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Acuerdos, sí

Vidal Maté

Tras más de dos décadas de negociaciones, parones, bloqueos y vuelta empezar, la Unión Europea y Mercosur están cerrando un acuerdo político de asociación cuyos flecos económicos se deberán seguir debatiendo en los próximos meses y donde no hay grandes motivos para las sorpresas en relación con lo que se ha manejado habitualmente en relación con este compromiso.

Para los intereses de los países de Mercosur, se discute un volumen entrada de unas 100.000 toneladas de vacuno entre carne fresca y congelada, frente a las 78.000 de las que se hablaba en anteriores negociaciones y que podrían superar esa cifra. En azúcar se contemplan unas 100.000  toneladas, 250.000 toneladas de pollos, 80.000 toneladas de arroz y la posibilidad de una total liberalización en los cítricos, naranjas y zumos, en un periodo transitorio de hasta 10 años. Brasil ya es el principal y casi único proveedor de zumos de naranja, fundamentalmente de concentrados a la Unión Europea, situación que desde el sector español se ha hecho frente con un aumento de la oferta de zumo exprimido. Estas importaciones suman a las que actualmente llegan especialmente de Egipto, Israel y, sobre todo, de Sudáfrica. El Comité Económico y Social señalaba que si se acuerda la liberalización de entradas deberá existir un seguimiento de los precios.

Para los intereses agrarios comunitarios, el acuerdo contempla la posibilidad de exportar más productos lácteos, algo a lo que hasta la fecha se oponían los ganaderos de esos países, aumentar las ventas de vinos embotellados, no de graneles, producto al que ya en la actualidad se aplican diferentes trabas burocráticas y analíticas, o mejorar las entrada de aceite y aceitunas de mesa donde en ocasiones se han impuesto aranceles para proteger sus producciones, caso de Argentina. Bruselas pretende, además, el reconocimiento de una larga lista de Indicaciones Geográficas de los países miembros, aspecto que Mercosur no acaba de asumir.

La firma de acuerdos con terceros países, aunque es algo que se reclama desde el sector agrario, muy especialmente, por ejemplo en el sector de frutas y hortalizas para seguir abriendo mercados, de entrada ha sido siempre recibida con recelo por parte de agricultores y ganaderos simplemente tirando de memoria y recordando las condiciones más negativas contempladas en los mismos. Algunos de esos acuerdos se han visto simplemente como una puerta abierta a las importaciones de productos agrarios y alimentarios; la UE se abría de entrada, mientras los otros países envolvían en protocolos su aplicación; se ha tenido la impresión de que se estaba utilizando el sector agrario como moneda de cambio para abrir las exportaciones a esos países de otros bienes y servicios comunitarios; el sector agrario no ha visto una política de reciprocidad a la hora de la apertura de los mercados a sus producciones; Bruselas ha sido siempre reacia a aplicar cláusulas de salvaguardia en la defensa de las producciones propias y de sus agricultores y ganaderos; se ha visto una excesiva manga ancha a la hora de aplicar las mismas exigencias en materia zoo o fito sanitarias o de bienestar animal a los productos importados en relación con las exigencias existentes en los países miembros… y, a la postre, los acuerdos se han visto, en algunos casos, como la sentencia de muerte para miles de explotaciones comunitarias que quedaban más desprotegidas.

A pesar de todos esos agujeros negros, la realidad es que los acuerdos, con los ajustes necesarios de los mismos, constituyen una pieza indispensable en la actualidad para seguir operando en los mercados y que, incluso, aspectos en principio negativos para uno u otro sector, acaban siendo impulsores de cambios para lograr ser más competitivos. A un lado los acuerdos más duros para el sector agrario como el de Marruecos, en la actualidad existen otros acuerdos como los de Corea, Japón o Canadá donde, frente a las dudas existentes en su día, los mismos han tenido ya o se espera  unos resultados favorables. Y, a la postre, salvo casos muy excepcionales, es mejor un acuerdo mejorable que vivir sin el mismo, siempre bajo amenazas de medidas puntuales que se pueden imponer en cualquier momento en función de unos determinados intereses coyunturales políticos en un tercer país.

En el caso concreto de Mercosur, entre las partes negras para los intereses españoles destacan los cítricos y todo su entorno industrial, una medida que, sin embargo, favorece a todos los países importadores del norte y centro de la UE. Pero en dirección contraria, el acuerdo puede suponer acabar con las  decisiones barreras que han sufrido en algunos de esos países las importaciones de productos como aceite o vino, con aranceles u otras exigencias al margen de las reglas de juego del comercio mundial.

Desde el Comité Económico y Social, José Puxeu,autor del dictamen sobre el acuerdo, tiene claras las cosas a favor de los acuerdos y en el caso concreto de Mercosur también, siempre que el mismo sea equilibrado, que beneficie a ambas partes con la necesidad de proteger las disposiciones sanitarias y fitosanitarias en defensa de consumidores y productores, así como de la exigencia de cumplir la sostenibilidad de las prácticas agrícolas y ganaderas en esos países. Acuerdos, sí.

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