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El empleo en el sector agroalimentario a la baja

Ricardo Migueláñez

De acuerdo a la Encuesta de Población Activa (EPA) del último trimestre de 2019, el comportamiento y la evolución del empleo en la actividad económica del sector primario (agricultura, ganadería, selvicultura y pesca) y en la del sector de la industria agroalimentaria durante el pasado año fue totalmente dispar.

La cruz fue para el sector primario donde, a pesar de la mejora observada en los tres últimos meses del año, bajó la ocupación y aumentó el paro, mientras que salió cara para el sector de la alimentación, bebidas y tabaco, donde el empleo aumentó y bajó el paro en la rama de la industria alimentaria.

La explicación de esta disparidad laboral no es difícil. El año agrario de 2019 fue especialmente malo, debido a la sequía y otros sucesos adversos y extremos de la meteorología, como las dos “gotas frías” o DANAs (Depresión Aislada en Niveles Altos de la atmósfera), que produjo claras mermas en los cosechas de diversos sectores (hortofrutícola, olivar, viñedo, cítricos, cereales y otros extensivos), reduciendo la demanda de mano de obra agrícola.

Pero además, el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) subió un 22,3% por decreto en el pasado año, elevando considerablemente los costes salariales, más en unos sectores que en otros, y “cargándose” de paso los convenios colectivos sectoriales que se habían acordado ya en algunas zonas de producción.

Según COAG, el SMI, en base a los datos reales de una explotación agrícola media, con 2-3 trabajadores fijos, pasó de 967,83 €/mes (incluido el salario y el coste en Seguridad Social) en 2018 a 1.311,51 € en 2019 (900 €/mes brutos de SMI en 14 pagas o 1.050 €/mes, con pagas extras prorrateadas, más 261,51 € de costes). Todo ello en un entorno de pérdida de rentabilidad (menos volumen de producción, no compensado por un incremento del precio en la venta de los productos).

Sorprende toda la polémica creada por el SMI durante estos últimos días. El coste laboral es un factor o un insumo más, como los abonos, los piensos, el gasóleo, los seguros o la energía eléctrica, pero no el único, que afecta a los márgenes de rentabilidad de las explotaciones agrarias. Si éste sube, como lo ha hecho en los últimos dos años (en el actual 2020, otro 5,5% más, aunque esta vez por acuerdo de los interlocutores sociales) y esta subida no es posible trasladarla a los precios de venta de los productos agrarios, cuyas cosechas caen además en volumen, el descenso de la renta es más que evidente.

Tan incierto es decir que la fuerte subida del SMI es el principal problema del sector agrario en la actualidad, porque es uno más de los múltiples problemas que tiene el mismo, como afirmar que apenas influye en la competitividad de las explotaciones agrarias, cuando por supuesto sí lo hace, aunque con diferente intensidad. En unos sectores y tipo de explotaciones agrarias, como las más intensivas de mano de obra, donde puede suponer más del 50% de los costes de producción, más que en otros.

Tampoco es verdad que el sector empresarial agrario esté en contra de la subida del SMI y de unos salarios justos y equilibrados para la mano de obra en esta actividad. De lo que está en contra es de la presión al alza que ejerce este insumo (y otros) sobre los costes de producción, cuando por lo general éstos no puedan trasladarse a los precios de venta de sus producciones en el mercado, debido a la presión de compra a la baja que ejerce el resto de los eslabones de la cadena alimentaria en la negociación comercial. Mucho más ante la presencia de oferta de países terceros, que llegan al mercado (al nuestro y al del resto de la UE) a precios más competitivos, como consecuencia de las menores exigencias de producción y los costes más bajos que tienen en origen.

Sector primario

El número de activos del sector primario (agricultura, ganadería, silvicultura, pesca y acuicultura) acabó 2019 en 977.900 personas, con un descenso del 2,08% y de 20.800 sobre finales del año anterior.

Por ramas de actividad, en Agricultura y ganadería, los activos a final del pasado año sumaban 899.400 personas, un 2,26% y 20.800 personas menos que un año antes. En Selvicultura y explotación forestal eran 34.200, un 6,3% y 2.300 menos, y en Pesca y acuicultura, en cambio, un 5,73% y 2.400 más.

Los ocupados en la actividad primaria fueron 793.900 (el grado de ocupación fue del 81,2% del total de activos), con un descenso del 3,84% y de 31.700 empleados en relación al año anterior, mientras que, por el contrario, los parados llegaron hasta 184.000 (18,8% del total de los activos), con un incremento del 6,3% y de 10.900 personas más sobre un año antes.

Por ramas de actividad, los ocupados en Agricultura y ganadería eran de 723.500 personas (80,44% de los activos), con un descenso del 4,41% y de 33.400 respecto a finales de 2018, mientras que los parados, por el contrario, sumaban 175.900 personas (18,56% de los activos), un 7,72% y 12.600 parados más que al final de un año antes.

En Silvicultura y explotación forestal, la ocupación era de 28.800 personas, un 3,36% y 1.000 menos que un año antes, mientras que el número de parados, con 5.400 personas, se reducía también en ese periodo un 19,4% y en 1.300 personas.

La excepción fue en Pesca y Acuicultura. Los ocupados en esta rama de actividad primaria era de 41.600 personas, aumentando un 6,94% y en 2.700 personas, mientras que el paro se reducía a 2.700 personas, un 10% y 300 parados menos.

La rama primaria representó el 4,22% del número de activos totales de la economía española, que se elevó a 23.158.800 personas a finales de 2019, según la EPA; el 3,98% del número de ocupados totales (19.966.900 empleados), y el 5,76% del número de parados (3.191.900).

La Agricultura y ganadería supusieron, a su vez, el 3,88% de los activos de toda la actividad económica de nuestro país, el 3,62% de los ocupados y el 5,5% de los parados.

Industria agroalimentaria

A la industria de Alimentación, bebidas y tabaco le fue mucho mejor en términos de empleo que a la rama de actividad primaria. El número de activos a finales de 2019 fue de 574.800 personas, lo que supone un 2,55 y 14.300 más que en el año anterior.

Es cierto que los activos solo aumentaron en la industria de la Alimentación, reduciéndose en la de fabricación de bebidas y en la industria del tabaco. En la primera, el número de activos fue de 500.300 personas, un 3,5% y 16.900 más que en el año anterior. En la de bebidas, en cambio, bajó ligeramente, con 72.800 personas, un 0,95% y 700 menos, mientras que en la industria del tabaco el descenso por la fuerte reestructuración sectorial siguió imparable, como en los últimos años, quedando en apenas 1.700 personas, un 52,8% y 1.900 menos.

Los ocupados en la rama de la industria agroalimentaria fue de 529.900 personas (92,2% del total de los activos), mientras que los parados quedaron en 44.900 personas, con un ligero descenso del 3,02% y de 1.400 personas.

Por ramas de actividad, en la industria de la alimentación los ocupados llegaron a 462.300 personas, aumentando un 4,26% y en 18.900, mientras que los parados quedaron en 38.000 personas, bajando un 5% y en 2.000 personas.

En la industria fabricante de bebidas, la ocupación a final de 2019 abarcaba a 66.600 personas, un 1,04% y 700 personas menos, mientras que el paro quedó en 6.200 personas, los mismos que un año antes.

En la rama de la industria del tabaco, los ocupados eran de apenas 1.000 personas, tras bajar un 71,4% y en 2.500 personas a finales de 2018, mientras que el paro quedó en 700 personas, tras incrementarse un 600% y en 600 personas durante el pasado año.

La industria de alimentos, bebidas y tabaco representó a finales de 2019 el 2,48% de los activos totales de la economía española, el 2,65% de la ocupación y apenas el 1,41% de los parados.

En conjunto, el sector agroalimentario español (sector primario + industria de alimentos, bebidas y tabaco) tenía al término de 2019 un total de 1.552.700 activos, con un ligero descenso del 0,42% y de 6.500 personas sobre el año anterior. De éstos, 1.323.800 personas estaban ocupados (casi un 85,3% del total de activos), un 1,2% y 16.000 menos que a finales de 2018, mientras que 228.900 personas (14,7% del total de los activos) se encontraba en paro, con un aumento del 4,33% y de 9.500 personas.

El peor comportamiento laboral en el sector agroalimentario español en la ocupación y en el paro se dio en la rama de la actividad primaria, en los subsectores de Agricultura y ganadería y de Silvicultura y explotación forestal, mientras que en la rama de la actividad de la industria alimentaria en la fabricante de bebidas y, sobre todo, en la industria del tabaco.  Por el contrario, el mejor comportamiento en la rama de actividad primaria fue en Pesca y acuicultura y en la rama alimentaria, en la de la industria de alimentación.

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