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Imbricar a los fertilizantes agrícolas en la Economía Circular

ricardo

Más de tres años después de que la Comisión Europea presentara su propuesta oficial, a finales del pasado mes de mayo, el Consejo de la UE dio por fin luz verde al Reglamento (UE) nº 2019/1009 (DOUE, de 25 de junio de 2019) que, imbricado en el Plan comunitario de Acción para la Economía Circular, armonizará los requisitos para los fertilizantes producidos a partir de minerales fosfatados y de materias primas orgánicas o secundarias.

En este Reglamento se reconoce que deben establecerse condiciones armonizadas para poner a disposición en el mercado de fertilizantes producidos a partir de materiales reciclados u orgánicos en todo el mercado interior, “a fin de proporcionar un incentivo importante para su uso posterior, contribuir más a desarrollar la economía circular y permitir un uso más eficiente de los nutrientes en general, al tiempo que se reduciría la dependencia de la Unión respecto de los nutrientes de terceros países.”

Se  abren de esta forma nuevas posibilidades de producción y comercialización a gran escala de este insumo básico y clave para los cultivos agrícolas de la Unión Europea, puesto que el nuevo reglamento incluye y regula todos los tipos de fertilizantes (minerales, orgánicos, enmiendas del suelo, fertilizantes de liberación controlada, bioestimulantes, medios de cultivo, etcétera.).

El propio sector lleva ya un tiempo en este tipo de procesos para buscar soluciones alternativas a los fertilizantes inorgánicos, de menor coste e inferior impacto medioambiental, sin merma de su eficiencia, a través de la investigación y la innovación aplicada. Un ejemplo de ello es la liberación controlada de nutrientes, mediante recubrimientos poliméricos biodegradables

Por ejemplo, UBE Corporation Europe S.A. Unipersonal está metida en un proyecto, en colaboración con el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), en el cual se investiga el diseño y desarrollo de este tipo de fertilizantes en sus instalaciones de Castellón, iniciado en marzo de 2018 y que finalizará en marzo de 2020.

Se estudia la síntesis de diversas tipologías de recubrimientos poliméricos para los fertilizantes, basados en el sulfato amónico granular, que se caractericen por mejorar sustancialmente las premisas de biodegradabilidad y las propiedades de liberación controlada de nutrientes.

Para llevar a cabo este proyecto se destinó un presupuesto de 513.363 euros, cofinanciado por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), dentro del Programa Operativo de Crecimiento Inteligente 2014-2020, cuyo objetivo es potenciar la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación.

La normativa comunitaria aprobada es muy esperada por el propio sector y supone una especie de “carta verde” para que un uso más racional, eficiente y eficaz de este medio de producción en la agricultura no sea un obstáculo insalvable para el cumplimiento de los objetivos previstos sobre emisión de gases contaminantes de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera y de contaminación de suelos y aguas superficiales o subterráneas.

Límites de contaminantes

De hecho, el reglamento establece ya unos límites, armonizados en toda la UE, para una serie de elementos contaminantes o patógenos, presentes en los fertilizantes minerales fosfatados, como metales que pueden suponer un riesgo para la salud humana, animal o vegetal y para la salvaguarda del medio ambiente, por lo que se reduce su presencia a partir de la entrada en vigor de esta nueva normativa, que sustituye al Reglamento comunitario de abonos de 2003.

El cadmio (Cd) es uno de esos contaminantes, cuya presencia límite en los fertilizantes minerales fosfatado se reducirá de los actuales 90 mg/kg de P205 a 60 mg/kg. Además, se acuerda una etiqueta voluntaria de “Bajo contenido de cadmio (Cd)” o similar, o una representación visual a tal efecto para el producto fertilizante que tenga un contenido de cadmio inferior a 20 mg/kilo.

Uno de los puntos importantes es que solo podrán venderse libremente en toda la Unión Europea los fertilizantes que cumplan los requisitos y las normas de alta calidad y seguridad a escala comunitaria –niveles máximos obligatorios para contaminantes, empleo de categorías de materiales componentes definidas y requisitos de etiquetado-. Los fabricantes de fertilizantes de la Unión, que no lleven el marcado CE, tendrán aún la posibilidad de comercializar sus productos a escala nacional.

También deberán observar esas normas los fertilizantes importados de países terceros y la intención es dar un impulso a la producción y el uso de abonos fosfatados con bajo contenido de cadmio y de abonos orgánicos, ofreciendo una mayor variedad a los agricultores de este tipo de insumos y orientándolos hacia una agricultura más respetuosa con el medio ambiente, que es el principal y primer objetivo a tener en cuenta.

Entre los principales objetivos que se planteó ya la Comisión Europea en marzo de 2016, cuando decidió modificar la actual reglamentación, era incentivar la producción comunitaria de fertilizantes a gran escala a partir de materias primas orgánicas o secundarias no importadas, en consonancia con el modelo de economía circular, transformando, por ejemplo, los residuos, en nutrientes para los cultivos.

La mayor oferta y variedad prevista de nuevos nutrientes y abonos para la tierra debería reducir los costes de estos insumos claves para el desarrollo de la actividad agrícola, al aumentar su disponibilidad y la competencia y las posibilidades de sustitución. Ahí tiene puestas sus esperanzas el sector, puesto que las nuevas reglas deberían impulsar la producción y disponibilidad de fertilizantes orgánicos producidos en la UE y, a su vez, reducir la fuerte dependencia de las importaciones foráneas.

En la actualidad, los agricultores comunitarios vienen sufriendo una desventaja competitiva clara en relación con otros productores de países terceros, dado que los fabricantes europeos de fertilizantes minerales están protegidos de la competencia internacional, mediante derechos “antidumping” y aranceles aduaneros en las fronteras comunitarias, que encarece la oferta en el interior de la Unión.

Los fertilizantes representan en muchos casos hasta el 45% de los costes de los insumos de los cultivos agrícolas y, mientras que los precios de los cereales y de otros granos para el mercado siguen siendo bajos o están alineados con los de mercado internacional, los precios de los fertilizantes en la UE son mucho más altos que en otras regiones productoras del mundo.

Desequilibrio

Como apunta Pekka Pesonen, secretario general del COPA-Cogeca, la organización comunitaria que defiende los intereses de los agricultores y sus cooperativas, el colectivo agrario de la UE vende trigo y otros cereales, ya sea para exportación o para el mercado interior europeo, a precios del mercado mundial, mientras que soporta precios altos de este “input” agrícola. Y añade, la primera consecuencia es que el sector de cereales de la UE ha perdido cuotas significativas de mercado en los últimos años, en los que ha pasado de ser el segundo exportador mundial al cuarto puesto en la actualidad.

Esta situación –precios altos de este insumo y precios bajos de los cereales- ha creado un desequilibrio importante que tiene un impacto perjudicial en los ingresos y rentas de los agricultores europeos y si el objetivo del nuevo reglamento es poner a su disposición nuevas alternativas de fertilización de sus campos con las que poder reducir sus costes de producción, bienvenidas sean.

La nueva reglamentación se aplicará a partir del 16 de julio de 2022 (hasta entonces, los Estados miembros no impedirán la puesta a disposición en el mercado de productos introducidos como abonos denominados “abonos CE”, conforme a la anterior reglamentación), tras entrar en vigor ese mismo día del presente año. No obstante, algunos artículos del nuevo reglamento se aplicarán ya desde este 15 de julio y otra parte a partir del 16 de abril de 2020.

Antes del 16 de julio de 2026, la Comisión Europea presentará un informe al Parlamento Europeo y al Consejo, en el que se evalúe la aplicabilidad de la nueva norma y su impacto global en lo que respecta a la realización de sus objetivos, incluido el impacto en las pequeñas y medianas empresas. El informe incluirá una evaluación del funcionamiento del mercado interior de productos fertilizantes; una revisión de los valores límite del contenido de cadmio en los abonos fosfatados para ver si pueden volver a reducirse sobre la base de las tecnologías y las pruebas científicas disponibles, así como una evaluación de la aplicación de las restricciones relativas a los niveles de contaminantes, su toxicidad y carcinogenicidad.

El informe deberá tener en cuenta el progreso tecnológico y la innovación, así como los procesos de normalización que afectan a la producción y el uso de productos fertilizantes, acompañado, si procede, de propuestas legislativas.

Los Estados miembros, a su vez, tendrán que notificar los organismos autorizados para realizar tareas de evaluación de la conformidad para terceros a la Comisión y a los demás Estados miembros, regulándose las obligaciones de los mismos, que empezarán a funcionar a partir del 16 de abril de 2020.

Macromagnitudes del sector de fertilizantes en 2018

Durante el pasado año, las ventas de fertilizantes inorgánicos (nitrogenados, fosfatados, potásicos) en usos agrícolas en nuestro país se redujeron un 1,6% respecto a 2017, pero se incrementaron un 1,6% respecto a las del nivel medio del trienio 2015-17.  

Los fertilizantes nitrogenados, que son los más importantes en volumen, presentaron un descenso respecto al año anterior del 3,6%, bajando hasta 1.033.500 toneladas, pero fueron superiores en un 5,2% a las ventas de 2016 (982.200 toneladas).

Los fertilizantes fosfatados registraron una disminución del 2,32% de sus ventas en 2018 sobre un año antes, hasta 426.000 toneladas pero, si las comparamos con las realizadas en 2016 (415.000 t), son superiores en un 2,65%.

En cuanto a las ventas de fertilizantes potásicos durante el año pasado y respecto a 2017 aumentaron un 6,91%, con 414.800 toneladas, siendo éstas también un 9,42% superior si se las compara con las ventas (379.000 t) del ejercicio de 2016.

Según la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes de España (ANFFE), durante 2018 este sector industrial facturó por valor de 2.210 millones de euros, casi un 1,4% más que en el año anterior. La producción (de miembros de ANFFE) de productos terminados, incluyendo el autoconsumo y una pequeña parte no destinada a usos agrícolas, fue de 4,5 millones de toneladas (+2,3% sobre 2017), y de productos intermedios (ácido nítrico y amoniaco) de 1,2 millones de toneladas, la misma cantidad que en el año anterior.

Las ventas agrícolas nacionales de fertilizantes alcanzaron 5,1 millones de toneladas de producto (+2%); la importación (solo de producto agrícola, 3 millones de toneladas de producto (+7,1%), y la exportación alcanzó 2, 3 millones (+9,5%),  manteniéndose el empleo directo en unas 2.800 personas en esta actividad industrial.

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