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Impacto de los acuerdos comerciales en el sector agroalimentario de la UE: un nuevo y fútil 'brindis al sol'

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

El comisario de Agricultura, Januzs Wojciechowski, presentó en la última reunión del Consejo de Ministros de 25 de enero los resultados del estudio actualizado, respecto al de 2016, sobre el impacto acumulado en el sector agroalimentario de los 12 acuerdos de libre comercio, firmados por la UE o en curso de negociación. En concreto, sobre los efectos económicos previstos hasta 2030 de estas negociaciones y sobre las que vendrán. (El estudio completo se puede descargar al final de este artículo).

Este informe, elaborado, como entonces, por el Centro Común de Investigación (JRC, por sus siglas en inglés) confirmó, como era prever, la aportación globalmente positiva de la docena de acuerdos comerciales de terceros países o bloques con la UE (cinco ya concluidos, que entraron en vigor -Canadá, Japón, Vietnam-, o que finalizaron sus negociaciones -México, Mercosur- y otros siete, que están en la agenda comercial o en proceso de negociación -Australia, Nueva Zelanda, Chile, Tailandia, Filipinas, Indonesia y Malasia-).

Otros acuerdos comerciales, vigentes ya desde hace varios años (Suiza, Ucrania, Colombia, Perú y Ecuador, o Corea del Sur, no han sido analizados, pero sí se reflejan en el escenario de referencia por sus efectos (positivos) visibles en el comercio agroalimentario de la UE.

Como sucede en multitud de ocasiones en los que el bosque no deja ver los árboles, el comisario de Agricultura consideró los resultados de este último estudio todavía más positivos que en 2016, confirmando que “nuestro ambicioso programa comercial ayuda a los agricultores a aprovechar plenamente las oportunidades en el exterior, garantizando al mismo tiempo que disponemos de salvaguardias suficientes para los sectores más sensibles.”

A la vez, el comisario de Comercio y vicepresidente de la CE, Valdis Dombrovskis, se mostró igualmente satisfecho de que la Unión Europea haya podido encontrar un adecuado equilibrio entre ofrecer más oportunidades de exportación a los agricultores y protegerles al mismo tiempo, contra los posibles efectos perjudiciales del aumento de las importaciones.”

Sin la obligada necesidad de ser agoreros, ni de pensar que todo es lo contrario, tenemos que resaltar, una vez más, que la capacidad de la Comisión Europea para instalarse en la autocomplacencia y vanagloriarse a sí misma tiende al infinito, al menos cuando se refiere al sector agroalimentario comunitario. Y este estudio es, de nuevo, un buen ejemplo de este peculiar deslumbramiento.

Los ministros de Agricultura acogieron por lo general con agrado las conclusiones iniciales del informe del JRC, pero expresaron la necesidad de analizarlo con más detenimiento para abordar su discusión en una próxima reunión ministerial.

Varios de estos miembros, en un intercambio de puntos de vista sobre la evolución del comercio internacional y su impacto sobre el sector agroalimentario de la UE, volvieron a reclamar igualdad de condiciones en los acuerdos comerciales, como el de Mercosur, para garantizar que los agricultores europeos reciban un trato justo, recalcando la importancia de importar solo productos agroalimentarios de terceros países cuando estos respetan los altos estándares medioambientales y de sostenibilidad exigidos dentro de la UE al sector primario.

También una terna de europarlamentarios, que intercambiaron opiniones con el comisario Wojciechowski el 26 enero, mostraron sus reservas a los resultados y a la eficacia del mismo, señalando que “no se trata simplemente de sumar cifras, sino de ver cuál es la realidad sobre el terreno, para lo que sería crucial realizar un análisis más en profundidad, que examine a la vez el impacto económico, social y medioambiental de los acuerdos comerciales, en relación con la estrategia “De la granja a la mesa” y, en general, del Pacto Verde Europeo”, que tanto va exigir al sector productor comunitario, tan poco al sector de la industria agroalimentaria y nada a los consumidores, pese a que serán los principales beneficiarios.

Criticaron de nuevo la “política del avestruz” que lleva a cabo la Comisión Europea, al no querer ver las verdaderas consecuencias negativas de los acuerdos comerciales sobre, si no todas, sí respecto a determinadas actividades de producción comunitarias y de tratar de firmarlos a toda costa, en perjuicio -moneda de intercambio- de agricultores y ganaderos, que casi siempre pierden y se encuentran con menos en los mercados.

Sector hortofrutícola

Un ejemplo claro de ello lo tenemos en el sector exportador de frutas y hortalizas frescas, en el que España es uno de los principales productores y comercializadoras a nivel europeo y mundial, y donde siempre ha habido críticas por la especial cerrajón comercial de países terceros, que defienden con uñas y dientes su producción interna con una diversidad de barreras arancelarias y no arancelarias.

Según la revisión que de este último estudio hizo la Federación Española de Productores y Exportadores (FEPEX), en los dos escenarios que plantea -uno conservador y otro ambicioso sobre la liberalización arancelaria-, se evidencia un deterioro para la balanza comercial de frutas y hortalizas, al preverse que las importaciones crezcan por encima de lo que lo hacen las exportaciones comunitarias, incluso partiendo de una situación de base que ya es negativa.

FEPEX señala que la balanza comercial con los 12 países analizados en el informe de la JRC sufre un deterioro de 200 millones de euros, con Mercosur y Nueva Zelanda como los socios que mejoran más sus balanzas comerciales con la UE, poniendo en evidencia la escasa oportunidad que ofrecen estos acuerdos al sector exportador hortofrutícola.

En el caso del pacto comercial con Mercosur, si es que algún día entra en vigor, las exportaciones comunitarias serán, según esta patronal empresarial, de apenas 195,1 millones de euros en el escenario más conservador y de 195,2 millones en el más ambicioso, en contraste con importaciones de este bloque que alcanzarán los 1.198 millones de euros o los 1.197 millones, dependiendo del escenario de que se trate.

En relación a Chile, solo considerando un escenario conservador, las exportaciones de frutas y hortalizas comunitarias apenas serán de 7,7 millones de euros, frente a importaciones de 787,3 millones y, respecto a México, la diferencia estaría entre 31,3 millones de euros y 185,7 millones. Esta tendencia divergente se repetiría con otros socios, como Australia (36,7 millones de euros exportados y 179,5 millones importados…).

Repercusiones

La CE argumenta que el estudio ofrece un “potentísimo” argumento a favor de que la PAC sea fuerte y esté bien dotada de recursos en el futuro, porque es fundamental para los que quieren exportar y para los que producen para los mercados locales. También garantiza que produzcamos de forma sostenible, protegiendo el medio ambiente y contribuyendo al gran reto de lucha contra el cambio climático. Todo esto está bien, pero el problema no es la UE, sino si lo que importamos garantiza lo mismo que se exige a nivel comunitario, si existe una reciprocidad real en el plano comercial. Y ahí sí que hay muchas dudas.

Según la CE, el estudio destaca que la aplicación de los 12 acuerdos de libre comercio supondría un aumento equilibrado tanto de las exportaciones, como de las importaciones agroalimentarias de la UE, ligeramente superior de las exportaciones, que elevaría aún más la balanza comercial neta positiva del sector, con una previsión al alza en 2030, de 800 a 1.000 millones de euros, en función del escenario considerado. Además, las repercusiones sobre la producción y los precios de producción seguirían siendo moderadas. En concreto, las exportaciones agroalimentarias de la UE aumentarían un 2,8%-3,3%, en comparación con un escenario sin acuerdos de libre comercio, es decir, entre 4.700 y 5.500 millones de euros más.

En aves de corral, el estudio concluye que, según los escenarios conservador y ambicioso, las importaciones deberían aumentar un 22% y un 29%, respectivamente, y el aumento previsto del consumo interno de este tipo de carnes debería mantener los niveles de producción de la UE en 2030.

En carne de vacuno, las importaciones de la UE en ambos escenarios podrían aumentar entre 85.000 y 100.000 toneladas, mientras que las exportaciones lo harían entre 25.000 y 40.000 t, con precios de producción un 2,4% más bajos, con efectos marginales sobre el consumo y la producción al aumentar las ventas al exterior. En el marco del acuerdo con Mercosur, la UE permitirá la entrada en cinco años de 99.000 t de carne de vacuno, con un derecho del 7,5%.

En productos lácteos, las exportaciones aumentarían un 7,3% en 2030 y en 1.300 millones de euros, con un crecimiento aproximado del 0,2% de la producción y unos precios favorables, con un alza de 890 millones de euros de valor de mercado en 2030.

En carne de porcino, las exportaciones hasta 2030 aumentarían un 8,9% y en 914 millones de euros en el escenario más ambicioso, con precios de producción un 4,8% más altos y un 1% más de producción, con un aumento de 2.000 millones de euros en su valor de mercado.

En relación a los sectores considerados sensibles, las importaciones de arroz aumentarían entre un 2,2% y un 3,2%, lo que llevaría a disminuir la producción y los precios del arroz a nivel interno, mientras que en azúcar las compras crecerían un 12-13% en comparación con el escenario de referencia.

En el resto de sectores, las exportaciones de productos agrícolas transformados (PAT) aumentarían un 3,1% y en 1.700 millones de euros en un escenario ambicioso, mientras que las exportaciones de vino y de bebidas podrían crecer un 2%, añadiendo 834 millones de euros de valor de mercado en 2030.

Ejercicio teórico

La propia CE echa tierra sobre su propio estudio, calificado de “ejercicio teórico” y, en parte, lo invalida al constatar que sus resultados no reflejan ni la repercusión del Pacto Verde, ni el Acuerdo de Comercio y Cooperación de la UE con Reino Unido, ni la pandemia de Covid-19.

Considera, además, que el análisis de los efectos económicos y medioambientales en las repercusiones comerciales y económicas en el sector agroalimentario de la UE es un ejercicio “diferente” y “complicado”, que queda fuera del ámbito del diseño del estudio. Estos efectos, añade, se analizan en la evaluación del impacto sobre la sostenibilidad (EIS), que acompaña a cada acuerdo bilateral. Y concluye señalando que los objetivos del Pacto Verde siguen siendo una prioridad para la Comisión, también en términos de intercambios comerciales, y que “la UE colaborará de forma proactiva con todos los socios comerciales y hará un mejor uso de los acuerdos comerciales existentes y futuros para reforzar la sostenibilidad alimentaria. Dicho en  “roman paladino”: estamos ante un nuevo “brindis al sol” de la CE, que servirá para resolver muy poco o nada los problemas que existen y que seguirán produciéndose, con más crudeza incluso, en el comercio de productos agroalimentarios de la UE con países terceros.

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