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El ineludible 'China Market'

Ricardo Migueláñez

Según los datos de la Comisión Europea, China es el segundo destino, tras Estados Unidos, para las exportaciones agroalimentarias de la UE, alcanzando un valor de 12.800 millones de euros en el periodo comprendido entre septiembre de 2018 y agosto de 2019.

En el año completo de 2018, las ventas agroalimentarias de la UE hacia el país asiático alcanzaron un 8,1% del total, con 11.101 millones de euros, mientras que las de Estados Unidos reportaron 22.256 millones de euros (16,2% del total).

Al contrario, China fue el tercer país de origen de las importaciones agroalimentarias de la UE, con un valor de 5.711 millones de euros, un 4,9% del total, solo por detrás de Brasil, con 11.910 millones facturados (10,2%) y de EE.UU., con 12.078 millones (10,4%).

El mercado chino cuenta con un gran potencial de crecimiento para los productos agroalimentarios de origen europeo, especialmente para los alimentos y bebidas de calidad amparados por una Indicación Geográfica (IG), como los que cuentan con una Denominación de Origen Protegida (DOP) o una Indicación Geográfica Protegida (IGP).

El acuerdo comercial alcanzado el pasado 6 de noviembre entre la UE y China sobre IGs, que cierra una primera fase para 100 IGs europeas en ese mercado y 100 IGs chinas en el mercado europeo, se prevé que entre en vigor antes de final de 2020, después de 8 años y 22 reuniones de negociación entre ambas partes, y se extenderá a muchas otras IGs más en el futuro. Es de vital importancia que este acuerdo incluya medidas para evitar el fraude y la falsificación de estas IGs agroalimentarias.

Para la Consejería de Agricultura de la Embajada de España en Pekín ese gran potencial se basa en una clase media, que está creciendo con fuerza y que valora mucho los productos auténticos, emblemáticos y de calidad, cuya imagen de origen y de marca tendrá una mayor protección legal a partir de este 2020. Ignorar China en un contexto internacional donde el mercado es el mundo es todo un lujo que nuestro sector agroalimentario no se podrá permitir si quiere continuar en la senda de crecimiento.

Recientemente, la propia Consejería emitió una interesante información sobre las perspectivas agrarias de China para los próximos 30 años, al estilo de las que también realiza de vez en cuando la Comisión Europea para el conjunto de la UE y que tanto se echa de menos que no hagan aquí, en nuestro país.

El denominado Comité de Expertos de Alerta Temprana, formado por el Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de China y por miembros de instituciones académicas y del propio Ministerio, pronosticaba para ese horizonte temporal en el primer consumidor de alimentos del mundo una desaceleración en el aumento del consumo de productos agrarios, pero a la vez un cambio en la estructura de consumo, como consecuencia del mayor grado de urbanización.

Este Comité aseguraba que la nueva estrategia de revitalización rural, puesta en marcha por el Ejecutivo chino, tenía el objetivo último de reducir la enorme brecha que separa a la  población rural y a la población urbana para contribuir de forma decisiva a modernizar y aumentar la productividad y eficiencia del campo chino.

Prospectiva sectorial

Entrando algo en detalle sobre las predicciones de lo que puede pasar de aquí a 30 años en los sectores agroalimentarios básicos más importantes, este Comité pronosticaba que en el porcino la producción se recuperará paulatinamente, alcanzando en 2028 la cifra de 59,55 millones de toneladas. En este sector, los precios y las importaciones alcanzarán su máximo en 2020 para luego caer, aunque los volúmenes importados se mantendrán en niveles relativamente altos. El consumo “per cápita” de carne de cerdo y derivados se prevé que siga creciendo a un ritmo del 0,5% anual.

En lácteos, tras años de estancamiento, se prevé un aumento de la producción a un ritmo del 3,2% anual, hasta alcanzar los 43,28 millones de toneladas, con un consumo que seguirá también creciendo hasta 68,41 millones de toneladas, por lo que las importaciones  se mantendrán en niveles elevados, creciendo a un ritmo algo menor que hasta ahora.

En vacuno y ovino, la producción seguirá aumentando, alcanzando 7,05 y 5,85 millones de toneladas, respectivamente, mientras que el consumo lo hará a un mayor ritmo, con una previsión de aumento de las importaciones y de los precios. Mientras, en carne de aves, sucederá algo similar, con unas importaciones estables.

En soja, este Comité pronostica un fuerte incremento de la producción, gracias a los incentivos internos para reducir la gran dependencia de las importaciones, que no serán suficientes para atender el consumo interno. Se calcula que la producción llegará a 21,4 millones de toneladas en 2028 y que la demanda interior llegue a 118,82 millones de toneladas. Con este importante desfase, se necesitará importar 98,86 millones de toneladas, teniendo en cuenta que en 2017, el gigante asiático ya compró fuera 95,5 millones de toneladas, bajando esas compras por vez primera hasta los 88 millones.

En azúcar, la producción se espera que aumente a menor ritmo también que el consumo, con lo que las importaciones aumentarán en ese horizonte de 30 años de forma sensible, alcanzando los 6,3 millones de toneladas,

En frutas, la producción china aumentará y se prevé una mejora de la calidad. Sin embargo, la demanda de nuevas variedades y las importaciones crecerán de forma significativa, esperándose elevados precios y demanda creciente para las frutas “premium” de alta calidad.

En productos pesqueros, las previsiones son de un aumento, pero a menor ritmo que en el pasado, con una media del 0,7%, alcanzando una cifra de 69,33 millones de toneladas, con la acuicultura creciendo anualmente al 1,2% y la pesca extractiva bajando al 1,3% anual. Mientras que las exportaciones se mantendrán estables en torno a 4,3-4,5 millones de toneladas, las importaciones se prevé que aumenten hasta alcanzar los 7 millones de toneladas en 2028.

En arroz, la previsión es ir reduciendo de forma paulatina los elevados stocks, con unas importaciones estables de 3-5 millones de toneladas anuales, mientras que en trigo se espera un ligero incremento del consumo, con una producción estable y unas importaciones que se ajustarán para equilibrar la demanda interna, y en maíz aumentará un ligero 1,4% anual, con una producción estable, que obligarán a elevar las importaciones  hasta los 6,5 millones de toneladas en 2028.

Por último, en oleaginosas, se prevén aumentos ligeros del consumo y la importación de aceites, aunque cambiarían los tipos de aceites consumidos, aumentando los de mayor calidad.

La PPA y China

Sin duda, la aparición y expansión de la Peste Porcina Africana (PPA) ha sido y sigue siendo uno de los acontecimientos que más afectan a la actividad económica de China y es merecedor de un punto y aparte.

Antes de la PPA, China producía 54 millones de toneladas de carne de cerdo y las estimaciones son de que 2019 acabe con una producción de 29 millones, es decir, un desfase de 25 millones que está muy lejos de cubrirse con importaciones, que se estiman en una cifra récord de 3,2 millones de toneladas, ni con la liberación de reservas, estimadas en 2,6 millones en marzo, pero de las que se cree que solo quedan menos de un millón de toneladas.  

La magnitud de esta enorme crisis se sustenta en que China ha dejado de producir en 2019 unos 26 millones de toneladas de carne de cerdo, equivalentes al 23% de la producción porcina mundial, el 22% de la producción cárnica de China y el 7,4% de la producción cárnica mundial.

Tampoco será suficiente para cubrir este gigantesco agujero ni el aumento de la producción y las importaciones de otros tipos de carnes, sobre todo de aves, que apenas podrán cubrir un 10% del déficit respecto al consumo de años anteriores.

Además, el importante aumento del precio de la carne de cerdo, que se ha más que triplicado en 2019 respecto al año anterior y que sigue en niveles récord, ha afectado en al menos un 20% a la demanda interna de este alimento, debido en parte también a la desconfianza de los consumidores por la PPA, a pesar de los reiterados mensajes del Gobierno de que esta enfermedad no afecta a las personas.

Un reciente informe de la entidad financiera holandesa, Rabobank, daba cuenta de que China tardará hasta 2025 para restablecer su cabaña porcina, después de haberse sacrificado ya unos 200 millones de cerdos.

En 2020 y 2021, el gigante asiático iniciará la reposición de existencias a pequeña escala, pero necesitará continuar con las importaciones a gran escala (el reciente pacto comercial con Estados Unidos debería parcialmente contribuir a paliar también esta situación, con la reducción arancelaria y la mejora de las ventas de carne a ese país), antes de que se note el aumento de la producción interna de cerdos.

Rabobank considera que, por mucho que quiera importar China, no podrá compensar el déficit de producción en los próximos años, por lo que los precios mundiales, sujetos a esta presión alcista de la demanda del país asiático, continuarán al alza, contribuyendo a muchos consumidores a modificar sus hábitos alimentarios. Los consumidores chinos demandarán más carne refrigerada, congelada y procesada, en lugar de carne fresca y, además, comerán otro tipo de carnes, sobre todo de aves, que pasará a representar un 30% del mercado para 2025.

La crisis de la PPA no se circunscribe solo a China, sino que se afecta a importantes productores de la región del Sudeste asiático, sobre todo Vietnam, y está teniendo también  graves repercusiones en la industria porcina y en la industria cárnica en general en todo el mundo. El año 2019 será el primero de una larga serie en que se reduzca la producción de proteínas animales en todo el mundo, debido a una crisis sanitaria que todavía no tiene visos de remitir.

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