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Mercadona, patrimonio nacional

VM

Se lo han estado pensando muchos años. Una década después de que se planteara la posibilidad de salir al exterior, el grupo Mercadona comunicaba oficialmente su decisión de instalar en Portugal a partir de 2019 las primeras cuatro tiendas con una inversión de 25 millones de euros y la creación de 200 puestos de trabajo. Decisión, por lo que se ve, muy estudiada y anunciada con tiempo en los medios.

Aunque el grupo había barajado igualmente la opción de instalarse en otros países en el sur de la Unión Europea como Italia, Bélgica o Francia, la elección de Portugal resulta la más lógica en cuanto supone prácticamente operar en un mismo mercado peninsular por su cercanía a efectos de utilizar la logística ya en marcha para España o la existencia de una demanda similar. Además, en materia de proveedores, la realidad es que el grupo valenciano ya cuenta con una veintena de firmas portuguesas, desde Sovena en el aceite a otras para productos como azúcar, pesca o pan. En consecuencia, la bandera que ondea y airea Mercadona como producto mayoritariamente nacional seguiría sirviendo para el nuevo mercado como ha servido para el español en las últimas décadas, aunque no sea exactamente así, ni sea, en la cosa agraria, la salvadora del campo, como a veces se ha pretendido presentar por el pago de unos precios ligeramente por encima de la competencia o no caer en los precios abusivos de oferta de otras enseñas en leche, aceite, pollo o conejo.

Mercadona es la historia de un grupo de distribución de éxito, con una facturación en España superior a los 20.000 millones de euros, un beneficio de más de 500 millones de euros y más de 1.500 tiendas, aunque las cosas no fueron siempre así. En los años noventa, en plena política de expansión, el grupo tuvo serias dificultades, pretendientes, que sus actuales propietarios, la familia Roig, Juan y Hortensia, supieron aguantar con su esfuerzo y con la quita que sufrieron y pagaron los proveedores. De una política de grandes ofertas, peajes de entrada, fiestas de la Cruz Roja, aniversarios, bodas y bautizos, se pasó a un modelo importado basado en Siempre Precios Bajos y de interproveedores o proveedores en exclusiva, que ha dejado a unos pocos tirados en la cuneta, pero que ha aupado a la mayoría exigiendo unas estructuras de producción más eficientes, que van a quedar ahí, vendan o no a Mercadona, aunque siempre con el riesgo de verse un día descolgados del grupo y con la necesidad de buscar mercados.

Sobre Mercadona hay muchas cuestiones que brillan tras su imagen de firma emblemática triunfadora como si se hubiera convertido en un nuevo patrimonio nacional a proteger, pero también otras menos claras que se quedan en las sombras y el misterio. En relación con su anuncio de entrada en Portugal, sorprende la eufórica recepción por parte de todos los grandes medios de comunicación, un gran canto, cuando se trata del parto de los montes, una ampliación de unos kilómetros en su radio de acción. De Mercadona sorprende su ganada imagen de establecimientos baratos cundo en realidad no lo son tanto en su segmento de oferta frente a otros grupos como DIA y Lidl, o en relación con el propio actual El Corte Inglés, necesitado hoy de vender más.

De Mercadona sorprende su imagen defensora de los productos nacionales desde el campo a la industria cuando es solamente una verdad a medias exigiendo a los interproveedores ponerse de rodillas y en pelotas. Sorprende que casi nunca se lea una leve crítica su modelo gestión, a sus relaciones leoninas con los proveedores, a la política laboral de productividad y eficiencia… como que todos le debieran algo, como si se hubiera convertido en un nuevo patrimonio nacional a proteger.

Mercadona, cumplido su objetivo de entrar en zonas antes “prohibidas” o de riesgo como el País Vasco y Navarra, con otros grupos de distribución en España en con una estrategia más agresiva y con resultados favorables ganando cuotas de mercado, parece es un modelo, una enseña que habría tocado techo, que sí le preocupan sus perseguidores, aunque lo nieguen y aunque siga con una cuota estabilizada de más del 22%, muy alejada del resto. A Juan Roig ya le faltaba sitio, estaba perdiendo su total protagonismo en la distribución nacional y le hacía falta un golpe de efecto ahora para recordar que estaba ahí, marcando líneas, aunque sea un proyecto de hace una década y anunciado para dentro de cuatro años para un mercado donde ya tiene un gran peso la gran distribución con apenas cinco grupos con casi el 80% de la cuota de un mercado de unos 15.000 millones de euros. Suerte.

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