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Vino y vendimia, razones para el optimismo

Vidal Maté. @trigo_limpioVM

Con un par de semanas de retraso, se han iniciado los cortes más tempranos de uva en la temporada de vendimia con una vuelta a la normalidad en materia de producción con unos 42-43 millones de hectolitros frente a los 35 millones de la campaña anterior mermada por las heladas y sequía y con una uva de calidad en todas las zona. Los únicos interrogantes en este momento de cara a la misma es si volverá la “normalidad” de los años negros cuando los precios de 0,12 euros kilo de uva en las zonas de mayor producción expulsaban a los  viticultores o si se impone la economía real vitivinícola con más ventas en el exterior, consumo de vino de más calidad en el mercado interior, más precios e ingresos y más bodegas en el negocio. No hay razones objetivas para vuelta al pasado, sino todo lo contrario y hay razones para el optimismo sobre el futuro del sector.

En principio, a la vista de los datos que se pueden manejar sobre el sector, hay argumentos para estimar que mismo está evolucionando de forma lenta, pero sin pausa, hacia donde debería haber estado hace tiempo y que se halla en el buen camino. La actual situación de los mercados ha puesto en evidencia que, España con una producción por encima de los 40 millones de hectolitros no es un país excedentario y, en segundo lugar, lo que es más importante, que es posible operar en esos mismos mercados con los mismos volúmenes o más que en el pasado, a precios más elevados, lo que se debería seguir reflejando en la remuneración de toda la cadena. Hoy, los excedentes al inicio de campaña se elevan a solamente 32,4 millones de hectolitros, cuatro menos que haceun año y, en muchas zonas como Ribera del Duero, las bodegas se hallan sin existencias para atender su demanda natural.

Las exportación se han mantenido prácticamente en los mismos niveles entre los 22 y los 23 millones de hectolitros a pesar de haber seguido la subida de los precios hasta la media de 1,25  euros  kilo donde, aunque menos, siguen pesando los graneles. España, a pesar de ello, se mantiene a la cola de los países con los precios de venta más bajos, pero los resultados del último ejercicio constatan la posibilidad de crecer vendiendo más caro desde en terceros países emergentes, hasta en los vecinos comunitarios que se benefician de los mínimos precios españoles para arruinar a sus viticultores.

En el mercado interior se puede hablar solo de una mínima subida de una demanda que tenía una caída permanente hace décadas, pero hay también signos positivos como el incremento espectacular del 60% que se está registrando en los últimos meses en la compra en los hogares de los vinos con denominación de origen y con una Indicación Geográfica Protegida, según recoge el Observatorio Español de los Mercados del Vino.

Un tercer dato que apoya el funcionamiento positivo del sector es el incremento de nuevas bodegas que en la última década ha seguido creciendo en 280 instalaciones hasta las 4.373, a pesar de ser una actividad sin subvenciones. El vino debe ser un buen negocio, al margen de que hay sido también, en ocasiones refugio de dinero negro o capricho de nuevos ricos.

En consecuencia, con esos 42 millones de hectolitro que se barajan para la vendimia, no habría razones para la vuelta a la normalidad negra de los precios bajo mínimos y se debería impone la continuidad de 2017 y al impulso del pago de la uva no por volumen, sino por calidad.

Uno de los pocos datos del sector con más recorrido aún para mejorar, aunque se han hecho grandes avances en comercialización, es la situación y el papel del mundo cooperativo, dominante en la producción, pero que no es protagonista en los mercados a la hora de marcar los precios de la uva que fijan y arriesgan, unos pocos grupos empresariales.    

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