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El resurgir del agro

Hoy voy a hablar de mi libro. En las entradas de este blog, desde hace ya 12 años, hemos tratado diferentes asuntos, la mayor parte de ellos relacionados con el sector agrario. Hoy, la atención es para “El resurgir del agro”, libro que he tenido el honor de escribir y que presentamos en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas, de la Universidad Politécnica de Madrid, el pasado 7 de mayo. El libro ha sido editado por la Editorial Agrícola (https://libreria.editorialagricola.com/editorial-agricola-libreria/materias/destacados_54_1_ap.html).

En la presentación contamos con la participación de Antonio Luque, presidente de DCOOP, Teresa López, presidenta de FADEMUR, y Rodrigo Carrillo “El Tractorista de Castilla”, agricultor joven muy activo en las redes sociales. Todos ellos aportaron su visión sobre el libro y contribuyeron a que la jornada fuera un éxito.

Se preguntarán que por qué el libro. La verdad es que el germen de esta publicación es una conversación entre amigos en la que el director de la Editorial Agrícola me propone poner por escrito mis ideas sobre el sector. Acepto el reto y me pongo con ello. Pensamos que formato darle y decidimos un libro sencillo, eligiendo los diez retos más importantes que, a mi juicio, tiene en este momento el sector agrario. A cada uno de ellos está dedicado un capítulo.

En cada capítulo realizo un análisis con datos y reflexiones de la situación y hago propuestas para afrontar los retos elegidos, de cara al futuro. En realidad, se trata de una publicación muy personal, con mi visión sobre el sector agrario y mis ideas para afrontar los retos presentes y garantizar un futuro sostenible.

La segunda pregunta es: ¿Cuáles son los retos del sector?

Pues desde mi punto de vista, el apoyo e impulso al modelo de agricultura y ganadería familiares, verdadero ADN del sector agrario de nuestro país. En tiempos convulsos, con una economía global e intensa competencia en los mercados, proteger las explotaciones familiares, a los pequeños y medianos emprendedores agrarios, impulsando el relevo generacional y la presencia de las mujeres al frente de las explotaciones agrarias, es la clave para asegurar el futuro de nuestra agricultura. Un factor limitante, sobre el que hay que actuar de forma urgente es el acceso a la tierra. La creación de bancos públicos de tierra para la incorporación de jóvenes o el incremento del tamaño de las explotaciones de los agricultores y ganaderos profesionales debe ser prioritaria. También, para asegurar la rentabilidad de las explotaciones, son necesarias cooperativas fuertes, de mayor tamaño y mayor capacidad de negociación en los mercados, que protejan los intereses de este modelo de agricultura.

Pues desde mi punto de vista, el apoyo e impulso al modelo de agricultura y ganadería familiares, verdadero ADN del sector agrario de nuestro país. En tiempos convulsos, con una economía global e intensa competencia en los mercados, proteger las explotaciones familiares, a los pequeños y medianos emprendedores agrarios, impulsando el relevo generacional y la presencia de las mujeres al frente de las explotaciones agrarias, es la clave para asegurar el futuro de nuestra agricultura. Un factor limitante, sobre el que hay que actuar de forma urgente es el acceso a la tierra. La creación de bancos públicos de tierra para la incorporación de jóvenes o el incremento del tamaño de las explotaciones de los agricultores y ganaderos profesionales debe ser prioritaria. También, para asegurar la rentabilidad de las explotaciones, son necesarias cooperativas fuertes, de mayor tamaño y mayor capacidad de negociación en los mercados, que protejan los intereses de este modelo de agricultura.

El acceso al agua, en una agricultura profesional, es también, un reto inaplazable. La compatibilidad entre el regadío -eficiente y social- y la preservación de los humedales y de la biodiversidad, es posible, desde una planificación conjunta, en la que se cuente con los intereses de los habitantes del medio rural. Como propuesta disruptiva, aporto la idea de la creación de bancos públicos de agua para la agricultura y ganadería en las diferentes cuencas hidrográficas. Sería la forma de conceder derechos de riego a los jóvenes que se incorporan o a profesionales del sector, utilizando este recurso para, de alguna forma, redistribuir la riqueza y hacer más rentables las explotaciones agrarias.

En la misma dirección, la agricultura y la ganadería familiares tienen que erigirse, desde la perspectiva de una sociedad urbana, en los verdaderos aliados para proteger el medio ambiente y en uno de los principales actores para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la lucha contra el cambio climático.

La agricultura y el medio ambiente son aliados; deben ir de la mano. No es una cuestión negociable. Y esto es imprescindible, además, para garantizar el futuro de la Política Agraria Común (PAC), su justificación social y su partida presupuestaria. La PAC es una política necesaria, y muy útil, para garantizar la rentabilidad de las explotaciones. Es muy urgente apostar por un modelo más justo, en el que se ayude más a quien más lo necesita (a los pequeños y medianos agricultores y ganaderos, las explotaciones de secano o la ganadería extensiva), priorizando a la agricultura y ganadería profesionales, eliminando burocracia -por ejemplo, los derechos de producción– y simplificando las exigencias medioambientales a los productores más pequeños. Un modelo más sencillo, y más justo, es, además, más fácil de explicar y de justificar.

En cuanto al mercado y las relaciones entre los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria, toca estudiar un modelo en el que se garanticen con mayor intensidad los derechos del eslabón más débil, el de los agricultores y ganaderos -y los trabajadores asalariados del campo-, haciendo participes también a la distribución y a la hostelería, y a los consumidores, de la necesidad sostenible, de que la actividad agraria sea rentable para los productores, en el inicio de la cadena.

Para ello, hay que repensar el papel de las interprofesionales, y su estructura. No pueden limitarse a la promoción -muy necesaria- de los productos a los que representan. Deben ser organizaciones más amplias, en las que participen la distribución y los consumidores, y que trabajen para regular la oferta sectorial y adaptarla a la demanda, apostando por la rentabilidad de todos los eslabones.

Todas estas cuestiones, y muchas otras, se recogen en el “El resurgir del agro”. Ha sido un honor para mí poder escribirlo y espero que sea útil para los actores del sector agroalimentario de nuestro país. Y un placer para todos lo que lo lean.

Muchas gracias

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