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China quiere cambiar en profundidad su política de gestión del mercado de maíz

RM

La información que se replicó en los despachos de agencias a finales de marzo de que China quiere poner fin a su política de almacenamiento de maíz y liberalizar los precios impactó en un primer momento sobre la volatilidad del mercado cerealista mundial. Sin embargo, no deja de ser una noticia más, con claro tinte especulativo, y que era conocida desde hace tiempo por los operadores –en noviembre, el Ministerio de Agricultura de ese país ya anunció una reestructuración de este sector- , que eleva aún más la incertidumbre sobre los altos niveles de stocks que acumula la potencia asiática y que son una incógnita (secreto de Estado).

El nuevo Plan Quinquenal 2016-2020 tiene entre sus objetivos tratar de conseguir un alto grado de autosuficiencia alimentaria. Y en este contexto hay que enmarcar una medida cuyo objetivo, según anunció el 29 de marzo la SAG (la Agencia nacional china de cereales) es poner fin a su política de precio mínimo garantizado del maíz (en un principio, lo reduciría un 10%) para recortar sus enormes stocks públicos de este grano, que suponen un fuerte gasto de mantenimiento y sufren una clara depreciación de calidad según pasa el tiempo.

A cambio, el Gobierno chino está dispuesto a subvencionar a los agricultores para que sigan produciendo maíz y dar incentivos a los organismos públicos y a las empresas privadas para que compren la cosecha nacional en condiciones de mercado, tratando de igualar sus precios a los de la materia prima de importación.

El problema central es que China acumula la mitad de las reservas mundiales de maíz y quiere ir paulatinamente deshaciéndose de ellas, a la vez que ir cambiando su política interna de gestión de mercado en relación a este cereal, haciéndola más eficiente y reduciendo las grandes diferencia que existen entre su mercado interno y el internacional. Esta política ha llevado a la incongruencia de producir un aumento de las importaciones y que, a la vez, crecieran los problemas para comercializar su propia cosecha nacional.

Riesgos

Los analistas interpretan estas medidas como la mayor reforma emprendida en el sector de cereales de China, en línea con otras adoptadas para poner más el foco sobre la economía nacional en el consumo que sobre el mercado exterior. Se preguntan si el Gobierno chino no corre el riesgo de que esta liberalización produzca un recorte de precios interno tal que desincentive el cultivo de maíz y disminuya la oferta nacional. Y que, a pesar de la salida paulatina de sus reservas almacenadas al mercado, no sea necesario importar más para atender la demanda.

El banco alemán Commerzbank se hizo también eco de la noticia, publicando un informe en el que señalaba que la decisión podría afectar a alguno de los tradicionales exportadores de este cereal al país asiático, como Estados Unidos o Australia, al ver frenadas sus ventas hacia ese mercado o incluso que el país asiático comenzase a su vez a exportar maíz. Y que todo ello, en su conjunto, pudiese impactar sobre los precios mundiales y añadir presión a unos mercados que están ampliamente abastecidos en este momento.

En los últimos cinco años, añade este informe, las compras de maíz por parte de China han fluctuado entre los 2,5 y los 5,5 millones de toneladas, unos volúmenes no muy elevados (España, por ejemplo, en la presente campaña 2015/16 podría llegar a importar 6 millones), lo que supone apenas un 5% de las importaciones mundiales de este cereal, Sin embargo, añade el banco alemán, en un contexto de mercado como el actual, con precios bajos en los últimos tres años y niveles récord de existencias en este cereal, no se descarta cierto impacto de estas medidas en el mercado internacional.

Commerzbank incide también en otros factores que podrían a corto plazo tener efectos más directos sobre las cotizaciones del maíz, con el anuncio por el Departamento de Agricultura (USDA) el pasado 31 de marzo del aumento en un 6% en la intención de siembra destinada a este cultivo en Estados Unidos, el primer país productor mundial. Si se plasma esa intención, favorecida por una climatología benigna, podría producirse un aumento de la oferta de este cereal en la próxima cosecha.

Reserva estratégica

El actual programa de almacenamiento público de cereales en China se inició en 2008 y la liberalización del mercado entrará en vigor en el próximo mes de octubre, antes de la próxima cosecha, y podría ser el inicio de un cambio crucial en la política de abastecimiento de maíz de este país. En 2015, China importó un volumen récord de este cereal y de productos sustitutivos para alimentar a su creciente cabaña ganadera.

La reserva estratégica de maíz en el gigante asiático es difícil de calcular. Según algunas fuentes, ronda los 250 millones de toneladas (otras, como el USDA la rebaja a 114 M tm), un volumen, en todo caso, que supone más de la mitad de los stocks mundiales y que supera la demanda anual de este país, segundo consumidor mundial. Con el paso del tiempo esta reserva, a la vez que se ha ido incrementando,  ha ido deteriorándose en su calidad, a la vez que seguían creciendo sus costes de mantenimiento. Y sin que sirviera para recortar los elevados precios internos de este cereal, que son entre un 30 y un 50% más altos que los mundiales.

Cambios paulatinos

La intención inicial del Gobierno chino es rebajar un 10% ese precio mínimo garantizado y poner a la venta en el mercado unos 40 millones de toneladas de maíz este año, apoyando su compra por parte de las autoridades públicas y operadores privados. Estos últimos habían venido elevando la importación de otros granos forrajeros, como sorgo, cebada, DDGS del etanol de maíz, para atender la demanda de piensos de la creciente cabaña ganadera, debido a los altos precios internos de este cereal, e incluso venían aumentado la importación de maíz grano ante el fuerte descenso de su cotización internacional.

El crecimiento de los stocks de maíz en China se atribuye al programa oficial de precios mínimos, que ha estado orientado a garantizar el autoabastecimiento interno de este cereal y, en general, de otros recursos forrajeros. Cada año, el gobierno central chino establece unos precios mínimos garantizados con la intención de estimular las siembras de cereal. Si el valor de mercado del mismo cae por debajo de ese precio de sostenimiento, el Gobierno se encarga de comprar a ese nivel mínimo y almacenar el cereal. Esta política es lo que ha llevado a que ahora China se plantee modificar la política de gestión del mercado, aliviando su ingente y costoso volumen de reservas internas, que fueron compradas a precios muy superiores a los del mercado internacional.

Hay que recordar que China puso fin en los últimos años a sus programas de almacenamiento público estatal de otros productos, como el algodón, la soja y la colza y estudia también (ya existen proyectos) revisar la política de gestión de mercado de dos alimentos básicos para su población, como el trigo y el arroz, en los que el grado de autoabastecimiento es prácticamente del 100% sobre sus necesidades internas de consumo y en donde existen aún precios mínimos garantizados de compra.

Apuesta bajista

Otros analistas abundan en que la noticia de China de que va a liberalizar su política de precios y poner fin a sus ingentes reservas hay que apuntársela a los administradores de fondos especulativos, los denominados hedge funds, que operan en el mercado de Chicago y que siguen profundizando en sus apuestas bajistas en el precio del maíz, a pesar de que el mercado no acompaña, al contrarrestarse con un  fuerte incremento de la demanda.

La noticia del USDA, días después, de un aumento de las intenciones de siembra en los Estados del cinturón maicero (corn belt) contribuyó a calmar los ánimos de estos fondos especulativos, que estaban perdiendo dinero con sus apuestas a la baja sobre este cereal, al prever un escenario catastrófico que, por el momento, no se ha confirmado.

Precisamente, la principal hipótesis que sostenía la apuesta bajista sobre el maíz de los hedge funds era que la Administración estatal china liquidara sus importantes reservas estratégicas de este cereal, como si eso pudiera hacerse de la noche a la mañana.

Parece lógico que el Gobierno chino quiera deshacerse de sus elevados stocks de maíz, aunque eso no quiere decir que los vaya a eliminar si su intención última es que su política estatal siga contribuyendo de una u otra manera a garantizarse el autoabastecimiento alimentario. Ahora apoyará directamente a sus agricultores para que no se desanimen en la siembra de este cereal y les salga rentable su cultivo, a pesar de no que dejen de existir los precios mínimos, y sus operadores y consumidores para que se sirvan de esos excedentes públicos en vez de acudir a la demanda del mercado internacional.

También parece de sentido común que las autoridades chinas cambien de política de gestión de mercado en este cereal, cuando las medidas anteriores no les ha dado el resultado esperado, pues los stocks han continuado en aumento y han seguido creando serios problemas económicos por sus costes de mantenimiento y por la depreciación de su calidad ante el prolongado almacenamiento.

Tampoco han sido beneficiosos los elevados precios mínimos de garantía para unos operadores y consumidores, que se han decantado en la medida de lo posible por importar cada vez más cantidad de materias primas alternativas al maíz e incluso de este cereal ante la fuerte caída de su precio en el mercado internacional.

¿Cuál serán los resultados de este cambio? Pues habrá que ir viéndolo, porque no sucederá de un día para otro. Lo que está claro es que el problema no será si China importa más o menos. A lo mejor, el resultado a medio plazo es precisamente lo contrario si su Gobierno se abre más al exterior y aplica con todas sus consecuencias las reglas capitalistas de mercado.

Lo más importante para el Gobierno de ese país es reducir la dependencia exterior y elevar el nivel de autosuficiencia de alimentos básicos ante una clase media en crecimiento, que se decanta cada vez más los estándares de consumo occidentales. Para eso tendrá que seguir apoyando al máximo a sus agricultores y a su medio rural, así como mejorar la eficiencia y la productividad de su producción agrícola interna, con un mayor respeto a la biodiversidad y al medio ambiente. Este es, precisamente, uno de los retos importantes del nuevo Plan Quinquenal que las autoridades chinas han puesto en marcha.

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22/02/2019

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Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

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