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Las cuentas y los cuentos de Azucarera

firma ricardo

A estas alturas todavía algunos se preguntarán cuáles son las razones verdaderas, las de fondo -no las dadas en la rueda de prensa del pasado 4 de diciembre- por las que el grupo AB Azucarera decidió comunicar el recorte del precio a pagar por la remolacha en 6 €/tonelada a partir de la próxima campaña 2019/2020 (siembras de primavera en la zona Norte), bajando de una media de 32 €/tn en la actualidad a 25,6 €/tn, a lo que se sumarían complementos.  

Cuáles son las razones profundas cuando aún está en vigor hasta esa campaña incluida el Acuerdo Marco Interprofesional (AMI) que firmaron para cinco años los representantes del sector productor remolachero y la empresa, con la intermediación de la Junta de Castilla y León, previendo el fin de las cuotas de producción a finales de septiembre de 2017.

Y ello a pesar también de ser cierto que en ese acuerdo existe una cláusula para cambiar las condiciones de contratación en situaciones de gravedad para el cultivo o para la producción de azúcar. Sí, pero no de forma unilateral, como pretende hacer Azucarera, sino con el consenso de todo el sector e incluso de las Administraciones implicadas.

¿Sabía Azucarera de antemano la negativa reacción del sector productor de remolacha ante su propuesta? Por supuesto. No iban a dar sus bendiciones cuando se les recorta contra su voluntad el precio a pagar por la raíz, fijado en un acuerdo marco, y se pone en riesgo la propia rentabilidad y puede que incluso la supervivencia de este cultivo.

La decisión de Azucarera es como la de aquel niño con rabieta que, como va perdiendo, quiere cambiar las reglas de juego a mitad del partido, unas reglas que le estaban beneficiando cuando iba ganando. Por muy simple que esto sea o que parezca.

Pero no solo eso. Es posible que haya más detrás de esa decisión. ¿No estará Azucarera preparando el terreno para cuando concluya en 2020 el vigente AMI? ¿No estará incluso dinamitando cualquier posibilidad de acuerdo marco interprofesional a partir de ahora? e incluso, como han avanzado de forma extrema algunas organizaciones agrarias de Castilla y León, ¿no estará preparando su futura salida de España, justificándolo dentro de poco con que el cultivo ya no es rentable para los cultivadores, porque estos ya no siembran lo suficiente como para mantener sin ociosidad la actividad de sus cuatro fábricas (tres en la Zona Norte -La Bañeza, Benavente y Miranda de Ebro-, una en el Sur -Guadalete-)?

El cambio de modelo de contratación, que anunciaron el consejero delegado de AB Azucarera, Juan Luis Rivero, y la directora de la División Agrícola, Salomé Santos, a partir de la campaña 2019/20 parece ir en otro sentido. Como dijeron: se trata de asegurar el mantenimiento del cultivo en España y la rentabilidad de los agricultores y de la empresa para los próximos años, aunque teniendo en cuenta la variable de los precios internacionales del azúcar. Cuando estos suban, a partir de los 575-600 €/tonelada, los cultivadores se beneficiarán con un aumento del complemento de pago. Y si están en ciclo bajo de precios, como en esta última campaña, los responsables de Azucarera aseguran que se le garantizaría unos ingresos mínimos para que no pierdan y cubran al menos sus costes de producción. Lo cierto es que el precio de referencia del azúcar establecido por la Unión Europea es de 404 euros/tn y las cifras que maneja Azucarera son casi un 50% superiores, es decir, los agricultores perderán renta si o sí en el 90% de los casos, lo que no ocurre para Azucarera que con esos precios tendría unos ejercicios muy saludables.

Los cálculos de Azucarera

Pero, ¿en qué cálculos se basa Azucarera? Aquí se puso el ejemplo de un agricultor de la zona Norte (Castilla y León, Álava, La Rioja y Navarra) con una superficie de 100 hectáreas de remolacha azucarera y un rendimiento medio de 100 tn/ha, que pasaría con este nuevo modelo a obtener un beneficio aproximado de 1.000 €/ha durante un ciclo bajista de precios internacionales, es decir, en el peor de los casos, frente a unos 1.600 €/ha que de media obtiene ahora con el vigente modelo de contratación.

Con el nuevo modelo de contratación se partiría de un precio base por la raíz de 26 €/tn, que supondría unos ingresos de 2.600 €/ha (26 €/tn, con rendimiento medio de 100 tn/ha). A estos ingresos se sumarían aproximadamente otros 1.000 €/ha entre la ayuda asociada de la PAC (500 €/ha de media) y la ayuda agroambiental (entre 400-500 €/ha), resultando unos ingresos totales de 3.600 €/ha de media.

Frente a estos hipotéticos ingresos, los costes de producción para el cultivador asciende a unos 2.000 €/ha, más otros 500-600 €/ha por regadío. En total, entre 2.500-2.600 €/ha, lo que dejarían un beneficio, tras descontar esos costes, de unos 1.000 €/ha. Este sería el mínimo en una situación de ciclo bajo en los precios. Y cuando vuelva el ciclo de crecimiento de los precios internacionales, que Azucarera estima, en principio, a partir de 575-600 €/t, se sumaría un complemento al precio base del azúcar.

Sin embargo, en el sector, es por todos sabido (salvo para Azucarera) que para cultivar una hectárea de remolacha el agricultor debe arriesgar unos 3.000 euros (si la tierra es en propiedad) o 3500€ si se hace en renta. ¿Cuánto le quedaría al agricultor? Pues en este último caso, cambiaría el dinero si llega a las 100 tn/ha. Y si viene malo el año, pues directamente pierde. Por tanto, al agricultor le compensa sembrar un cereal, no arriesgar casi nada y como mínimo le quedaría limpia la subvención de la PAC.

En palabras del CEO de Azucarera, el objetivo último es que todas las partes  implicadas en el nuevo modelo de contratación –cultivadores e industria- compartan los ahorros de costes de producción de la remolacha y el azúcar, que se deberán seguir realizando para mantener este cultivo y también los beneficios que se puedan obtener con el cambio de un ciclo bajista a otro alcista en los precios internacionales del azúcar. Y  si es así, este cultivo tiene en España, ya que ahora mismo producimos poco más de 500.000 toneladas de azúcar, cuando la demanda interna de esta materia prima supera los 1,3 millones.

Las organizaciones profesionales agrarias de Castilla y León, sin embargo, se han visto invadidas por la incredulidad y el escepticismo con las palabras de Rivero. No se creen apenas nada, tras ver cómo ha venido funcionando durante estos últimos años un AMI que firmaron juntos, con las ayudas comunitarias y las dispuestas por la propia Junta autonómica. Un AMI que, paradójicamente, se ha puesto siempre por parte de la Comisión Europea y del Ministerio de Agricultura como ejemplo de lo que deberían ser los acuerdos interprofesionales entre agricultores e industria de transformación.  

Lo que pasa también es que Azucarera ya no tiene tanta necesidad de firmar un AMI si le basta con firmar un documento con Agroteo, empresa perteneciente a Azucarera (51%) y a la que han ido favoreciendo para que los agricultores contraten con ella y así tener más de un 50% de la remolacha bajo su paraguas, cifra mágica para no tener que firmar un AMI con las Opas.

Mantener el acuerdo

La respuesta de la Junta de Castilla y León, la principal zona de cultivo de remolacha azucarera, se hizo esperar unos días, pero fue contundente. La portavoz del Gobierno y consejera de Agricultura, Milagros Marcos, exigió a la empresa que mantenga las condiciones del AMI suscrito con los remolacheros y con el Ejecutivo autonómico y cuya vigencia se extiende hasta el año 2020.  Marcos recordó que, a pesar de que en estos momentos existe un problema de precio del azúcar en los mercados internacionales, Azucarera obtuvo beneficios en años anteriores, que no distribuyó entre los cultivadores, añadiendo que hay que estar tanto en una situación, como en otra o, en términos más coloquiales, “a las duras y a las maduras”.

La consejera reprochó a Azucarera que adoptara una decisión unilateral y la diera curso (aunque está por ver cuál será su resultado final), insistiendo en que cualquier modificación del vigente AMI se negocie en las mesa de seguimiento con los cultivadores y con Ejecutivo autonómico que, dijo, aporta 22 millones de euros cada año para elevar en alrededor de 10 €/tn el precio a pagar por la remolacha entregada a molturación. Unos fondos que se acordaron conceder precisamente, recordó Marcos, para hacer frente a las posibles consecuencias sobre las cotizaciones de la desaparición de las cuotas de producción en la UE en un cultivo tradicional en Castilla y León, que genera 6.000 empleos directos y aporta unos 100 millones de euros anuales por producción, siendo además el que más jóvenes incorpora al campo.

Tormenta perfecta

Los representantes de Azucarera justificaron la necesidad del cambio del modelo de contratación de la remolacha azucarera en la “tormenta perfecta”, generada tras la desaparición de los contingentes de producción a partir de octubre de 2017, que llevó a un fuerte incremento de la producción en Europa, pero también a un exceso de azúcar en el mercado internacional por las alzas de oferta en Brasil y la India, que elevó de forma considerable los stock de esta materia prima y hundió su precio por debajo de 350 €/tn en la UE en el último verano.  

La situación real de los fabricantes europeos de azúcar, añadieron, es que todos han incurrido o están incurriendo en pérdidas en las campañas 2017/18 y 2018/19. En el caso de AB Azucarera las pérdidas, antes de impuestos, fueron de 37 millones de euros en 2017/18 y se espera que lleguen a ser del orden de 40-45 millones en la vigente 2018719, frente a unos beneficios de 39 millones en la 2016/17. También se nos olvida que entre 2011 y 2014 Azucarera ganó más de 200 millones de euros. Luego las arcas de ABF están bien nutridas gracias a los beneficios de una compañía que le costó 350 millones de euros hace 10 años.

Por eso, argumentaron, que en un entorno comercial globalizado y abierto, tras desaparecer los límites a la producción y el precio mínimo que existían en la UE, es necesario cambiar el modelo actual para asegurar la sostenibilidad del cultivo y el negocio empresarial.

Este cambio pasaría por ir hacia una convergencia general de precios del azúcar blanco en la propia Unión Europea y, a la vez, por ir aproximándose a converger con los precios internacionales, copados por los de la caña de azúcar, que representa el 80% de la oferta mundial de esta materia prima. Las exportaciones europeas de azúcar deberán jugar un papel clave en el inmediato futuro en el sostenimiento del balance interno, al igual que lo hacen ahora las importaciones desde países terceros en el mercado de la UE.

¿Podrá sobrevivir nuestro sector remolachero-azucarero bajo estas nuevas condiciones?

Ahora mismo es una incógnita, a pesar de los muchos avances e inversiones que se han realizado en estos últimos años tanto en el cultivo, como en la mejora de la eficiencia productiva de las fábricas. Posiblemente todo pase por continuar exprimiendo la reducción de los costes de producción, con la adaptación y aplicación de las nuevas tecnologías en semillas e infraestructuras de regadío y, a la vez, procurando aumentar un poco más los rendimientos por hectárea de cultivo, así como por una mayor aportación de valor añadido de la actividad industrial (economía circular, aprovechamiento total de los subproductos, cogeneración eléctrica, uso de excedentes para producir etanol, mejora logística, etc.).

De cualquier manera, por sentido común, si a 42 euros/t Azucarera venía perdiendo más de 1.000 has. de cultivo por año, imagínense las que va a perder bajando ese precio a menos de 36 euros/tn. Difícil está el panorama.

Corto y medio plazo

A corto plazo, la CE observa signos de recuperación de los precios del azúcar en la campaña 2018/19, frente a los mínimos de 346 €/tn de julio pasado, y una producción de 18,7 millones de toneladas, que sería un 11,4% inferior a la de la campaña anterior, la primera sin cuotas, que llegó a dispararse hasta 21,1 millones.

La International Sugar Organization (ISO) estima en su último balance de mercado de la campaña 2018/19 un descenso de la producción mundial de azúcar de 3 millones de toneladas, hasta 180 millones; un aumento del consumo en tres millones, hasta 178 millones de toneladas; un fuerte descenso del azúcar excedentario, desde 7,3 millones a 2,2 millones de toneladas, y un alza ligera de los stocks finales de 92 a 93 millones de toneladas.

A medio plazo, para el periodo 2018-2030, la CE considera que las iniciativas sobre la salud y las preferencias de los consumidores conducirán a una disminución del consumo de un 5% en la Unión Europea. Para 2030 se espera que la producción comunitaria de esta materia prima alcance 19,3 millones de toneladas frente a los 18,6 millones que estima en 2018, bastante por debajo de los 21,1 millones de la anterior campaña 2017/18, la primera tras la desaparición de las cuotas.

De acuerdo a estos cálculos el consumo interno de azúcar en la UE podría descender de los actuales 18,5 millones a 17,7 millones de toneladas en 2030. En cambio, como datos positivos, las importaciones de esta materia prima caerían cerca de un 8%, desde 1,3 millones a 1,2 millones de toneladas y, por el contrario, las exportaciones podrían aumentar más de un 33%, pasando de 2,1 millones en 2018 a 2,8 millones de toneladas en 2030, dejando unos stocks estables de 1,9 millones de toneladas.

¿Peca la Comisión Europea de ser demasiado optimista? Es posible. ¿Es un escenario tan malo como lo pintan ahora los representantes de AB Azucarera? Creemos que no. El consumo internacional va a seguir creciendo a ritmos del 2% (unos 3 Millones de toneladas anuales) como consecuencia de los mayores consumos esperados en Asia y Africa que compensarán con creces los retrocesos en los países más desarrollados.

Sea quien sea el que tenga razón, unos y otros, todos, se pueden equivocar. En todo caso, no hay duda de que si quiere sobrevivir (sobre todo en países como España) el azúcar blanco comunitario, fabricado a partir de remolacha azucarera, deberá ganar en los próximos años mayor presencia en el escenario internacional que la que ahora mismo tiene, para lo cual tendrá que alinearse como sea o como pueda con los precios de esta “comodity” en el mercado mundial, y, por supuesto,  la Unión Europea deberá defender que el comercio internacional del azúcar sea honesto no permitiendo que países como India, Brasil, Paquistán, Indonesia…. manipulen los precios internacionales, haciendo que el comercio de este alimento sea justo.

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10/06/2019

Los animales, mejor valorados que los políticos

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

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