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Organizar y concentrar la oferta agraria... no basta

Ricardo Migueláñez

La Comisión publicó recientemente un nuevo “Estudio para mejorar la creación de las organizaciones de productores, para la realización de sus actividades y para que reciban apoyo”, en un nuevo intento también de convencer al sector productor agrario de que las mejores medidas de mercado son y serán las que pueda realizar por sí mismo.

De otra forma, deben ser los propios agricultores y ganaderos que, agrupados en cooperativas y organizaciones de productores, fortalezcan su posición en la cadena de suministro de alimentos y se “saquen las castañas del fuego” para defender sus márgenes comerciales.

Sobre el papel, en teoría, esto debería ser así, pero ¿es suficiente? Creemos que no. Se constata que, a pesar del aumento de las OP y AOP existentes en el sector agrario, y del papel positivo que, sin duda, juegan estas asociaciones a lo largo de la cadena de suministro alimentario, éstas continúan sin tener ni poder suficiente para agrupar la oferta, ni poder de negociación para establecer las condiciones de venta de sus productos para evitar crisis coyunturales persistentes de precios en origen y de mercado.

Esto se ha visto hace pocos días, con la multitudinaria manifestación del sector hortícola de Almería, en la que, bajo el lema “Nuestra agricultura en peligro de extinción”, se volvió a criticar que los intermediarios y la distribución logran los productos agrícolas perecederos prácticamente a saldo y que, cuando más hundidos están los precios en campo, más margen de beneficio les queda para sí mismos.

En el manifiesto de la protesta se demandó, entre otras cosas, que se “articulen con carácter de urgencia mecanismos de reglamentación europea para evitar imposiciones comerciales de las cadenas de distribución y de los supermercados europeos. No es justo que todo nuestro trabajo acabe en un supermercado con unos precios que, en muchos casos, suponen unos márgenes comerciales de más 500 % con respecto al precio que recibe un agricultor, muchas veces por debajo de los costes de producción”.

La Comisión Europea define a la Organización de Productores (OP) como “la cooperación de cualquier agricultor basada en una entidad legal”. En número estas OP y sus asociaciones (AOP) llegan a unas 42.000 en toda la Unión Europea, pero menos del 10%, unas 3.505, están reconocidas legalmente como tales, unas 3.434 como OP y 71 como AOP, según los últimos datos recopilados hasta mediados de 2017 en el estudio. Más del 90% restante están organizadas como cooperativas o como otras figuras de tipo asociativo (SAT, CUMA…).

A la vez, de las OP y AOP reconocidas legalmente, casi un 53% del total, pertenecen al amplio sector de frutas y hortalizas, con 1.851, y el resto incluye a sectores como leche y productos lácteos (334); aceite de oliva y aceituna de mesa (254), vino (222), carne de vacuno (210), cereales (177), carne de porcino (101), carne de oveja y cabra (89), carne de ave (73), etcétera.

Cuatro países de 25 de la Unión Europea, Francia, Alemania, España e Italia concentran en número casi tres cuartas partes (74%) del total de las OP/AOP reconocidas legalmente, con 759, 678, 588 y 563, respectivamente, aunque también son los países productores de mayor dimensión económica comunitaria.

Otros 13 Estados miembros tienen reconocidas más de un centenar de OP por país, mientras que las AOP están presentes solo en 5 de ellos: en Francia, 30; Italia, 18; Alemania, 7; España, 7 y Grecia, 5.  El número total de OP/AOP reconocidas se ha incrementado un 33% desde la última reforma de la PAC en 2013. Solo Francia y Alemania contaban con OP/AOP reconocidas antes del año 1990. Alrededor de la mitad de las OP/AOP reconocidas adoptan la forma legal de cooperativas, y el resto lo forman otro tipo de asociaciones y de entidades privadas.

Incentivos/desincentivos

Los tres objetivos principales de estas figuras asociativas, estén o no reconocidas oficialmente, no son otros que la planificación de la producción, la adaptación de la oferta productiva a la demanda, la concentración de productos, así como su comercialización,  a través de la negociación contractual conjunta y la aplicación de estrategias de venta en común y de planificación del volumen producido.

En general, los incentivos que impulsan a los agricultores a formar parte o a unirse a una OP pueden ser de naturaleza económica, técnica o social y humana. En términos económicos, sobre el papel las OP fortalecen la posición de los agricultores en la cadena de suministro de alimentos, asegurando una mayor penetración en el mercado y un mayor poder de negociación frente a sus socios comerciales.

En cuanto a los incentivos técnicos, las OP agregan valor a las actividades de sus miembros, al proporcionar, por ejemplo, técnicas de asistencia a la producción, infraestructuras de producción, plantas  de almacenamiento o de procesamiento de sus productos; servicios de logística, o acciones de I+D+i.

En relación a la dimensión social o humana de los incentivos, la mayoría de las OP hacen referencia a su funcionamiento democrático que, con el tiempo, ayuda a consolidar y a mantener la confianza en la cooperación horizontal de sus miembros asociados.

Por el contrario, como desincentivos para que los agricultores decidan no unirse a una OP están principalmente, por ejemplo, el miedo a perder su identidad y su libertad empresarial. Un sentimiento que, especialmente en los nuevos Estados miembros por su reciente pasado, se mezcla a menudo con la baja confianza que se tiene hacia las organizaciones colectivas.

Además, existen otros factores adicionales que pueden disuadir a los agricultores a unirse y a participar en una OP, como son la falta de información sobre los beneficios que estas organizaciones pueden supone, los pocos ejemplos concretos de OP que hayan tenido éxito, así como las preocupaciones sobre los costes que pueden implicar participar en las mismas.

A nivel más general, la existencia de una tradición en cooperación agrícola a nivel nacional es un terreno particularmente fértil que contribuye a que las OP puedan prosperar. Observando los elementos que pueden contribuir al éxito (o fracaso) de una OP después de su establecimiento, el estudio indica que existen también otros factores internos y externos.

Fracaso/Éxito

Entre los factores internos que pueden contribuir al éxito de una OP están la idoneidad del modelo de gobernanza elegido por la organización de productores para perseguir sus objetivos; su capacidad para poner en marcha decisiones efectivas de negocio, así como el grado de homogeneidad que exista entre sus miembros.

En cuanto a los factores externos, es esencial que, como cualquier otra organización empresarial, las OP puedan operar y competir en los actuales mercados globalizados, poniendo en marcha ajustes y mejoras continuas en términos de diferenciación de productos, innovación tecnológica y estrategias de marketing en beneficio de sus miembros.

Con especial atención a las OP reconocidas en el sector hortofrutícola, su funcionamiento se ve afectado negativamente por una carga administrativa relativamente elevada, debido a las diversas obligaciones legales y a la monitorización pública asociada a las mismas.

Por el contrario, los fondos comunitarios se presentan como incentivos clave para la creación y el desarrollo de estas entidades asociativas, brindando a sus miembros un mayor poder de negociación y una mayor eficiencia y efectividad en productividad y en comercialización.

Con respecto al poder de negociación de los agricultores, frecuentemente las OP pueden asegurar la aplicación de términos contractuales más ventajosos para sus miembros en comparación con el resultado de las negociaciones llevadas a cabo por agricultores individuales y ello puede implicar precios de venta más altos para sus productos, asegurando también ofertas de suministro a largo plazo, pedidos regulares o pagos anticipados.

En lo relativo a la mayor productividad de los agricultores, las OP proporcionan a menudo servicios que, en última instancia, contribuyen a mejorar la eficiencia del sistema productivo de sus miembros. Estos servicios pueden ir desde la provisión de conocimientos técnicos para fines de producción, hasta el desarrollo de normas de calidad de la oferta o el uso conjunto de infraestructuras y equipos.

Del mismo modo, en materia comercialización, las OP son entidades que, al menos sobre el papel, están bien posicionadas para diseñar la estrategia comercial general de sus miembros.

Finalmente, las OP no solo benefician a sus miembros, sino también a las comunidades locales donde se encuentran, al crear directa e indirectamente oportunidades de empleo en las áreas donde operan, además hacer visibles los productos de calidad de la agricultura regional o local.

Ventajas/inconvenientes

Teniendo en cuenta la cadena de suministro de alimentos en su conjunto, los eslabones de la industria de transformación y  de la distribución minoristas, entrevistados durante dicho estudio, indicaron que trabajar con una OP presenta por lo general diversas ventajas específicas para ellos, pero también algunos inconvenientes.

Entre las desventajas, algunos operadores consideran a las OP como una amenaza a su poder de negociación y por esta razón dieron preferencia tratar con agricultores individuales.

Algunos operadores intermedios afirmaron que si las OP grandes y bien posicionadas no invierten en investigación y desarrollo para crear nuevos productos, esto puede constituir un obstáculo para aquellos que buscan productos innovadores para diferenciarse en el mercado.

Como ventajas, destacaron que hacer negocios con las OP permite a los operadores siguientes de la cadena alimentaria planificar suministros de manera más eficiente, evitando, por ejemplo, la escasez o el retraso en las entregas.

También que esta relación contractual contribuye a mantener los precios de los alimentos relativamente estables, a la vez que reduce los costes de transacción y de logística, en oposición a lo que normalmente ocurre cuando se cuenta con múltiples proveedores. Además, comprar a las OP ofrece garantías adicionales con respecto a la seguridad, la calidad y el origen de los productos agrícolas suministrados.

Por último, en varios Estados miembros, el reconocimiento de las OP se destaca como un elemento que contribuye a la credibilidad de estas organizaciones como socios comerciales, aunque en los Estados miembros donde los reconocimientos son limitados, otros modelos de negocio específicos disfrutan igualmente de buena reputación.

En resumen, la presencia de una OP/AOP es indudablemente un factor positivo para la organización de la oferta de alimentos y, por tanto, para los productores. Pero, aunque positivo, sigue siendo muy insuficiente para repartir de forma justa el valor generado a lo largo de toda la cadena de suministro de alimentos.

Ahí están los hechos de las continuas crisis de precios en origen y de mercado que lo corroboran. Y ahí están las autoridades de Competencia, que ponen multitud de trabas al intento de la oferta para organizarse mínimamente, con el argumento falaz de defender a los consumidores, cuando lo único que realmente defienden son los márgenes de beneficio de intermediarios, industria de transformación y distribución comercial mayorista y minorista.

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