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Leche, una vela a San Antón

Vidal Maté

Una de las demandas-latiguillo más socorridas del sector agrario y repetidas por quienes además estamos en esto de la cosa agraria, es la necesidad de un equilibrio en la cadena alimentaria, al igual que se machacan otras ya en el libro de oro de las reivindicaciones como la necesidad de una oferta organizada, de una mayor vertebración del sector, del control de los precios de los medios de producción o de una mejor regulación de los mercados.

Para lograr ese equilibrio de cualquier cadena de producto, lo primero es disponer de todos los datos sobre el actual comportamiento de la misma. Agricultura hizo en su día diferentes estudios sobre la suma de costes en cada eslabón de algunas producciones, pero sin entrar en  los precios reales. Hoy, la única producción donde es posible saber cómo se comporta cada eslabón de la misma y dónde se producen los márgenes, es en la cadena de la leche de vaca que, por el momento, no sirve para mucho.

Aunque pueden existir importantes diferencias entre una y otra explotación, se pueden conocer los costes de producción de un litro de leche. Con la actual normativa en la mano, al margen de los trucos que en su día fueron habituales para distorsionar o ocultar ventas, se conocen los precios de venta de la leche por parte de los ganaderos. Lo controlan los contratos y Hacienda. Es además, el único sector donde Agricultura conoce los precios de cesión de las industrias a la distribución. Y, finalmente, son públicos los precios de venta de cada marca y en cada grupo de distribución de los precios que paga el consumidor.

En consecuencia, se sabe todo. Lo sorprendente es que en la práctica no se haga uso de toda esa información para tratar de lograr ese equilibrio en la cadena, que todos sepamos dónde se están quedando los beneficios que, en este momento, con seguridad, no llegan al ganadero y que tampoco siempre los recibe el consumidor.

Organizaciones agrarias, Cooperativas Agroalimentarias, grupos de distribución y el Ministerio de Agricultura han celebrado en las últimas fechas la XIV reunión para hacer un seguimiento del Acuerdo o compromiso suscrito en septiembre de 2015 con Isabel García Tejerina, entre un total de 32 industrias, 26 grandes de la distribución, Cooperativas Agroalimentarias y Asaja, al que meses más tarde se sumaron otras como Coag y Upa, para garantizar el valor del producto en toda la cadena, desde el campo a la distribución y lograr estabilidad y sostenibilidad de la actividad. En ese acuerdo no se fijaba una cifra sobre lo que debería ser un precio sostenible para lograr la rentabilidad de las explotaciones y que diera lugar a un precio adecuado para el consumidor, aunque extraoficialmente, en aquellos momentos, se barajaba como política sostenible para la actividad, la existencia de un precio mínimo de venta de la leche al consumidor de 0,55 euros litro.

A poco más de tres años de aquel compromiso, los datos del seguimiento del Acuerdo indican que se han logrado ligeros avances en materia de aumentar la demanda en leche y especialmente en la venta de quesos; se han dado pasos contra la banalización del producto o venta a precios por debajo de coste en la distribución al suponer los precios de entre 0,55 y 0,60 euros el 35% de las ventas y de eliminarse prácticamente las ventas de oferta. Pero, en lo que afecta a la sostenibilidad de las explotaciones, han seguido mandando los bajos precios pagados por la industria a los ganaderos que en lo que va de año se sitúan en 0,324 euros litro frente a una media de 0,37 en toda la UE, o los 0,38 de Francia donde incluso algunos grupos de distribución ha impuesto a las industrias el precio mínimo de compra a los ganaderos en 0,37 euros. No hay milagros, pero la grasa de la leche está dando buenos beneficios.

Frente a esos compromisos de sostenibilidad, la situación real denunciada por la producción es la caída de la rentabilidad por el incremento además de los costes de explotación. Ello ha supuesto la continuación del cierre de explotaciones de un sector envejecido donde no se incorporan ni los jóvenes ya integrados en la explotación familiar y solo un ligero aumento de la producción hasta los siete millones de toneladas tras la eliminación de las cuotas, incremento que incluso ha tenido ya oscilaciones temporales a la baja, lejos de la demanda interior de más de nueve millones.

En los próximos dos meses se deberá llevar a cabo la renovación de más del 60% de los más de 14.000 contratos que están actualmente en vigor donde se deben fijar los precios base para los próximos meses. Desde el sector se advierte a la Administración, que algunas de las industrias más importantes, como la francesa Lactalis, con una cuota de mercado en origen superior al 20%, plantea, de entrada, precios base de continuidad a 0,29 euros litro, lo que supondrá seguir el deterioro de la situación. Uno no ve a una multinacional española, Reny Picot, en Francia fijando a la baja los precios de la leche sin un aviso de su gobierno. Aquí somos otra cosa. Agricultura, ante esta coyuntura, ha señalado su confianza en que los buenos precios en el resto de la UE se acaben aplicando en España. Es como poner una vela al santo, ahora San Antón, aunque el sector, en derribo, no está para velas, sino para que lo apuntalen. Y, eso se llama, precios, cadena equilibrada y transparente, más cuando hay datos en la mano. Y reclamar que las firmas del Acuerdo sean cabales, no solo para salir en la foto de la escalinata de Atocha.

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08/02/2019

¿Qué hace la Comisión de Agricultura del Congreso?

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

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