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Los pueblos son para el verano

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A repique de fiesta, reclamo de vacaciones baratas  y  tranquilas o de  volver a  revivir las raíces,  miles de casas  en cientos y cientos de pequeños pueblos semi abandonados, cuyos vecinos fijos se pueden contar con los dedos de las manos, quitaron hace unas semanas el tranco  de las puertas, las telas de araña  en rincones o alcobas  y se llenaron  las calles que durante muchos meses han estado vacías, de forasteros- paisanos  que un día tuvieron que emigrar en su mayor parte en busca de lo que no daba para todos el terruño. A  un paso del final del verano, las mismas miles de casas en cientos y cientos de pequeños pueblos semi abandonados han vuelto a poner el candado en sus puertas y las calles volvieron  a verse calladas y vacías.

El despoblamiento del medio rural,  más del 80% del territorio  donde cada día  hay menos votantes  volvió, por fin, en los últimos tiempos a ser  una preocupación teórica  en el Senado o en el Consejo Económico  y Social. Como actividad eje  en ese territorio, lo ha sido igualmente en  las preocupaciones del Ministerio de Agricultura en las últimas legislaturas desde donde se planteaban  iniciativas  ambiciosas como un Plan (no se supo del mismo) para la diversificación de la actividad en el medio con la creación de  cientos de miles de empleos o con la siempre recurrida  incorporación de los jóvenes a la actividad agraria en un volumen de unas 10.000 personas para el periodo 2014 a 2020

Luchar contra el despoblamiento del medio rural, así como  la aplicación al sector de las nuevas tecnologías, al margen de la PAC, son dos de los objetivos más  importantes planteados por el  nuevo ministro de Agricultura Luis Planas. O sea eficiencia y a la vez, nuevas  incorporaciones a ese territorio. Difícil, si no hay otras políticas, al margen de la actividad agraria.

En la actualidad, la actividad agraria  supone  menos del 4% del total de los activos totales y es lógico que es porcentaje no se vaya a incrementar en el futuro con  la necesaria aplicación de nuevas tecnologías para  lograr un mayor eficiencia y rentabilidad en el sector. La política de incorporación de los jóvenes a la actividad agraria  entre esos 10.000 reales y los 15.000  previstos, suponen, en el mejor de los casos, un  respiro al relevo generacional para  que sigan funcionando las explotaciones, pero de ninguna forma  una salida para evitar el despoblamiento y tratar de recuperar un territorio  que vuelva a  tener vida durante todo el año.

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Con una  estructura de aldeas  y muy pequeños municipios  en una gran parte del territorio, fundamentalmente en la mitad norte de la península, recuperar y mantener  vida todo el año en esos  cientos y cientos de  pequeños núcleos,  siendo objetivos,  parece un  reto complejo en base a la actividad agrícola o ganadera, habrá que asumir que acabarán cerrando,  por lo que son indispensables otras políticas.

El ministro Luis  Planas reconocía recientemente que las ayudas para la instalación de los jóvenes se ha demostrado no son suficientes para  atraer  a los mismos para su incorporación a la actividad agraria. Aunque de entrada, esas ayudas se podrían considerar importantes, lo cierto es que las mismas se quedan cortas para su incorporación como nuevo  agricultor. La realidad es que, además se requiere  una actividad  claramente rentable, con un medio rural atractivo para  el profesional y su familia,  desde la perspectiva asistencial y con servicios similares a los que disfruta de la población  urbana, sin tener que  asumir, por vivir en ese medio, unos mayes costes en diferentes aspectos que van desde  la educación hasta el transporte y la propia alimentación  que les ofrecen cuartos  intermediarios a la puerta de su casa.

Ahora que tanto se habla  de PAC y redistribución de los fondos, sorprende que en ningún papel se haya podido leer que  un agricultor  profesional  o genuino,  pudiera  tener un plus de apoyos simplemente y nada menos que por vivir  con su familia  en  el medio rural  y no en uno de los barrios baratos de cualquier ciudad donde  con los ahorros  o los fondos comunitarios se han visto forzados a comprar  el pisito  para que los hijos puedan estudiar a un menor  coste. Es triste que del campo vacio, solamente se acuerden las macro granjas  de  diferentes cabañas  ganaderas  intensivas, pero  es una posibilidad real de  trabajo y ocupación si las mismas cumplen con  las necesarias condiciones en materia de medio ambiente. Se puede estar o no de acuerdo con el modelo de integración en porcino,  si el ganaderos ha dejado de serlo y pasado a ser un  autónomo contratado, pero hay en el medio más de 86.000  instalaciones que dan empleo y rentas,  obviamente cumpliendo las exigencias medioambientales.

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Se echa en falta el mayor apoyo a las ganaderías extensivas  en  las que no hay emprendedores  por su alta dependencia   y  su discreta rentabilidad. Concursos de Ideas ¿Y si en un cada uno de esos pueblos semi abandonados donde las hierbas se comen  hasta las calles y alientan los incendios, cada ayuntamiento  se convirtiera en un pequeño empresario con la contratación de un pastor con 1000 cabezas de ovejas, incorporando un millar de  familias,  un millón de ovejas al censo y además la posibilidad de apostar en la comarca  por una industria artesanales con  fondos de ese desarrollo rural donde, en muchos casos, no se sigue la pista y, sobre todo los resultados?

El despoblamiento rural no sea soluciona solo con una política orientada al relevo generacional, sino  con  la búsqueda de otras alternativas de actividad y  empleo locales y, sobre todo, comarcales. Y en ello, además de    esas políticas de servicios  e infraestructuras, está  la existencia de una política de incentivos industriales, desde la fiscalidad a  apoyos directos al empleo,  normativas limitando el desarrollo de polígonos industriales  en los cinturones de las grandes urbes, primando  el alejando los mismos a una docena de kilómetros en cabeceras de comarcas semi abandonadas, como ya sucede    en  un territorio  como el País Vasco  donde en cada valle hay una zona industrial.

Mientras tanto, con  esos   10.000 jóvenes que se sumen a la actividad profesional agraria cada siete años, solo se puede lograr, como mucho mantener las explotaciones  y retrasar el camposanto; con la llegada de los ecoaldeas, aunque todo suma, como el turismo rural, tenemos solo una imagen falsa de un relevo  y una agricultura de la supervivencia.

El territorio rural, debe dejar de ser solo para el verano o motivo de llantos frente al cadáver.

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