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'En época de siembras, leñosos'

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Acabando ya el otoño, son muchos los agricultores en nuestro país que han realizado las siembras de los cereales de invierno. Una rutina que, en los últimos años, se ha visto muy dificultada por el encarecimiento de los medios de producción, fertilizantes, fitosanitarios, combustibles, y, sobre todo, por la falta de lluvias. Como consecuencia, muchas hectáreas se quedaron sin sembrar, de forma particularmente significativa, la campaña pasada.

Es momento de replantear una vez más, dar una nueva vuelta de tuerca podríamos decir, al cambio de orientación productiva de las superficies de secano de la España interior.

La dependencia de los mercados globales en la fijación de los precios para productos que podemos considerar como “commodities”-productos básicos en español-, en los que es difícil, sino imposible, la diferenciación, los menores rendimientos que agriculturas muy especializadas o productivas, como las de Canadá o la misma Ucrania, y los mayores costes unitarios, hacen que nuestros productores se enfrenten, todos los años, al desafío de la rentabilidad. Por esto, precisamente, de alguna forma, nacieron, y existen, las ayudas de la Política Agraria Común (PAC); para compensar las diferencias en rentabilidad de la agricultura europea respecto a algunas como las ya citadas, que condicionan los precios internacionales.

La reducción de precipitaciones otoñales y primaverales de los últimos años, cuestionan, aun mas, la rentabilidad de esta agricultura de secano de cultivos herbáceos. Eso hace que muchos agricultores, en los últimos años, hayan optado por reducir la superficie sembrada. Esto afecta principalmente a las hectáreas menos productivas y a las zonas más marginales, lo que supone, en la práctica, un perjuicio ambiental.

Creo que es momento de replantearse la orientación productiva de muchas explotaciones de agricultores profesionales. Llevo haciendo hincapié en ello en los últimos años, y en Castilla-la Mancha podemos decir que se está viviendo una revolución silenciosa, aumentando la superficie de olivar, pistacho y almendro de forma casi exponencial en algún caso. Es cierto que también en las superficies de regadío, donde los leñosos se adaptan muy bien a la premisa de generar riqueza con cada gota de agua.

Soy consciente de que esta reflexión puede generar mucho debate, y discrepancias. Y soy también consciente de que no es solución para todas las explotaciones, y que no será lo mismo en explotaciones con un número significativo de hectáreas que en las más pequeñas, ni en aquellas que tienen acceso al agua que en las qué no lo tienen. Es una cuestión controvertida, pero clave para el futuro de muchas explotaciones.

Intentaré aportar argumentos.

El primero de ellos es que en las producciones de cultivos leñosos de secano -y también, de regadío, por supuesto- es posible, generalmente, diferenciar los productos finales que, en muchos casos, se comercializan transformados, por ejemplo, el vino o el aceite. Así, en la venta de éstos, pueden usarse denominaciones de origen o indicaciones geográficas protegidas, métodos de elaboración, variedades, etcétera, lo que permite competir mejor en los mercados, tanto locales como globales. Esto también puede ocurrir con productos que sufren una menor transformación, como los pistachos o la almendra, en los que existen diferencias varietales, de sabor o tamaño, y que se pueden comercializar tal y como se extraen, o tostados, salados, en trozos o en polvo, para consumo directo o para industrias complementarias como las de elaboración de dulces por ejemplo, en la que las variedades y calidades del fruto seco pueden ser determinantes para el resultado, y precio, del producto final.

En segundo lugar, son producciones en las que España es un país muy relevante en términos de producción y presencia en los mercados. Somos el primer país productor y exportador de aceite de oliva del mundo, y uno de los tres primeros, en función del año, en producción y exportación de vino. En frutos secos somos lideres europeos en los dos más relevantes, almendra y pistacho, con una perspectiva muy positiva en los mercados internacionales. Esto hace más fácil influir en los precios y condicionar, de alguna forma, los mercados.

Un tercer argumento es que su incorporación a la orientación productiva de la explotación, aporta un mayor grado de diversificación de producciones y de ingresos, lo que suele resultar en un menor riesgo empresarial en el sector. Los profesionales de la agricultura, en un contexto muy complejo, con cada vez mayor riesgo de catástrofes climáticas, sequías, heladas, fuertes tormentas o inundaciones; y con mercados globales muy volátiles, tienen que apostar por la diversificación. Se cumple aquí, sin duda, el axioma de ”poner los huevos en más de una cesta”.

Y finalmente, el último está relacionado con el agua. Son producciones, en general, muy “agradecidas” con el agua. Se adaptan muy bien a situaciones de sequía y calor extremo, cada vez más habituales, y responden muy bien al aporte de agua. Años de buenas precipitaciones -o la presencia de riego por goteo- se traducen en incrementos muy significativos de la producción. El uso eficiente del agua es clave para el presente y el futuro de nuestra agricultura, y también aquí, los cultivos leñosos pueden ayudarnos.

En definitiva, conviene incrementar la superficie de cultivos leñosos, tanto a nivel de explotación agraria, como del sector agrario de nuestro país en su conjunto. Esto no quiere decir que haya que abandonar los cultivos herbáceos o que puedan sustituirse por leñosos en todos los casos, en todos los territorios y en todas las explotaciones. Pero un incremento de superficie traerá beneficios, a corto, pero también a medio y largo plazo. Sin duda.

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