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Le renta que vino del cielo

Vidal Maté

El Ministerio de Agricultura acaba de hacer públicos los datos de la segunda estimación sobre la renta agraria en 2018 según los cuales la misma se incrementó un 4,3% en moneda corriente, lo que supone seguir la línea de mejora que se registra desde 2012 hasta la cifra record de 30.217 millones de euros. A diferencia de lo que sucedía tiempo ha, ni la ministra Isabel GarcíaTejerina ni Luis Planas han sacado pecho por la bondad de unos resultados que, la verdad vienen avalados básicamente por el clima y los volúmenes, más que por los mercados, o sea por las políticas agrarias.

Tirando de memoria, uno recuerda en los inicios cuando Jaime Lamo de Espinosa presentaba los datos de la renta entre finales de los setenta y losa inicios de los ochenta y destacaba en una de sus presentaciones como un elemento que había contribuido a la mejora de la renta, la reducción de los gastos de los agricultores en medios de producción como abonos. No supe si era por haber tirado menos fertilizantes o porque habían bajado los precios. Eran otros tiempos. Posteriormente, en 1983 Carlos Romero, recién llegado a Atocha en noviembre, presentaba en mayo las previsiones de cosechón en cereales. Tras años de sequía, aquellas mesas permanentes comandadas por Mariano Maraver, había llovido a gusto.

Los datos sobre este comportamiento del sector agrario en 2018 nos dejan sobre la mesa dos cifras record en positivo. La primera, los 30.217 millones de la renta agraria. La segunda, el valor record también de la Producción hasta los 53.391 millones de euros. Hay también otros datos que se podrían interpretar como indicadores de un campo con una salud en mejoría. Por ejemplo, los gastos en medios de producción en relación con la renta en los últimos años se han mantenido estables e incluso se han reducido desde suponer un 45% al 43% actual.  Si se analiza la evolución de los gastos en medios de producción en relación con la renta, el porcentaje tiene también una línea de bajada desde suponer entre el 80% y hasta el 90% en los primeros años de esta década, al 75-76% que significa en la actualidad. Esta situación se repite si se compara el grado de endeudamiento con la renta que también ha mejorado ostensiblemente hasta estar muy por debajo del 70%, 66% en 2018.

Sin embargo, a partir de esas dos cifras, los resultados de este año tienen diferentes agujeros negros que no son precisamente un canto al optimismo, sino una invitación a poner soluciones para que los mismos no se agranden y se lo lleven todo por delante. De entrada, los gastos en medios de producción hasta los 23.209 millones son también una cifra record con un incremento del 6,3%, con subidas del 12,7% en energía o de 10,2% en fertilizantes. Los precios subieron en una media del 3,3% frente a las cifras negativas medias de los productos agrarios. En un mercado de una economía libre, los precios deben estar en libertad, aunque hay mecanismos para que los mismos respondan realmente a esa figura. Competencia no está solo para vigilar al sector agrario antes de respirar. Pero hay más.

La Producción Final Agraria, esos más de 53.000 millones, suponen un incremento del 5,5% sobre el año anterior. Sin embargo, ese aumento ha tenido como base el incremento del 6,6% en el volumen de la producción, un buen año marcado por el cielo, mientras los precios cayeron el 1%. Ese escenario se repite en la producción vegetal con el aumento de las producciones del 8,3%, mientras los precios bajaban el 0,6%.En el caso de los productos ganaderos, la situación es similar con un aumento de la producción del 4,3%, mientras los precios caían el 2%.

La renta la han salvado las producciones al alza, aupadas por una climatología favorable. No han funcionado mejor los mercados, ni tampoco los gastos en medios de producción y, a poco que se ponga el cielo gris, estaríamos hablando de otra cosa.

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22/02/2019

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Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

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