero, de ahí a denigrar sin más, como hacen algunas organizaciones supuestamente conservacionistas, cualquier actividad de los agricultores y ganaderos, a los que se les acusa de esquilmar suelos, de malgastar o derrochar el agua o de contaminar el aire que respiramos…va un largo trecho.

Y termino con lo que empezaba, cuando acabe el confinamiento, pondremos en valor el papel de la agricultura y la ganadería porque se ha producido un descenso en la contaminación atmosférica estas semanas que ha parado la actividad industrial y el transporte mundial, cuando la actividad agraria se ha mantenido. Esto demuestra que aquella acusación de que los pedos de las vacas eran los causantes del cambio climático tendrán que replanteársela aquellos que nos acusaron de ello, puesto que se ha confirmado que es mentira.

Y, por último, como se ha repetido tantas veces y para que no nos confundamos: solo se podrá fomentar e ir a favor de la sostenibilidad medioambiental si, a la vez, existen una sostenibilidad económica y una sostenibilidad social. A menudo, esto es algo que se obvia o que se olvida.

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