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Ojo con la producción sostenible de biogás

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

A mediados de julio pasado, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfica (Miterd), presentó su borrador de “hoja de ruta” del biogás, con un total de 43 líneas de actuación, que busca multiplicar por 3,8 la producción sostenible de este gas de origen renovable hasta 2030 como parte de la alternativa al uso de gas convencional de origen fósil y de solución a las elevadas emisiones de metano, que son el segundo factor que más influye en el cambio climático, tras el dióxido de carbono.

El periodo de alegaciones al borrador de “hoja de ruta” del biogás acaba, en principio, este 15 de septiembre, pero no se sabe muy bien por qué ha pasado un tanto desapercibo entre el sector agropecuario y agroalimentario, cuando se trata de uno de los más serios problemas de emisiones que tiene el mismo a través de la fermentación entérica de los rumiantes, las deyecciones ganaderas, el uso inadecuado de purines como fertilizante, los residuos de algunos cultivos agrícolas, los residuos alimentarios…etc., pero también de una clara oportunidad a todos los niveles para mejorar la gestión de esos subproductos y convertirlos en energía.

Según explica el propio departamento de Teresa Ribera, España tiene la oportunidad de aprovechar el gran potencial disponible para la producción de biogás, procedente del sector agropecuario, del sector agroalimentario y de la gestión de residuos, sirviéndose del gran tamaño de nuestra industria agropecuaria y agroalimentario y favoreciendo la gestión eficiente de los residuos municipales.

Ya, el Plan de Energías Renovables (PER) 2011-2020, aprobado en 2011, establecía entre sus objetivos contar con un potencia instalada acumulada de biogás de 400 MW en 2020, algo que se ha alcanzado solo parcialmente dado que en 2019 se contaba con una capacidad instalada de biogás cercana a los 300 MW.

De acuerdo a los datos disponibles del Registro administrativo de instalaciones de producción de energía eléctrica (PRETOR), en nuestro país existen 146 instalaciones de biogás, de las cuales 129 reportaron consumo de biogás en 2020, con una producción estimada  en estas plantas de en torno a 2,74 TWh, de los cuales 2,45 TWh fueron consumidos en centrales de generación eléctrica (cogeneradores y no cogeneradores), de los que 0,16 TWh son de calor y los 2,29 TWh restante de generación eléctrica.

De las 129 plantas operativas citadas, unas 46 se encuentran asociadas a vertederos (29 de gestión de residuos municipales); 34 a estaciones de depuración de aguas residuales (para tratamiento de los lodos generados en las mismas); 13 al sector agropecuario; 3 al sector de fabricación de bebidas; 3 al sector químico;  7 al sector del papel; 1 al sector de la construcción y 13 a administraciones, comercio y servicios.

Además, España cuenta con una planta de producción de biometano, procedente de la depuración del biogás, que es inyectado en la red de gas natural, localizada en el Parque Tecnológico de Valdemingómez (Madrid), generando biogás a partir de los residuos municipales, con una capacidad de producción cercana a los 97 GWh/año.

Desarrollo modesto

En comparación con el resto de Europa, donde existen cerca de 19.000 instalaciones y 745 inyectan biometano  a la red gasista, el desarrollo de la producción y empleo del biogás en nuestro país es bastante modesto, como reconoce el propio Miterd, lo que hace que, por el contrario, su potencial de activación para su impulso sea también mayor, teniendo en cuenta la posibilidad de generación en el ámbito económico de empresas e industrias del sector agropecuario, agroalimentario y de gestión de los diversos residuos y subproductos.

Esta “hoja de ruta” apuesta, además, por una gestión sostenible, basada en la proximidad,  que no aumente la huella de carbono durante los procesos de producción, transporte y consumo, y centrada en la tecnología de digestión anaerobia, considerada como la más madura para la obtención de biogás a partir de materia orgánica de los residuos municipales  y de las industrias agroalimentarias, de los lodos de depuración, de los restos de cultivos, de las deyecciones ganaderas, etc.

El objetivo central, apunta el propio Miterd, será impulsar el aprovechamiento del biogás por un lado a través de la producción de electricidad y calor útil, sobre todo para la industria y, por otro, mediante su transformación en biometano para consumo del transporte pesado y sustitución del gas natural de origen fósil.

Además, el impulso de la producción de biogás tendría sinergias relevantes en todas las políticas transversales relacionadas (economía circular, reto demográfico, transición justa e inclusiva) y proporcionaría grandes beneficios ambientales, económicos y sociales, sobre todo en áreas rurales y en el sector de residuos, disminuyendo la dependencia energética y potenciando la I+D+i en este ámbito.

Entre las 43 medidas propuestas en dicha “hoja de ruta”, que se enmarcan en 5 ejes de actuación, se destacan dos a adoptar a corto plazo, como son la creación de un sistema de garantías de origen, similar al de la electricidad renovable, para que los consumidores puedan distinguir el biogás del gas fósil convencional, poniendo en valor su origen sostenible, y el potencial establecimiento de objetivos obligatorios de penetración, similar al existente para el fomento de los biocarburantes, que ofrezca también cierta certeza y estabilidad a los productores.

En esta línea, los cinco ejes de actuación hacen referencia, en primer lugar, a la creación de instrumentos de regulación que, además, de las garantías de origen (al margen de si el biogás se consume directamente o se transforma en biometano) incluye la agilización y homogeneización de los procedimientos administrativos a nivel nacional; la mejora de la normativa sobre residuos para facilitar la obtención de gas renovable (valorizando, por ejemplo, las emisiones contaminantes evitadas), así como el uso posterior del digerido resultante, tras el proceso anaeróbico, principalmente como fertilizante.

El segundo eje abarca los instrumentos sectoriales, con un aumento de los objetivos anuales de penetración en la venta o consumo de biogás, con cuotas de obligado cumplimiento; el fomento de la producción de gas renovable en zonas con abundante materia prima (donde haya industria agroalimentaria o plantas de tratamiento de residuos y compostaje); la promoción del consumo “in situ”, en flotas de vehículos, en usos térmicos o en la producción de hidrógeno, o bien en la sustitución del gas fósil vehiculado en los gasoductos, siempre que ello sea económicamente viable.

El tercer eje es el relativo a la creación de instrumentos económicos que mejoren el tratamiento fiscal y el establecimiento de ayudas de diversas índole, en algunos casos condicionadas a cumplir requisitos de reducción de CO2, con las existentes del Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI); el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDEA) o las de numerosos programas europeos.

El cuarto eje busca priorizar mediante instrumentos transversales (economía circular, reto demográfico, transición justa e inclusiva) los proyectos de biogás en zonas de transición justa, introducir pliegos de contratos públicos, divulgar su s ventajas, crear comunidades energéticas y grupos de trabajo que faciliten la implantación de esta energía alternativa.

Por último, el quinto eje hace referencia al impulso de la investigación y la innovación (I+D+i), con el fin de reducir las emisiones de gases contaminantes, producir nuevos residuos biodegradables, aumenta el consumo de biogás en la industria y su uso en el transporte, etc.

Previsiones

En sus estimaciones sobre la producción y consumo de biogás en España, el Miterd se muestra bastante optimista, dado todo lo mucho que queda por hacer en nuestro país. Tal es así que, al menos, espera que se pueda multiplicar por 3,8 en 2030 la producción de biogás registrada el pasado año, hasta superar los 10,4 TWh, en línea con lo que ya viene establecido en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030; en la Estrategia a Largo Plazo Para una Economía Española Moderna, Competitiva y Climáticamente Neutra en 2050, y de acuerdo también con lo fijado en la Ley 7/2021 de Cambio Climático y Transición Energética.

Según estas previsiones, el 45% de la producción de biogás en 2030 se consumiría directamente en usos térmicos o eléctricos, sobre todo en la industria, mientras  que el 55% restante se transformaría en biometano para su uso en movilidad pesada (flotas municipales de limpieza o recogida de residuos) y para inyectarse en la red de gas si es económicamente rentable (en 2030, un 1% del gas que se consuma por esta vía debería tener origen renovable, desplazando al gas fósil).

Además, el logro del objetivo planteado en la “hoja de ruta” del biogás para 2030, permitirá alcanzar una reducción “muy notable” de 2,1 millones de toneladas de CO2 equivalente cada año y contribuiría a evitar fugas de metano a la atmósfera, un gas contaminante que tiene un potencial de efecto invernadero muy superior al dióxido de carbono.

No hay que olvidar que el Pacto Verde Europeo (“Green Deal”) incluye el biogás, el biometano y otros gases renovables, por su contribución a la descarbonización, al desarrollo de la economía circular y a la integración de sistemas energéticos y que, además, la Estrategia de la UE sobre el Metano señala a este gas contaminante como el segundo factor, tras el CO2, que más influye en el cambio climático, al contribuir a la formación de ozono troposférico, un contaminante atmosférico local con un elevado impacto sobre la salud.

Esta Estrategia establece medidas legislativas y no legislativas para reducir las emisiones antropogénicas de metano, cuyo origen son en un 40-53% del sector agropecuario (fermentación entérica de los rumiantes (80,7%), gestión de purines (17,4%) y cultivo de arroz (1,2%); en un 20-26% del sector de residuos (vertederos, tratamiento de aguas residuales y fugas de plantas de biogás con pobre diseño o mal funcionamiento),y en un 19-30% del sector energético (fugas del sector explotación y producción de hidrocarburos (54%), carbón (34% y residencia y otros (11%).

Por último, también la Política Agraria Común (PAC) prioriza criterios ambientales y de mantenimiento de buenas condiciones de la tierra y promueven la reducción de emisiones, mediante el fomento de buenas prácticas, establecimiento de esquemas de reducción de emisiones de metano, apoyo a las plantas de biogás y la cooperación local para maximizar el valor añadido de los residuos y subproductos, así como el Plan de Acción Europeo para la Economía Circular, con propuestas encaminadas a un uso más eficiente de los recursos y la valorización de los residuos para evitar que lleguen a vertedero.

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