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Los enemigos de la carne

Vidal Maté

En las clases de religión de antaño, los enemigos del alma eran tres, el demonio, el mundo y la carne. Eran, lo que se diría actualmente, enemigos intangibles…

Hoy, los enemigos los tiene la carne y se hallan por todas partes, disparan con todo lo que tienen a mano, sin pedírselo, dicen en defensa de nuestra salud o a favor de los animales mal tratados o del bienestar animal que no llega. No son intangibles, pero tampoco se les ve directamente, aunque se les intuye, porque se nota que tienen medios, poder y porque, en sus actuaciones, las organizaciones tienen capacidad para utilizar elementos disfrazados de nutricionistas, de hojas verdes o de misioneros franciscanos sin hábitos contra la violencia animal, pero ahí están apoyados por empresas de la oferta alternativa, por personas filantrópicas y emprendedoras, fundaciones con mala o buena conciencia ligadas directa o indirectamente a empresas y firmas como Google-Mosa Meat, Facebook, Microsoft con Menphis Meat ,Apple, BP, Walmart, ExxonMobil,Coca Cola, Pepsi Cola, General Electric, Johnson&Johnson, fundaciones ….Y por si fuera poco, ahí están las viejas reflexiones de la FAO advirtiendo sobre los muchos recursos alimentarios que se destinan, dicen desequilibrados, para la producción de la proteína animal.  

El sector de la carne y de otros productos ganaderos suponen en España una facturación de 20.000 millones de euros, con un volumen superior a los siete millones de toneladas sin contar la cabaña de aviar de puesta, más de 90 kilos por persona y año y lo que ello conlleva de actividad en el medio rural, la industria alimentaria, la demanda de la producción agrícola, el mantenimiento del territorio y de paso, seguridad en el abastecimiento de alimentos necesarios para una buena dieta.

Frente a este buque insignia de la actividad agraria y del medio rural, al sector de la carne le han salido tiradores organizados, que no francotiradores, por todas partes. Desde la perspectiva de la salud, llamadas permanentes de atención sobre los riesgos de la carne. Y, si las amenazas sobre los riesgos de la carne para la salud basadas en los estudios de cualquier universidad americana o de una entidad médica con siglas en inglés no funcionaran como se esperaba y los consumidores siguen aumentan la demanda, los tiradores, en unos casos por convicción y en otros subvencionados, acuden a la sensibilización general con denuncias llamando a la conciencia de la sociedad sobre el bienestar animal, el maltrato de las cabañas ganaderas intensivas, abuso de emisiones de efecto invernadero o el despilfarro de medios de producción como agua y territorio para lograr un filete cuya riqueza en proteínas se podría obtener y ofrecer desde otras materia primas vegetales, obviamente la omnipresente soja, si es la americana mejor, o desde células de un laboratorio.

Desde la perspectiva de la salud, en esta guerra abrió fuego en 2015 la propia Organización Mundial de la Salud señalando los riesgos del consumo abusivo de carnes rojas por su peso en el desarrollo del cáncer. Desde entonces, día sí y día también aparecen estudios, análisis, experimentos de cualquier universidad, sobre todo norteamericanas, donde se advierte sobre los riesgos de la demanda de ciertas carnes rojas cuando no aparece la viñeta de El Roto, con su cabreo histórico y profundidad habitual señalando que el consumidor español de pollo ya ha tomado su ración de antibióticos…. Un roto a su larga trayectoria de seriedad.

Con la salud y el bienestar animal como centro de las exigencias de los grupos partidos y fundaciones animalistas, menos de una docena en España, el conjunto de las cabañas ganaderas intensivas son objetivo de duras críticas atacando sin piedad a todo un sector ante una opinión pública hoy más sensibilizada ante este tipo de denuncias en base a situaciones concretas de una explotación elegida por una organización animalista.

Obviamente, hemos de arrancar señalando que las granjas no son hoteles de cinco estrellas y menos las explotaciones intensivas, lo de Alicia sería 24 millones de gallinas entre olivos, de pollos picoteando lombrices y hierbas medio año, de 26 millones de cerdos a lo Joselito, pateando en miles de hectáreas, aunque, de acuerdo con las disposiciones comunitarias se han dado avances importantes en esta dirección y a los animalistas ya se les ha quedado vieja la foto de cerda atada con una cuerda; que se debe seguir mejorando  en las condiciones del transporte y aliviar las estancias en matadero hasta el sacrificio. En este momento son incluso los propios sectores los que discuten aumentar por su cuenta las  condiciones sobre bienestar animal, partiendo de que se trata de un modelo de producción intensiva necesario para atender la demanda a precios asumidos por los consumidores.

Frente a la producción animal de carnes, desde la salud y el medio ambiente se trata de generalizar la alimentación vegana como la alternativa y ahí están ya los mercados financieros apoyando en la Bolsa estas iniciativas. Frente a la producción de carnes en granja, ya piden paso también las carnes de laboratorio a partir de unas células y con los mismos promotores, apoyos la ingesta de proteína a partir de insectos. Aquí se ve menos esta opción por falta de cultura..

Cada persona es libre para optar por su modelo de alimentación, vegano o carnívoro, carde ternera de Sayago o del laboratorio vasco de Ethica Meat, o sea comida ètica. Pero, no se puede ocultar que por detrás de todas estas guerras alimentarias con la salud humana, el bienestar animal o el medio ambiente como bandera, existen muchos intereses económicos donde grandes grupos de poder tienen la posibilidad de, permaneciendo en la retaguardia, defender sus intereses a partir de organizaciones, donde unos pueden creer honestamente en lo que hacen de forma altruista y otros con importantes subvenciones.

Solamente un informe de Open Philanthropy Proyet referido a los años de 2016 a 2018 señala la distribución de 64,3 millones de dólares entre organizaciones defensoras del bienestar animal y donde, por ejemplo Igualdad Animal, con presencia de España, tuvo unos ingresos globales de 5,6 millones de dólares.

Con todo lo que este escenario, a pesar de la escasa transparencia, la realidad es que hay una batalla contra la carne animal, la única carne hasta la fecha con definición legal. Pero, lo sorprendente es que viendo lo que se viene encima desde potentes grupos de poder como son esas empresas mundiales punteras, ganaderos e industriales no hayan   planteado una respuesta y que incluso algunas industrias ya se hayan montado en el carro que está por venir y que desde las Administraciones se haya optado por ponerse de lado.

Tal como viene la demanda mundial de proteínas, hay mercado para todos. Pero el sector ganadero, para no ser su propio enemigo, también tiene que tomar nota de las propias reflexiones de la FAO desde donde se ya se advertía años ha, de una baja eficiencia de los mismos para la oferta de proteínas en cuanto estaban utilizando el 40% de los alimentos que se cultivan en el planeta, además del gasto en agua y energía y  su papel negativo en la emisión de gases efecto invernadero.

Esto no es la carne, se parece más a una guerra con guante fino, con agentes reales invisibles donde el objetivo son producciones ganaderas intensivas.

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