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¿Pacto Verde Europeo... sin agricultores?

Ricardo Migueláñez

Ricardo Miguelañez. @rmiguelanez

La carta de misión que el vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea, Frans Timmermans, recibió de la presidenta electa de esta institución, Úrsula von der Leyen, incluye un reto central para la UE, como es la elaboración y presentación del Pacto Verde Europeo a lo largo del primer semestre de 2020.

En paralelo a este gran reto básico de la Unión Europea, imbricado en los trabajos para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas y para orientar el camino hacia un continente europeo climáticamente neutro, está la negociación del futuro Marco Financiero Plurianual 2017-2021, en cuya propuesta la CE prevé recortes de cierto calado tanto en los fondos para ayudas directas de la PAC como, sobre todo, en los destinados a  financiar las diferentes medidas de su segundo pilar (Desarrollo Rural), que se suman a los recortes previstos también de los fondos de cohesión, ligados en muchos aspectos al territorio.

Estamos, por tanto, se mire como se mire, en una clara contradicción. Por un lado, se pide que los agricultores y ganaderos den un paso más en el cumplimiento de mayores compromisos medioambientales y de lucha frente al cambio climático más exigentes. Y, por otro, se les dice que deberán hacerlo incluso con un apoyo público inferior al actual (en suma, con menos apoyo de los impuestos que paga la sociedad civil).

Por si no fuera bastante, todo esto, además, compitiendo en un mercado europeo que se abre cada vez más a las producciones agroalimentarias de terceros países, a las cuales no se les exige, ni se les puede exigir, la misma implicación medioambiental, pero tampoco social, ni económica, los tres pilares de cualquier objetivo de sostenibilidad que se precie.

En una reciente y amplia carta, toda una declaración de intenciones, el secretario general de las organizaciones profesionales agrarias y de sus cooperativas (COPA-Cogeca), Pekka Pesonen, se lo decía a Timmermans: los agricultores de la UE pueden y están dispuestos a cumplir sus compromisos, pero dentro de un marco coherente y favorable para poder desarrollar su actividad, “con una cadena alimentaria que funcione mejor y sea capaz de proteger las inversiones en sostenibilidad realizadas a nivel de las explotaciones agrícolas, frente a prácticas que la sociedad no quiere.”

Abundando en este argumento, Pesonen indicaba al nuevo comisario que “los agricultores son  los primeros productores de alimentos y necesitan instrumentos seguros y efectivos para realizar una actividad que consiste en luchar contra plagas y enfermedades para garantizar la seguridad y la inocuidad de los alimentos para la actual y futura población europea y mundial.”

Frente al objetivo central de que Europa se dirija a ser un continente climáticamente neutro y reduzca de forma considerable sus emisiones de gases contaminantes (GEI) a la atmósfera para 2030 y 2050, el responsable del COPA-Cogeca recuerda a Timmermans que “los agricultores son los primeros en sufrir las consecuencias del cambio climático y deben hacer frente a los crecientes costes derivados de la adaptación y mitigación.” 

A la vez, aclara, desempeñan un papel crucial para combatirlo, “dado su gran potencial para reducir las emisiones, absorber el carbono y fomentar las economías de manera sostenible.” Para ello, añade, “es fundamental concebir políticas y programas sostenibles, que acompañen a nuestros agricultores y sus cooperativas en esta transición y reconozcan la importancia de las herramientas existentes.”

Aún así, una vez “descarbonizados”, los insumos en la agricultura, sigue habiendo emisiones que no pueden evitarse, ya que forman parte de un ciclo natural, añade Pesonen.

Más ambición, menos presupuesto

El “secuestro” de carbono por la actividad agraria y forestal debe tenerse en cuenta a la hora de aplicar los instrumentos legislativos sobre cuestiones climáticas. “Un mercado del carbono o sistemas de créditos de carbono deberían formar parte de la caja de herramientas para incentivar el logro de los objetivos climáticos”, puesto que “aumentar las ambiciones, reduciendo al mismo tiempo el presupuesto de la PAC, no producirá los resultados esperados, sin una adecuada participación del sector privado.”

En su misiva, el COPA-Cogeca apunta que “el concepto de un programa energético a nivel de las explotaciones puede ser útil para aumentar la eficiencia energética, reducir el consumo de energía y facilitar la sustitución de los combustibles fósiles por renovables.” Y, en este sentido, “se debe animar a los agricultores a invertir en tecnologías (agricultura de precisión, plantas de biogás, biocombustibles, autoconsumo eléctrico eficiente…) que reduzcan las emisiones de GEI y aumenten la captura y el reciclaje del carbono, pero también que tengan sentido desde el punto de vista económico".

Esta organización europea no se olvida del papel crucial en la absorción de carbono que juega también la silvicultura. “Más del 40% de las tierras agrícolas de la UE están forestadas y, por tanto, es evidente que el Pacto Verde Europeo debe incluir una Estrategia Forestal Europea para después de 2020, que favorezca a los propietarios forestales y a sus cooperativas en sus inversiones y en la realización de una gestión sostenible de sus bosques.

La innovación y la investigación son fundamentales en este proceso. Poder acceder a las tecnologías más actuales es un factor clave para mantener la competitividad de la agricultura europea en el mercado mundial y poder cumplir con las exigentes normas. “Si no utilizamos tecnología de vanguardia, como las nuevas técnicas de obtención vegetal, la inteligencia artificial y las tecnologías digitales, estamos perdiendo el tiempo, y esto no nos lo podemos permitir”, apunta Pekka Pesonen en su carta.

En el ámbito de las negociaciones internacionales, el papel de la UE como mayor exportador, pero también importador de productos agrícolas y agroalimentarios, supone que “cualquier debilitamiento de la protección actual para los productos agropecuarios en las fronteras de la Unión podría minar considerablemente los esfuerzos de reducción de las emisiones, en particular, en el sector ganadero, y podría dar lugar a que no se logre una reducción neta de las emisiones mundiales.” Por ello, el COPA-Cogeca defiende que, debido a la urgencia de la acción por el clima, “se incluya un capítulo sobre la aplicación de medidas climáticas en todos los acuerdos de libre comercio.”

En este punto, se defiende la posibilidad de suspensión de las preferencias arancelarias cuando un país incumpla con las disposiciones del acuerdo comercial sobre el desarrollo sostenible y pueda por ello desequilibrar las condiciones de competencia para los productores europeos, pero también avisa de que los impuestos fronterizos sobre las emisiones de carbono pueden provocar un encarecimiento de ciertos insumos (importados) en la agricultura europea.

Proteger la biodiversidad

Se ha dicho siempre que agricultores y los propietarios forestales son los “guardianes del paisaje”, pero para poder seguir de esta manera, con la aplicación de prácticas más sostenibles, “necesitan una normativa medioambiental que reconozca sus esfuerzos y les ofrezca suficiente flexibilidad para utilizar los recursos naturales de una manera más eficiente, garantizando al mismo tiempo la seguridad alimentaria”.  

Por este motivo, “la UE debe garantizar que los genes vegetales y animales, así como los rasgos genéticos naturales que se hallen en la naturaleza o que puedan obtenerse mediante técnicas de mutagénenis (edición genómica), no sean patentables-.” 

Para el COPA-Cogeca, “las patentes de productos, rasgos o genes derivados de técnicas de ingeniería genética deberían aplicarse únicamente a los productos que contienen un ADN que no puede hallarse en la Naturaleza o que puede ser obtenido mediante métodos de obtención convencionales o técnicas de mutagénesis.”

Desde esta organización se defiende también su potencial para contribuir a la reducción de las emisiones de GEI en el sector del transporte, mediante la producción de biocombustibles sostenibles certificados  de origen agrícola, aunque se opone a que se extienda el régimen de comercio de emisiones al transporte por carretera, ya que solo serviría para socavar los objetivos de la UE de eliminar el carbono en este segmento.

Economía circular y consumidores

La promoción de una bioeconomía circular sostenible y la futura estrategia “Desde la granja hasta el consumidor final” para los alimentos sostenibles deben tener en cuenta los tres pilares de la sostenibilidad (económica, social y medioambiental) y la contribución de la agricultura y de las zonas rurales a la producción de alimentos, piensos, biocarburantes y textiles, y a la reforestación. Debe seguir un enfoque global de la cadena agroalimentaria y estar basada en decisiones políticas científicas y evaluaciones independientes, así como en la cooperación con los consumidores.

Desde el COPA-Cogeca se dirige al vicepresidente ejecutivo de la CE, designado para el Pacto Verde Europeo, Frans Timmermans, para indicarle que “los costes derivados de la aplicación de una nueva política deben ser soportados por todos, desde los agricultores y los transformadores, a los distribuidores y los consumidores, sin dejar a nadie de lado y  protegiendo a los más vulnerables de las consecuencias involuntarias de la misma.”

Política fiscal

Por último, la fiscalidad debe desempeñar un papel central en el Pacto Verde Europeo, según esta organización europea, para revisar la imposición de los productos energéticos y hacerla acorde con las ambiciones climáticas, incluido el impuesto fronterizo sobre las emisiones de carbono, que debería ser plenamente compatible con las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

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