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Luces y sombras del sector avícola en España

Ángel Marques Ávila. Periodista

La industria de carne avícola representa un 27% del consumo de carne en nuestro país, con una facturación de 2.300 millones de euros anuales, y una producción de más de 700 millones de aves (1.6 millones de toneladas).

A pesar de este tamaño y de su importancia en la alimentación de millones de personas, tradicionalmente no ha sido considerado como el motor económico que verdaderamente es. Y tampoco se ha reconocido la calidad de este producto, esencial por su aportación en forma de vitaminas y proteínas esenciales para el bienestar de los consumidores.

Desde el MAPA, nos declaran que el año 2019 se ha caracterizado por un nuevo incremento de la producción, tanto de carne de pollo como de otras especies, manteniéndose la tendencia ascendente de la carne de pavo. Por otra parte, el año también ha venido marcado por el descenso en las exportaciones hacia la UE y la recuperación del mercado Sudafricano como primer destino de nuestras exportaciones a terceros países. Otro de los datos significativos en el sector de la carne de ave es el descenso continuo en el consumo de carne fresca en hogares, que es una de las razones que propician una estrategia comercial de búsqueda de mercados exteriores. En cuanto al precio de la carne de pollo se mantiene la irregularidad típica, aunque este año en niveles inferiores a los que se venían observando años anteriores, seguramente consecuencia de una mayor oferta, al haber más producción y sin embargo haberse exportado menos. Como conclusión final, cabe destacar que el sector se encuentra en un momento de crecimiento, con aumento tanto del número de explotaciones como de la producción.

La Interprofesional de la avicultura de carne de pollo en España (PROPOLLO), representa al 95% del sector de carne de ave, agrupando a más de 8.000 granjas, 280 centros de despiece, 150 mataderos operativos, 50 salas de incubar y 280 salas de despiece, generando un total de  más de 45.000 empleos directos e indirectos, y supone una aportación a la economía de más de 2.300 millones de euros al año.

Jordi Monfort, secretario general de esta organización nos dice que “muchos no son conscientes de que la industria avícola es una de las más innovadoras y avanzadas en temas de bioseguridad y sostenibilidad en nuestro país. Y esto se debe a importantes inversiones en nuestras instalaciones y procesos productivos a lo largo de los últimos 15 años, que nos convierten en una de las industrias pioneras en genética, crianza y bienestar animal".

GOLPE DURO

La industria avícola ha sufrido un grave impacto debido a las consecuencias del COIVID19, y aún así es uno de los sectores estratégicos de nuestra economía que no ha parado en ningún momento para seguir abasteciendo a una población que nos necesitaba más que nunca, nos declara Monfort. Con el canal HORECA totalmente paralizado, este sector perdía cerca del 25% de la demanda de carne avícola, lo que supone abordar unas pérdidas potenciales de más de 600 millones de euros.

Inicialmente con un gran aumento de la demanda (primeros 15 días del Estado de Alarma), después un frenazo en el consumo y luego estabilización. El problema más grave es la no existencia de turismo este verano y el cierre de la restauración, que ha hecho que todo el producto ( mucho congelado) de muchos operadores del sector que estaba destinado para el consumo de verano aún esté en cámaras frigoríficas.

En España, el 82,4% de los pollos sacrificados son procesados  en su gran mayoría por diez empresas (integradoras), tras las cuales el resto ocupan en el mercado un volumen de carne de pollo  sacrificado entorno al 17,6% de la producción española. De la que Grupo Vall Companys, ocupa el liderazgo de Vall Companys, con el 14,2 % de la producción nacional con 165.000 (t/canal), seguida del  GRUPO SADA  con el 13,5 % , con 155.000 (t/canal); el tercer lugar lo ocupa UVESA, 13,23%, 153.00 (t/canal), cuarto lugar esta Avinatur que produce casi el 11%, con 125.000 (t/canal) y en quinto lugar está la cooperativa Coren con algo más del 8% y 90.000 (t/canal).

Desde el Grupo Vall Companys, nos apunta que” en los últimos años se ha evolucionado mucho en el sistema de recogida y transporte. Es más rápido, se manipula menos el animal y mejora mucho el bienestar del pollo. Las zonas de espera en el matadero se han climatizado para aumentar el confort.  En el sacrificio se está evolucionando mucho con el sistema de aturdido por anestesia de CO2 y el animal pierde la consciencia antes del sacrificio sin sufrir".

El 2021, nos dicen desde la división avícola del Grupo ”será un año muy complejo, si siguen los efectos del covid y con el aumento de los costes de producción debido al aumento del precio de las materias primas de más de un 20%, tendremos unos sobrecostes de más del 10% y expectativas de venta deprimidas por la coyuntura general.

Jesús Miguel López Rodrigo, Director Comercial del Grupo UVESA, nos expresa que " como a la mayoría de sectores y de empresas, la pandemia está repercutiendo negativamente en nuestra actividad, como consecuencia de una coyuntura en la que la incertidumbre es un factor constante que obliga a introducir cambios prácticamente a diario en todos los frentes, con los costes que ello conlleva.

A todo ello hay que sumar los numerosos costes a los que hemos tenido que enfrentarnos, todos ellos derivados de las normativas nuevas de prevención que por la pandemia nos hemos visto obligados a implementar en las plantas productivas. Hablamos de la puesta en marcha de turnos espaciados de trabajo, de la adquisición de Epis de protección, de la activación del teletrabajo, de sistemas y personal de prevención nuevos…

En definitiva, una carga importante de sobrecostes que, precisamente por vivir un momento tan complejo como el que estamos atravesando, hemos sido incapaces de trasladar al mercado, cuando precisamente 2020 era un ejercicio clave para poder repercutir la subida de los costes salariales de 2019, del incremento del precio de los plásticos y embalajes, de la materia prima en general…

En este contexto, nos enfrentamos ahora a una segunda ola de la pandemia. Y aunque hemos aprendido de la primera y sabemos que podemos adaptarnos a nuevas circunstancias, somos igualmente conscientes de que el verdadero drama de nuestro sector no es ya tanto la falta de actividad, sino la imposibilidad de repercutir los importantes sobrecostes nuevos que arrastramos desde hace casi dos años, que es lo que está ahogando al sector del pollo poco a poco.

DESCENSO DEL CONSUMO

El consumo en líneas generales es estable. Varía según las épocas del año por el efecto del turismo pero en general la tendencia es estable, quizás aumentando la demanda de algún producto elaborado o de más valor añadido.

Este producto actualmente representa un 3,7 % del consumo, pero a lo largo de los últimos años se ha visto reducida en torno a un 10% la demanda de productos avícolas en nuestro país, situación motivada en parte por un cambio de hábito de consumo de las familias, condicionados por ritmos frenéticos de actividad y la elección de productos con menor aportación en términos de salud.

Y sin embargo, los especialistas en dietética, cocineros de referencia internacional, y colectivos cada vez más amplios como deportistas amateurs consideran que la carne de pollo, y de ave en general, es uno de los mejores ingredientes de su dieta saludable.

Por lo tanto miramos con cierto optimismo la recuperación de la demanda de carne avícola, y esperamos que nuestro deseo por volver a lo auténtico, de tener tiempo para cocinar para los nuestros, de consolidar hábitos de consumo saludable, puedan hacernos recuperar poco a poco la demanda de un producto que sigue estando entre los favoritos de la sociedad.

España es el segundo productor europeo de carne de pollo por detrás de Reino Unido, la producción total de aves cada mes está en torno a los 44 millones de ejemplares, de los que un 25% se derivan al canal HORECA. El desplome de la demanda de este canal tiene un efecto especial en el apartado de pollos asados, que  representa  un 65% de las ventas en verano de 2019, muy ligado a grandes eventos y turismo en la costa.

Las pérdidas derivadas de la caída de la demanda podrían suponer hasta 600 millones de euros para el sector avícola. Sus efectos se notan ya en las compañías, de las que muchas de ellas son pymes y empresas familiares.

Según los responsables del sector consultado, el problema del sector del pollo no está en que aumente el consumo de carne de pollo, sino en que seamos capaces de repercutir los costes de producción de un producto que cada vez es más excelente en su producción y presentación.

Dicho esto, buscamos nuevos nichos de consumo dentro de los existentes ya en el mercado y también en otros nuevos. Se trata de productos elaborados, curados, semiprocesados o asados, por ejemplo, tanto para mercado nacional como para el europeo.

En este sentido, recientemente se ha firmado un acuerdo entre el ICEX y PROPOLLO con el objetivo de incrementar las cifras de negocio de este sector, así como aunar esfuerzos para impulsar las exportaciones de carne avícola en el exterior. En este sentido, María Peña, consejera delegada de ICEX nos comenta que “la internacionalización es el gran reto de este sector, por lo que a través de acciones de promoción o de instrumentos como los estudios de mercado personalizados se facilitará este camino, identificando socios comerciales para la exportación e inversión de su industria”.

Existe preocupación, como no puede ser de otra manera, por la pandemia y por la crisis económica que previsiblemente nos va a quedar después de que consigamos controlarla.

La mayoría de las industrias del sector tratan de especializarse y extremar los esfuerzos para evitar cualquier fuga de costes. Porque es una evidencia que 2021 va a ser un año muy duro, en el que controlar los métodos y optimizar cualquier proceso, es decir, reforzar más aun la competitividad, va a ser vital.

Sin embargo, hay factores que no dependen directamente y que, nuevamente, generan incertidumbre. Factores que ya se están notando, como por ejemplo una subida de los costes de producción como consecuencia del incremento del precio de las materias primas, principalmente de la soja.

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