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Un bote de 30 millones

firma vidal maté

Durante los últimos años, uno de los fenómenos más significativos que se han registrado en sector agrario ha sido la constitución y el funcionamiento de las organizaciones interprofesionales por lo que suponen las mismas del compromiso de los propios agricultores, ganaderos e industrias para contribuir con sus propios recursos a la defensa de sus intereses.

Las organizaciones interprofesionales, fundamentalmente por la presencia en sus estructuras de los técnicos de las organizaciones agrarias y de las cooperativas, están jugando un papel clave, tanto en los trabajos para lograr una mayor organización y clarificación de cada sector, como, sobre todo, para dar visibilidad a los mismos en los medios de comunicación ante la opinión pública en general y, sobre todo, ante los consumidores nacionales o en el exterior; en unos casos divulgando los valores y las propiedades en materia de calidad y salud de los productos y, en otros, para contrarrestar las campañas dirigidas desde grupos de intereses para  sustituir una demanda por otra.

Están por ver los resultados de todas estas políticas en cuanto se trata de siembras de especies de crecimiento lento, pero, en todo caso, son estrategias en porcino, conejo, leche, vino, aceite …que están contribuyendo de forma muy importante a la mejora de la imagen de un producto, a impulsar la demanda y, en definitiva, a apoyar los mercados y las rentas de los productores.

Hablando de las interprofesionales, otro aspecto importante en su razón de ser son sus disponibilidades financieras para desarrollar sus cometidos y a la utilización de las mismas.

En base a las progresivas extensiones de norma, las organizaciones interprofesionales disponen en la actualidad de unos ingresos, variables en función de cada campaña, pero que en su conjunto ascienden a casi los 30 millones de euros donde destacan los 8,7 millones del aceite, 5,7 millones del vino,3,8 millones, del porcino de  capa blanca  y 1,8 del ibérico, 2,7 millones de la aceituna de mesa, 2,2 del vacuno, 1,2 para la leche de vaca, poco más de un millón para el ovino hasta los 665.000 euros del conejo o los 540.000 del aceite de orujo.

En consecuencia, en un momento cuando las organizaciones agrarias tienen problemas para  subsistir porque han bajado las ayudas públicas; porque los afiliados no crecen ni quieren pagar más cuotas; porque no se ha dado con la tecla de un nuevo sindicalismo de servicios que genere otros ingresos…,  se puede decir que las interprofesionales, sin nadar en la abundancia, se hallan como en un oasis.

La estrechez de recursos y más cuando los mismos se han logrado con sangre, sudor y lágrimas, invita a gastar con sentido del ahorro y mirando la última peseta. Disponer de fondos importantes cuando no se ha manejado con anterioridad ese volumen en el sector agrario, sí en el caso de las industrias más acostumbradas a contratar este tipo de campañas o de estudios, tiene el riesgo de tener menos miramientos.

El hecho de que esas docenas de millones de euros sean la suma de céntimos de millones y millones de kilos de aceite o de leche, sería una razón de más para que, a la hora de utilizar los mismos, se buscara en todo momento la máxima eficacia al menor coste. Disponer de fondos importantes no debería, por ejemplo, confundir las ganas de eficiencia, con asignaciones basadas más en criterios de imagen en consultoras, expertos o agencias de nombre, que en su conocimiento del medio y de los objetivos perseguidos. Me viene  a la cabeza la ya vieja crisis del aceite orujo  cuando se generó la imagen de producto peligroso para la salud, y donde  un conocido periodista metido a comunicador contratado para acometer una gestión de crisis, me llamaba para  explicarme las virtudes del aceite de orujo y además una entrevista en exclusiva con una persona, un amigo aceitero.

En todo tipo de cuentas públicas debe existir la máxima transparencia. En el caso de dineros sumados con el sudor de cada agricultor o ganadero, mucho más. Está bien que desde las interprofesionales se busque la mayor eficacia, se trate de contratar legalmente y debería ser siempre en base a una concurrencia de ofertas, los mejores servicios para lograr esos objetivos y para asegurar que las cuentas son claras. Aunque  es obligado el control de la propia Administración, es importante que, además  de la legalidad en los contratos, asegurarse de que no hay cambalaches indirectos debajo de las alfombras y, sobre todo, que  el coste  sea equilibrado con los servicios evitando montajes caros de dudosa eficacia como de nuevos ricos que tiran la casa por la ventana. Y, hablando de transparencia, además del desarrollo de cada campaña, la interprofesional tiene la opción de dar cuanta en sus páginas sobre el destino de todos sus gastos, hasta el último euro, para diluir una nube de brumas que envuelve ciertas actuaciones.

Las interprofesionales disponen de unos fondos que los hombres del sector, las empresas sí, nunca habrían soñado para hacer una campaña. En función del peso y las posibilidades de cada interprofesional, se impone un sistema de pagos y retribuciones desde los propios gestores a sus contrataciones de servicios externos, estudios, asesores, comunicación, campañas promoción etc. Todo trabajo tiene un precio. Por ello, no deja de sorprender que, mientras terceros al sector se lo llevan más o menos crudo, no se haya buscado aún una salida legal desde Agricultura para que, quienes son realmente los motores de ese tipo de estructuras, los representantes de las organizaciones agrarias y de las cooperativas, no reciban para sus estructuras ninguna compensación por su dedicación con un dinero que en este caso sí revertiría  del campo al campo.

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