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Primas y primos

Vidal Maté

Con media España ardiendo y casi la otra media tocada por la sequía, el seguro agrario ha adquirido todas las papeletas para estar en primera fila de la actualidad en el sector agrario por los intereses y los temores por las primas de agricultores y ganaderos; por las preocupaciones derivadas de los números de las compañías aseguradoras y de los sudores de la propia Administración como camión escoba con la cartera abierta ante la evolución galopante de los riesgos climáticos, el montante de los siniestros y los pagos por indemnizaciones. Las aseguradoras siguen tirando de los fondos del consorcio de compensación, procedentes también de las primas cobradas para ajustar sus resultados.

Al cabo de 40 años de funcionamiento, el seguro agrario se ha convertido en una pieza indispensable para la actividad agraria de cara a asegurar unos ingresos mínimos los agricultores y ganaderos. En el último ejercicio, según los datos oficiales, el seguro agrario se situó en cifras record con más de 14.000 millones de capital asegurado, (la producción final agraria supera los 45.000 millones) y la fidelidad de 380.000 peticiones contratando unas 420.000 pólizas gracias a las ayudas públicas que suponen una media del 41% de coste de las primas y a pesar del incremento de las mismas en los últimos años y las que se preparan para el futuro, lo que demuestra que el seguro es una herramienta importante para garantizar unos ingresos ante situaciones de catástrofes cada vez con más padrinos en la naturaleza.

En un momento cuando todo está envuelto en las políticas de equilibrio y la sostenibilidad, el seguro agrario, lo poco que nos queda en la política agraria, no podía estar fuera de ese nuevo orden, y deberían ser las condiciones aplicadas a las tres patas del mismo, los agricultores y ganaderos, las aseguradoras y la propia Administración. Equilibrio y sostenibilidad para todos. Los datos de los últimos ejercicios, por diferentes razones, cambio climático con situaciones extremas de una mayor frecuencia que en el pasado, han supuesto un incremento de la siniestralidad y a pesar del aumento de las primas, las aseguradoras, que no son ONGs, quieren lo suyo, a lo que estaban acostumbradas. Y frente al este nuevo escenario reflejo de un cambio más profundo, parece obvio que las salidas no pueden estar solo bajo la filosofía de unarespuesta de urgencia simplemente basada en más subidas de primas que piden las aseguradoras o seguir aumentando las ayudas públicas.

En relación con el seguro agrario, cabría señalar, de entrada que, aunque todas las cifras son de éxito por su evolución en estos cuarenta años, la realidad es que el mismo sigue sin calar completamente el hecho de que sea un coste más de los gastos de una explotación, como el abono. Se sigue viendo como algo a la fuerza o por si acaso.

En el seguro agrario y más en este momento con mayores riesgos añadidos sobre el campo, en este momento cuando suena aires de cambios, cabría hacer referencia también a los vacios de los seguros agrarios frente a nuevas catástrofes cada año más cercanas, más allá de la escasa contratación en cultivos como el viñedo, el olivar o las producciones intensivas.

Dos años después de la grave sequía en 2017, donde miles de explotaciones cerealistas se quedaron simplemente con la posibilidad de los créditos baratos y la rebaja de los módulos, esta campaña, sobre una superficie de más de seis millones de hectáreas en cereales, la contratación no ha pasado del 30%, un porcentaje sobre el que reflexionar poniendo sobre la mesa aspectos como coste de las primas, rendimientos asegurables en cada zona e indemnizaciones. Con la sequía ya como algo cercano, ¿por qué no hay otro nivel de aseguramiento?. Con la falta de agua por delante, los niveles de aseguramiento en pastos para las cabañas extensivas son mínimos. El este caso, un coste del seguro elevado o fallos en los mecanismos para  el control de los niveles de la hierba, han supuesto juntar el hambre con las ganas de comer en una actividad que la política agraria va dejando como algo marginal, donde quizás lo que se debería asegurar, de entrada y con apoyos, es la posibilidad de tener ganaderos dispuestos a seguir en la misma. Están como para dar euros para los seguros…

El cambio climático, además de la sequía, dicen los más creyentes en ello, abunda sobre el aumento de los riesgos de incendios ante un campo abandonado, de grandes inundaciones que se lleven por delante, no solamente los cultivos del Valle del Ebro o las explotaciones ganaderas de Murcia. Sin embargo, los niveles de aseguramiento de granjas son igualmente mínimos ante este tipo de siniestros que se llevan por delante el patrimonio y adema el val sentimental de toda una vida en la explotación.

En el seguro agrario, unos están por más primas, por más ayudas, otros por hacer el seguro más atractivo por lo que garantiza; pero lo que sí necesita es cubrir también muchos más huecos y más contratos ganando la confianza de quienes saben que viene la sequía, las inundaciones o los incendios y siguen sin creer en el mismo. Y eso no se logra con más primas de quienes piensan que pagar más por lo que dan es hacer el primo.

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