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La casa por el tejado

Vidal Maté

Los presupuestos generales del Estado, unas cuentas adecuadas en lo posible a las necesidades de una sociedad, son una de las cosas serias que debe hacer cualquier gobierno. Este año, por las especiales circunstancias de la situación política, la aprobación de las cuentas públicas va más allá de una suma y resta de números y se ha convertido en una pieza en clave política más allá del componente de cada partida presupuestaria.

Desde el gobierno, en eso el ministro de Agricultura Luis Planas ha sido uno de altavoces, se ha defendido su aprobación por el carácter social de los mismos en materia de prestaciones. En lo que se refiere al sector agrario, repasando las partidas presupuestarias, tanto da la aprobación de unas nuevas cuentas o casi mejor sería seguir con las mismas, dado su carácter plano y en bajada.

En el caso de los presupuestos de  Agricultura, históricamente se han caracterizado simplemente por una línea de continuidad, de repasar cada año la pared con una capa de pintura manteniendo cada una de sus actuaciones, de poner andamios, pero sin que nunca se haya visto ni en pintura esa decidida voluntad de sentar unas bases para ese cambio que necesitaba el sector para hace frente a lo que se le está viniendo encima en esa economía global, con menos fronteras o mayor competitividad. El sector, ante esas carencias, se ha tenido que adaptando solo, pero dejando muchos pelos en la gatera. El nuevo presupuesto que se presenta como respuesta en diferentes cuestiones sociales, mira para otra parte cuando toca al sector agrario.

Dejando a un lado la aportación prácticamente fija de casi ese  90% de los fondos que vienen de Bruselas, a los que también aporta su parte  el Gobierno español, los 5.800 millones del Feaga y los más de 1.000 millones de los fondos para desarrollo rural, en la casi totalidad de las demás partidas también manda la continuidad, con ligeras rebajas. Y donde no hay, con unos presupuestos de 7.861 millones de euros con un incremento del 0,62%, no se pueden hacer malabarismos. En consecuencia, en todas las  políticas de competitividad y calidad, desde la producción a la industria alimentaria, la forestal, o las  actuaciones de mejora de las estructuras de regadíos, manda la continuidad. La prácticamente única excepción se halla en el incremento de los fondos  para  los seguros agrarios en  30 millones hasta los 241, un 14,2% más. Se trata simplemente de una partida más realista que va a suponer no tener que aumentar este año con créditos extraordinarios en cien millones la partida inicial de 211 millones  de fondos prevista inicialmente para apoyar el pago de las primas.

En unos presupuestos en cuyo eje se han situado los aspectos sociales para apoyar a los menos favorecidos; donde la exigencia de eso del empoderamiento se ha hecho habitual para determinados colectivos, pues sorprende que se hable de despoblamiento del medio rural, de la falta de relevo, de falta de lo servicios generales de los que disfrutan los ciudadanos del medio urbano y casi nada de eso se recoja en esas nuevas cuentas públicas, en unos bajo su gestión en Agricultura y en otros en otros departamentos ministeriales, sin olvidar la responsabilidad en las mismas actuaciones en los presupuestos de las Comunidades Autónomas que conocen mejor que nadie las necesidades y los aspectos a superar. Sin tanto empoderamiento en los presupuestos, sería suficiente acabara con la actual discriminación hacia el medio rural.

Uno de los objetivos más importantes del actual responsable de Atocha es luchar contra el despoblamiento, el apoyo a los jóvenes, la digitalización, la mujer rural, la banda ancha…. Todo necesario, y urgente, pero antes de que no quede nadie, aunque para ello, lo importante sería comenzar por el principio, apostar por mantener la vida en el medio  y, eso solamente se logra con actividad y rentabilidad, actividad no solamente agraria, y no en pueblos como el mío con siete vecinos de edad que ya nos podemos dar por muertos. Y, para ello, sobran mensajes, buenismos, programas de consultoras y faltan alicientes reales y concretos en materia de inversiones, incentivos, exenciones fiscales, impuestos, para que al mensos mantenga la actividad comarcal dando lugar a un tejido a su alrededor. No hay que ir a estudiar a Salamanca, ni montar una consultoría.

En el proyecto de presupuestos, no existe esa política hacia campo y el medio rural, por parte de otros departamentos y, en el caso de Agricultura, ante este tipo de problemas, mujeres, jóvenes, formación, etc., son más los guiños, la voluntad que los fondos. Es como construir la casa por el tejado o simplemente no querer levantar ninguna casa o que las paredes pintadas cada año, se vengan en ruinas.

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11/04/2019

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