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Los GEI contaminantes de la agroalimentación

firma ricardo

El sector primario (agricultura, ganadería, silvicultura y pesca) juega un papel relevante en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), pero también relativo en relación a otras fuentes de emisión contaminante. Y lo explicamos.

Según la Cuenta de Emisiones a la Atmósfera (2016 y avance 2017), presentada a finales de noviembre por el Instituto Nacional de Estadística (INE), las emisiones de GEI del sector primario representaban un 11,7% del total, con cerca de 40,4 millones de toneladas de Dióxido de Carbono equivalente (tCO2e) sobre casi 343,96 millones de tCO2 emitidas a la atmósfera por los distintos sectores productivos y hogares durante el año pasado.

El sector primario se situaba en las emisiones GEI a la atmósfera bastante por detrás de las realizadas por el conjunto de la industria manufacturera (24,7% y casi 85,07 millones de tCO2); de la industria de suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua (23,1% y 79,58 millones de tCO2); de los hogares (20,9% y casi 71,87 millones de tCO2), y más cerca, aunque por detrás también de las emisiones de la actividad del transporte y almacenamiento (14,2% y casi 48,81 millones de tCO2).

Los principales GEI en función del volumen o cantidad de emisiones enviadas a la atmósfera son el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O). Para realizar la comparación de las emisiones de efecto invernadero distintos del CO2, todos estos gases son convertidos a su valor de dióxido de carbono equivalente (CO2e), multiplicando la masa del gas en cuestión por su potencial de calentamiento global.

En 2017, las emisiones GEI a la atmósfera aumentaron un 2,6% respecto al año anterior, pero las relacionadas con la actividad primaria se redujeron, por el contrario en un 7,7% que, a la postre, representó la bajada relativa más importante de todos los sectores productivos y los hogares, mientras que las de suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua aumentaron nada menos que un 12,2%, debido, entre otros factores, a la sequía.

Un 46,5% del total de las emisiones GEI realizadas por la actividad primaria, con 18,78 millones de tCO2e correspondieron a emisiones de metano; otro 32,8% y casi 13,27 millones de tCO2e a emisiones de óxido nitroso y, por último, un 20,6% y 8,32 millones de tCO2e a emisiones de dióxido de carbono propiamente dichas, a pesar de que este último gas es el que más contribuye, con mucha diferencia, en su faceta contaminante a la atmósfera, con un 82,9% del total de las emisiones GEI en 2017, con cerca de 285,24 millones de tCO2e, un 3,8% más que en el año anterior, aportando a mayores 3,116 puntos porcentuales en la subida general del 2,6% anual.

El sector primario contribuyó con menos de un 3% del total de las emisiones de CO2 a la atmósfera, de ahí su importancia relativa como actividad contaminante, pero, sin embargo fue la actividad productiva que mayores cantidades de metano y de óxido nitroso emitió, con el 59,5% y el 76,1% del total, respectivamente, en tCO2e.  

Potencial contaminante

Hay que destacar que el potencial contaminante tanto del metano, como del óxido nitroso en la atmósfera es mucho más elevado que el que tiene el dióxido de carbono. Por ejemplo, una unidad de metano (CH4) calienta nuestro Planeta como 25 veces más que una unidad de CO2, pero en la atmósfera hay 220 veces más de CO2  que de metano. De ahí que la contribución final al efecto invernadero de este último gas sea mucho menor, a pesar de ser más contaminante que la del dióxido de carbono.

Metano

Las emisiones globales de metano (CH4) a la atmósfera fueron de cerca de 31,58 millones de tCO2e, que representan apenas un 9,2% de las emisiones GEI totales, con un aumento del 0,9% sobre 2016 y con una incidencia de 0,082 puntos porcentuales sobre el aumento del 2,6% de las emisiones.

El sector primario contribuyó con un 59,5% del total de esas emisiones, con 18,79 millones de tCO2e, por delante de la actividad de suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua. En el sector agrario, las emisiones de CH4 son debidas principalmente a los gases que liberan los animales rumiantes de digestión poligástrica, como el vacuno o el ovino-caprino.

Óxido nitroso

A su vez, las emisiones globales de N2O (óxido nitroso) a la atmósfera se elevaron a 17,43 millones de tCO2e., representando un 5,1% del total de las emisiones de GEI contaminantes, con un aumento del 4,1% sobre 2016 y una incidencia de 0,206 puntos porcentuales sobre el aumento del 2,6% del total de emisiones GEI.

El sector primario contribuyó con un ampliamente mayoritario 76,1% del total, con casi 13,27 millones de tCO2e, debido a la propia actividad agraria, que libera bacterias de ese gas del suelo y al  uso de fertilizantes nitrogenados.

Su valor contaminante es por unidad mucho más elevado que el impacto medioambiental del dióxido de carbono, pero su presencia en la atmósfera es muy inferior en cantidad por su menor nivel total de contribución.

Otros gases

El análisis del INE recoge también, aunque en este caso con datos de 2016, las emisiones a la atmósfera de otros gases contaminantes dentro de los óxidos de nitrógeno (NOx), aunque de menor importancia cuantitativa, como el monóxido de nitrógeno (NO) o el dióxido de nitrogéno (NO2). Su emisión fue en ese año de 913.000 de dióxido de nitrógeno equivalente (tNO2e),  un 4,9% menos que en 2015.

El sector primario fue el segundo emisor de NOx, con un 23,7% y unas 216.400 tNO2e, con un descenso del 2,8% respecto al año anterior, situándose por detrás del sector de transporte y almacenamiento, con un 26,3% y 239.700 tCO2e, con una caída del 3,1% sobre 2015, y por delante de los hogares, con un 18,7% y 170.600 tCO2e, que registró un alza del 0,9%. Estos tres sectores representaron un 68,7% del total de las emisiones contaminantes de óxidos de nitrógeno en 2016.

El INE añade también las emisiones de partículas de diámetro aerodinámico inferior a 10 micras (PM10), cuyo envío contaminante a la atmósfera fue de 202.300 toneladas en 2016, un 1,3% más que en el año anterior

Las mayores cantidades de partículas PM10 emitidas a la atmósfera fueron las de Agricultura, Ganadería, Selvicultura y Pesca, con 91.200 toneladas, un 45,1% del total, con una pequeña variación al alza del 0,1% sobre el año anterior, por delante de los hogares, con 31.800 toneladas (31,8% del total y un descenso del 0,2%). Ambos sectores representaron el 76,9% de las PM10 totales emitidas.

Sector clave

El sector agrario será clave en el marco de la Estrategia Europea en materia de cambio climático de cara al año 2050. Estrategia con la que la UE confía en dar respuesta a los objetivos de reducción de GEI en la atmósfera incluidos en el Acuerdo de París, que entrará en vigor en el próximo 2020. Su papel para cumplir este objetivo es bastante complejo por diversas razones, como reconoció el actual comisario europeo de Energía y Acción por el Clima y exministro español de Agricultura, Miguel Arias Cañete.

En el año 2050 se prevé que haya un 30% más de población que alimentar y, por tanto, se tendrán que producir de una u otra manera muchos más alimentos. A la vez, la agricultura deberá contribuir, como cualquier otro sector de actividad productiva y en la medida de sus posibilidades, a reducir sus emisiones de gases contaminantes a la atmósfera, tanto las que lidera (metano y óxido nitroso), como las que no (dióxido de carbono). Entendiendo que nunca las podrá reducir en su totalidad si, a la vez, tiene que aumentar la producción de alimentos.

Su papel como emisor de GEI no es desdeñable y está bastante acotado para acometer su posible reducción. Pero también es fundamental su papel como sumidero de CO2, que habrá que mantener e incluso aumentar mediante la continua mejora en la gestión de los bosques, a través de políticas adecuadas de reforestación,  o por medio del fomento y apoyo productivo de biomasas, de biogás y de biocombustibles fabricados partir de una eficiente gestión de residuos y de subproductos de origen agrario o forestal.

Víctima del cambio climático

A su vez, el sector agrario está siendo también una de las mayores víctimas del cambio climático y sus consecuencias sobre el calentamiento del Planeta, causado principalmente por el aumento de las emisiones mundiales de CO2, un gas contaminante de efecto invernadero de larga duración, responsable de más del 82% de ese aumento en la última década.

Petteri Taulas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) afirmó recientemente que “la ciencia es clara: si no reducimos rápidamente las emisiones de dióxido de carbono y de otros GEI,  el cambio climático tendrá efectos cada vez más destructivos e irreversibles en la vida terrestre. Nuestras oportunidades de actuación están a punto de agotarse. Según la OMM, los niveles de GEI, que atrapan el calor en la atmósfera, alcanzaron un nuevo máximo sin precedentes en 2017 y no hay indicios de inversión en esa tendencia, que está desencadenando un cambio climático a largo plazo, la subida del nivel del mar, la acidificación de los océanos y un mayor número de fenómenos meteorológicos extremos.”

Las proyecciones difundidas hace poco también por los investigadores del Global Carbon Project apuntan en el mismo sentido y prevén que en este último año 2018 las emisiones mundiales de CO2 hayan vuelto a crecer alrededor de un 2,7% respecto a un año antes, hasta alcanzar los 37,1 gigatoneladas. Si estos datos se confirman, estaremos ante un nuevo récord negativo nunca visto en la historia de la Humanidad.

Un 60% de estas emisiones de dióxido de carbono está en manos de cuatro potencias: China (28% del total y una previsión de aumento del 4,7% en 2018, hasta 10,3 Ggtn en 2018) Estados Unidos (un 14,6% del total y un +2,5% de aumento, con 5,4 Ggtn), La Unión Europea (un 9,4% del total, con previsión de descenso del 0,7%, con 3,5 Ggtn en 2018) y La India (un 7% del total, con un aumento previsto del 6,3% y con 2,6 Ggtn en 2018).

Es un hecho que las consecuencias del cambio climático son todo un desafío para el futuro y que en el presente están afectando cada vez más a nuestra agricultura. Las condiciones climáticas extremas, los cambios en la estacionalidad y la variabilidad meteorológica impactan de lleno en la producción y en la calidad de las materias primas y, por ende, en el suministro de alimentos, según la Comisión Europea.

En el verano pasado, Europa se enfrentó a esas condiciones climáticas extremas, con graves repercusiones en la producción, con una sequía que afectó a muchos países del Centro y Norte de la UE, provocando una caída significativa de la cosecha comunitaria de cereales, dejándola un 8% por debajo de la media del último lustro. Esta adversidad provocó también una escasez de forrajes que, a su vez, generó más sacrificios de animales y un aumento de la producción bovina de carne.

La Comisión Europea señala, pese a todo, que la Política Agrícola Común (PAC) ha evolucionado para ayudar a la agricultura comunitaria a ser cada vez más respetuosa con el medio ambiente y el clima, con resultados más que evidentes: desde el año 1990 se ha producido una reducción del 23% de las emisiones de GEI de origen agrícola, mientras que la superficie de cultivo ecológico se ha incrementado un 5,5% anual en los últimos diez años.

Aún así, continúa siendo la principal emisora de GEI muy contaminantes, como el metano y el óxido nitroso, que solo se podrán frenar o reducir, sin merma de la productividad, en los próximos años a través de la investigación aplicada y la innovación tecnológica en agricultura y ganadería. Prácticamente imposible será evitar que este sector no continúe siendo una de las principales víctimas de las consecuencias y de los efectos directos de las adversidades meteorológicas extremas sobre las cosechas, causados por el cambio climático.

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11/04/2019

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