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Leche, con el 'Paquete' a cuestas

Vidal Maté

Coincidiendo con los procesos abiertos en estos momentos para la renovación de miles de contratos en el sector de la leche entre los ganaderos, primeros compradores o las industrias, el gobierno dio luz verde a una serie de normas que afectan a esas negociaciones en lo que se ha considerado en conjunto como el “Paquete Lácteo”, entre cuyos objetivos más importantes se halla lograr un reequilibrio de la posición del ganadero en el conjunto de la cadena por entender que se trata de la parte más débil de la misma.

El denominado ”Paquete Lácteo” tiene su origen en la crisis soportada por el sector comunitario en 2009, lo que dio lugar a la adopción de una serie de medidas en 2012, entre las que se halla la obligatoriedad de los contratos de compraventa, así como la posibilidad de que las organizaciones de productores, entre otras funciones, pudieran negociar los contratos de sus socios. En España, esos objetivos se trasladaron inicialmente a una disposición en 2012 y posteriormente a otra en 2015, en base a un nuevo reglamento comunitario de 2013 en esa dirección. Hoy se ha vuelto a modificar en base a un nuevo real decreto por el que, entre otras cuestiones, se trata de profundizar en el contenido de los contratos y, sobre todo, en las posibilidades negociadoras de las Organizaciones de Productores de cara a lograr una mayor eficacia con los interese de los ganaderos como los principales protagonistas.

En relación con el llamado “Paquete Lácteo” como pieza clave para regular y mejorar las relaciones entre la producción, primeros compradores y la industria, lo primero que sale es señalar que, al cabo de años de su aplicación, se siga modificando su contenido, como la mejor prueba de que el mismo no ha cumplido los objetivos para los que fue concebido. Lo vocea el sector y la industria guarda silencio.

En la leche, como en todos los sectores, para que funcione una política de negociaciones y acuerdos, son indispensables dos condiciones: Primera que no haya una clara posición dura y dominante de una de las partes. Otra, que haya voluntad de negociar para lograr acuerdos equilibrados.

Desde la perspectiva de la producción, no se puede decir que las Organizaciones de Productores hayan tenido el desarrollo y el poder suficiente como para tener una posición simplemente de equilibrio frente a la parte compradora. A partir de esa posición de inferioridad, para lograr acuerdos en esa dirección, era fundamental la existencia de una voluntad negociadora por las dos partes. Y no ha existido demasiado celo. Entre dos no hay acuerdos si uno no quiere por mucho que lo diga un paquete que, lejos de clarificar y simplificar las cosas, en muchos casos solo ha servido para complicar más la gestión de los ganaderos sin dar soluciones a la rentabilidad de las explotaciones.

Siempre con los precios como eje y en ocasiones, con la leche en las cunetas, el sector ha sido históricamente punta de lanza de las reivindicaciones agrarias. Fruto de esa presión ya hace tres décadas, en marzo d 1988, las organizaciones agrarias CNAG-CNJA, hoy ASAJA, las dos organizaciones cooperativas divididas por Carlos Romero, UCAE  y AECA y la FENIL, lo que hoy sería la interprofesional, suscribían un acuerdo bajo los auspicios de Agricultura por el que se contemplaba el establecimiento de un contrato tipo, unos precios mínimos para dos periodos del año de 33,60 pesetas en primavera y de 33,80 pesetas para la temporada de invierno, primas aparte, así como una comisión de seguimiento de los recibos de liquidación. Eran otros tiempos, acuerdo legal, pero los mismos problemas y los mismos actores.

En el marco de un nuevo escenario y con el Paquete Lácteo en activo, la falta de eficacia del mismo para asegurar unos nivel de rentabilidad a los ganaderos, daba paso en 2015 al Acuerdo para la estabilidad y sostenibilidad de la cadena de valor por el que industriales y distribución se comprometían a pagar la leche a unos precios sostenibles para toda la cadena y que suponían, de forma tácita que la leche tuviera un precio de venta al público de unos 60 euros.

A tres años vista de ese acuerdo, se puede decir que el mismo ha tenido efecto positivo en lo que se refiere a la casi práctica eliminación de los pecios de oferta por debajo de los 0,50 euros. Los datos manejados desde las industrias, en base a diferentes estudios, señalan para diciembre de 2018 unos precios medios de venta de la leche líquida normal bajo la marca blanca de 0,59 euros litro y de 0,78 euros para la marca de fabricante en una línea de estabilidad. Sin embargo, no tuvo el mismo efecto sobre los precios en origen que se mantienen congelados en una media de 0,32 euros frente a los 0,36 de 2014.

Desde la Administración se han justificado los cambios en la normativa del Paquete como un paso más para reforzar el peso de los ganaderos en sus negociaciones con los compradores. Pero, a esta alturas de la aplicación de mismo y vistos sus efectos sobre los precios, la realidad es que el sector, además de ese Paquete que lleva encima, pretende salidas más eficaces, menos marear la perdiz, simplemente poder disponer y disfrutar de otros mecanismos como los utilizados en los últimos tiempos en Francia donde industrias y distribución, algunas presentes también en España en ambos sectores, tienen la voluntad, capacidad y libertad para acordar precios de venta y condicionar los mismos a unas cotizaciones rentables a los ganaderos. Y, al margen de las medidas bien intencionadas del Paquete Lácteo, parece lógico preguntarse por qué en un mismo mercado comunitario, en Francia sean posibles acuerdos que den lugar a subidas de los precios de los producto agrarios y alimentarios y en España la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia vea  los pactos de la distribución como algo bueno para el consumidor y un acuerdo que beneficie al sector agrario como una práctica contra la libre competencia. Seguimos con el Paquete, pero si hay otras vías que otros utilizan, valdría la pena, al menos intentarlo desde el gobierno y la oposición, aunque sea motivo de campaña, ahora que muchos han descubierto el mundo rural, a un paso de su acaben todos sus habitantes en el camposanto.

Y, con los precios hechos unos zorros en origen y la caída de la demanda de leche líquida en un 20% desde 2000, de 88 a los 70 litros por persona y año, desde la interprofesional, ganaderos e industriales, han unido sus fuerzas para poner en marcha una campaña para apoyar el consumo con un coste de dos millones de euros, con parte de los fondos comunitarios y bajo el slogan de “3 al día”. Las frutas lo pusieron en 5.

Tampoco puede haber producción y precios sin consumo.

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