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Vender y exportar

Vidal Maté

El Ministerio de Agricultura hizo público en las últimas fechas un informe lleno de datos estadísticos sobre el comportamiento de las exportaciones agrarias y agroalimentarias durante el pasado ejercicio que suponen una completa radiografía de ambos sectores y que, a la vez, marcan las políticas, necesidades y vicios de una actividad que ya no es una salida obligada para eliminar excedentes, sino una vía más de comercialización de los productos y, con ello, la posibilidad de mantener y seguir aumentado las producciones.

Es un dato positivo que por segundo año consecutivo el valor de las  producciones exportadas hayan superado los 50.000 millones de euros, con un incremento del 0,6%; que supongan casi el 18% de las exportaciones españolas y casi el 9% de las comunitarias para situarse como el cuarto país exportador superando a los italianos, aunque esa ligera ventaja sobre Italia sea costa de aceite y de vino barato a ese mismo país. En una década se ha duplicado el valor de las exportaciones, algo que, dicho así, constituye un evidente éxito en la gestión de los mercados exteriores. Pero, por debajo de esas grandes cifras hay sectores y mercados, cada uno con su problemática concreta que no pueden decir lo mismo. Globalmente, no se va a volverá repetir un crecimiento de dos dígitos como sucediera en el pasado no lejano por la mayor competencia de los mercados porque hay situaciones y circunstancias, temores y estrategias cortoplacistas, vicios que frenan la actividad de cada sector y su propia rentabilidad.

No se puede cambiar la dinámica de que el resto de los países de la Unión Europea sean los principales destinatarios de las exportaciones agroalimentarias con más del 70% de las mismas y que, con la excepción de unos pocos terceros países, sea allí donde se logran los mejores precios, pero se impone una política de una mayor diversificación en base un mayor desarrollo de acuerdos comunitarios cuyos resultados en los últimos tiempos han sido los de Canadá, Corea o Japón y se espera pueda suceder lo mismo con Mercosur, aunque exista también el riesgo de un aumento de las importaciones agrarias. Estados Unidos, con sus riesgos y exigencias nacionalistas, es el gran mercado en terceros países por volumen y precios, junto a los mercado asiáticos en su conjunto, a la espera de que aumente la presencia en Sudamérica y de que se vayan abriendo los mercados africanos política para la que España, por cercanía, ya ha pedido por escrito a los negociadores comunitarios estar presente en los trabajos que se lleven a cabo en Bruselas para la estrategia hacia el continente.

Apostar para volver a la vía de las exportaciones con crecimiento por encima de ese 0,6% conlleva más facilidades parar entrar en nuevos mercados, iguales a las que se les concede a los mismo para su acceso a los mercados comunitarios. Y, desde la responsabilidad de la propia Administración, dar también las mayores facilidades burocráticas para salir al exterior con la máxima coordinación de competencias para evitar que miles de pequeñas empresas opten por quedarse en casa y renuncien a salir al exterior.

Las producciones españolas agrarias y alimentarias tiene una calidad contrastada, calidad que, en mucho casos, se ha visto nublada especialmente por la política de precios a la baja simplemente por la las prisas, la preocupación vender, de dar salida a las producciones, ajenos a estrategias pensadas en el medio y largo plazo. España tiene dos o tres sectores donde tiene la posibilidad de tener una posición de estar arriba o de liderazgo, como serían los cítricos, el aceite o el vino, sectores a los que las crisis se les van y se vienen con facilidad. En los tres, las exportaciones constituyen su razón de ser por volumen y con calidad. Sin embargo,  vender volumen y calidad, y  a la postre precios, es algo que, no vienen solo y, para ello, al margen de los apoyos públicos, nacionales o comunitarios, son indispensables estrategias de comunicación, inversiones en campañas de promoción en lugar de limitarse a esperar lo que den voluntariamente los mercados, que es poco.

Me lo señalaba recientemente el actual ministro en funciones Luis Planas recordando la crisis sufrida por los cítricos la campaña pasada o la más reciente del aceite: calidad diferenciada, marca, organización en la base y promoción. Calidad ya existe. Lo importante es hacer ver a los consumidores, nacionales o del exterior, que lo que se ofrece tiene calidad y un precio. En el casi de los cítricos, naranja, en los últimos tiempos se vio la falta de esa estrategia diferenciada, una Intercitrus más preocupada por dónde debería estar la sede, si en Valencia o en Andalucía, mientras la interprofesional del limón hacía sus deberes. En el aceite ha existido esta estrategia desde la interprofesional con resultados diversos, siempre positivos, aunque cabe preguntarse si sus importantes fondos son suficientes para defender su imagen en grandes mercados como el americano donde las campañas se diluyen en un vaso de agua para luchar contra otras grasas e incluso contra las estrategias cortoplacistas de algunas industrias.

Los datos oficiales sobre el comercio exterior ponen de manifiesto que la cobertura global es muy positiva para España, pero que reflejan igualmente la existencia de sectores con riesgos. Carnes y concretamente el porcino, en competencia en grandes mercados mejoran posiciones, mientras los datos de otras grandes producciones como frutas y hortalizas invitan a la preocupación por la caída de sus tasas de cobertura, tanto por la entrada de productos desde terceros países, como por la estabilidad en las ventas a otros países comunitarios donde va creciendo la competencia en las producciones con el cambio climático y la escasas nuevas aperturas de mercados fuera de la UE.

Vender es fácil. Vender calidad a un precio, es otra cosa. Requiere tiempo, inversiones y paciencia en la estrategia. Lo han hecho otros vecinos.

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