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La PAC 2023-2027: el reto de hacer más, con menos y, además, hacerlo mejor

Pablo Rodríguez Pinilla. Ingeniero Agrónomo, Comunicador-divulgador agroalimentario

Ya, por fin, parece que el campo europeo va viendo la luz al final del túnel. De momento, es solo una luz tenue, pero en los próximos meses se irá haciendo más intensa y, esperemos, podamos tenerla perfectamente definida a primeros de 2021. Como ya se habrán podido imaginar, hablamos de la nueva PAC, esa PAC que regulará el campo europeo desde  2023 hasta 2027, previo paso, eso sí, por el periodo transitorio 2021-2023.

Son tantas las circunstancias que han venido sucediéndose a lo largo de estos años de negociación, que la PAC 2023-2027 bien podría llamarse “La Deseada” o “La Accidentada”, como si de una gran sinfonía se tratase. Evito el nombre de “La Retrasada”, posiblemente el más apropiado, para evitar  las connotaciones negativas que pudieran derivarse.

Bromas aparte, una vez que la pasada semana, tanto en el Consejo de Ministros de Agricultura de la UE, como en el Parlamento Europeo, se acordaron las directrices de la PAC que cada “parte” va a defender, llega el momento de la verdad (parece mentira decir esto casi tres años después del inicio de las negociaciones), en el que habrá que buscar el equilibrio entre lo que quieren unos, y lo que quieren otros, para terminar de dar forma a una Política Agraria Común que va a cambiar, en gran medida, la forma de producir en Europa.

Más allá de la reducción del presupuesto, los “Ecoesquemas”, el Agricultor Genuino o los Planes Estratégicos Nacionales, son algunas de las novedades que nos encontraremos en los Reglamentos que articularán la nueva PAC y con los que los productores deberán hacer encaje de bolillos para tratar de aproximarse al importe que actualmente reciben vía PAC. En este sentido, llama la atención el supuesto carácter voluntario de los Ecoesquemas ya que, de no ponerlos en práctica, los productores verán reducidos sus ingresos entre un 20 y un 30%, cantidad considerable si tenemos en cuenta que en España, de media, la PAC representa aproximadamente 1/3 de la renta agraria, y más todavía, si consideramos que, nos guste o no, habrá una reducción en el presupuesto destinado a la principal política común de la Unión Europea.

Habrá tiempo de valorar cada una de estas novedades cuando estén mejor definidas, pero mientras tanto, sí me gustaría dedicarle unas líneas a los Planes Estratégicos Nacionales, la clave de esta nueva PAC, una herramienta que, a mi juicio, hace muchas décadas que debía haberse utilizado y que, dicho sea de paso,  hubiera evitado muchas de las críticas que la PAC ha venido sufriendo en los últimos años por buena parte de la sociedad. Pero como suele decirse, “nunca es tarde, si la dicha es buena” así que olvidémonos del pasado, y centrémonos en el futuro próximo y en lo que podrán aportar los Planes Estratégicos Nacionales a cada Estado.

En primer lugar, creo que la primera aportación será una mayor EFICIENCIA en el gasto público ya que, el presupuesto, podrá destinarse a cuestiones verdaderamente útiles, necesarias y adaptadas a cada Estado. A nadie se le escapa ya a estas alturas que, en lo que a geografía, orografía o climatología se refiere, nada tiene que ver España con Suecia, Grecia con Alemania, o Italia con Francia y, por tanto, no tiene ningún sentido que todos tengamos, prácticamente, las mismas directrices, los mismos objetivos y las mismas actuaciones como requisitos para recibir el dinero de la PAC.

COHERENCIA, sería otra de las consecuencias directas de la puesta en marcha de los Planes Estratégicos Nacionales y que, sin duda, generaría un efecto muy positivo en la percepción que muchos agricultores y ganaderos tienen sobre la PAC, desencadenando un compromiso real, más allá de lo estrictamente económico, que serviría para mejorar notablemente la puesta en práctica de las diferentes actuaciones destinadas a mejorar, no sólo la parte productiva, sino también la medioambiental.

Y, como consecuencia de esa EFICIENCIA y COHERENCIA, que confío nos lleguen con los Planes Estratégicos, creo que alcanzaremos lo realmente importante: los RESULTADOS. Unos resultados que serán mirados con lupa, como es lógico, desde el conjunto de la Unión Europea, y que medirá en buena medida, no solo la competencia y profesionalidad de nuestros productores a la hora de conseguir los diferentes objetivos marcados, sino también la de nuestros gestores y gobernantes.

Tenemos ante nosotros, sin duda, una gran responsabilidad, pero también una gran oportunidad: decidir cómo queremos que se aplique la PAC en nuestro país, en nuestra comarca, en nuestro término municipal y, como consecuencia, en nuestra explotación. Por ello, es sumamente importante que, a la hora de diseñar el Plan Estratégico de España, rememos todos en la misma dirección y definamos, de forma profesional y desapasionada, todas y cada una de las actuaciones que nos permitirán cumplir objetivos y ser el espejo en el que otros países deban mirarse para superar este reto de “autogestión”, pero también para aprovechar esta gran oportunidad que se nos presenta.

En unos meses, por tanto, conocida ya la PAC definitiva, resultado de las negociaciones del “Trílogo”, deberemos seguir trabajando para diseñar ese Plan Estratégico que nos permita adaptar la normativa a nuestra realidad y optimizar el gasto del dinero que llegue desde la Unión Europea.  

El reto es grande y ya lo tenemos sobre la mesa: hacer más, con menos, y además, hacerlo mejor. No podemos, por tanto, con independencia de que se llame “La Deseada”, “La Accidentada” o, incluso, “La Retrasada”, desafinar en esta sinfonía de la que depende el futuro de miles de familias y de todo un sector.

La receta para conseguirlo está clara: trabajar como una buena orquesta, de forma coordinada, sincronizada, disciplinada, generosa y donde el objetivo final es conseguir un sonido colectivo óptimo, en nuestro caso, un Plan Estratégico Nacional que sirva para aplicar, de forma óptima, la nueva PAC.

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