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Con las emisiones de GEI agroalimentarias a vueltas

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

¿Es factible que el sector agroalimentario mundial recorte un tercio sus emisiones de GEI? Un nuevo informe del Banco Mundial (BM) concluye que la adopción de medidas asequibles y económicas pueden hacer que el suministro de alimentos sea más seguro y resiliente, en especial para las personas vulnerables y pobres.

El sistema agroalimentario global ofrece una enorme oportunidad para reducir casi un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) a través de medidas asequibles y económicas, sin que por ello tenga que dejar de proveer de suficientes alimentos a una población que, en unas regiones más que en otras, está constante crecimiento, según constata en un nuevo informe el Banco Mundial.

Para esta institución financiera global, la agroalimentación contribuye más al cambio climático de lo que muchos piensan, al generar casi un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, con un promedio de alrededor de 16 gigatoneladas al año, y esto es aproximadamente una sexta parte más que todas las emisiones de calor y electricidad del mundo.

Sin embargo, a la vez, se recalca que el sistema agroalimentario es una fuente enorme y sin explotar de acción de bajo coste contra el cambio climático. Y que, a diferencia de otros sectores económicos, puede tener un impacto enorme en el cambio climático al extraer carbono de la atmósfera a través de los ecosistemas y los suelos.

Como todo tipo de actividad económica, y mucho más en esta que afecta a elementos básicos de nuestro Planeta como el suelo, el agua y el aire, el sector agrario y alimentario tiene su cuota de participación en la emisión de GEI, que solo desaparecería si, a la vez, desapareciese también toda la actividad. La ventaja, y esto es clave, es que este sector también realiza una importantísima labor de absorción y de mitigación de emisiones de GEI, con una potencialidad que aún no se ha calibrado del todo y que puede mejorar mucho más todavía, contrarrestando incluso los efectos adversos de otras actividades en grado más contaminantes.

El informe “Recipe for a Livable Planet: Achieving Net Zero Emissions in the Agrifood System” (“Receta para un planeta habitable: cómo alcanzar las cero emisiones netas en el sistema agroalimentario”) es la primera “hoja de ruta” global integral para mitigar las contribuciones del sistema agroalimentario al cambio climático. Muestra cómo el sistema agrícola, que produce los alimentos del mundo, puede reducir las emisiones de GEI y, al mismo tiempo, seguir alimentando al mundo.

Explica con detalle las medidas que cada país puede adoptar para cumplir con este objetivo. Unas medidas que, además, harán que el suministro de alimentos sea más seguro y que ayudarán a que el sistema alimentario en su conjunto resista mucho mejor los efectos adversos del cambio climático, protegiendo a la vez a las personas más vulnerables durante este periodo de transición.

Como señala Axel van Trotsenburg, director gerente sénior del Banco Mundial, al señalar que ”aunque la comida en tu mesa tenga un buen sabor, también es una porción considerable del pastel de emisiones de cambio climático”, añadiendo que “la buena noticia es que el sistema alimentario mundial tiene la capacidad de sanar el planeta, haciendo que los suelos, los ecosistemas y las personas sean más saludables, mientras mantiene el carbono en la tierra. Esto puede lograrse durante nuestras vidas, pero los países deben actuar ahora: con solo modificar la forma en la que los países de ingresos medios utilizan la tierra, los bosques y los ecosistemas para la producción de alimentos, se puede reducir un tercio de las emisiones de GEI para 2030”.

A su favor se argumenta que el sistema agroalimentario es una fuente enorme y desaprovechada de acción climática de bajo coste y que, a diferencia de otros sectores económicos, puede tener un impacto desproporcionado en el cambio climático al reducir las emisiones y extraer carbono de forma natural de la atmósfera.

¿Qué pueden hacer los países?

Tras reconocer que los países alcanzarán sus objetivos climáticos de diferentes maneras, el informe del BM identifica una terna de soluciones o recomendaciones en las que se pueda elegir.

En primer lugar, apunta que los países de altos ingresos pueden señalar el camino y hacer mucho más que hasta ahora, brindando, por ejemplo, más apoyo a los países de bajos y medianos ingresos para que puedan adoptar métodos y tecnologías agrícolas de bajas emisiones, incluida la asistencia técnica para programas de conservación forestal, que generen créditos de carbono de alta integridad, así como ir cambiando paulatinamente sus hábitos hacia dietas alimentarias más sostenibles.

Los países de altos ingresos también pueden desplazar o reorientar los subsidios de apoyo que conceden a estos países de las fuentes de alimentos que sean altamente emisoras de GEI y, por tanto, contaminantes. Esto serviría para revelar su precio real y ayudaría a que las opciones de alimentos de bajas emisiones de GEI sean más baratas en comparación con las de alta emisión.

En segundo lugar, el BM considera que los países de ingresos medios pueden desempeñar también una función muy importante, ya que concentran tres cuartas partes de la oportunidades existentes de reducción de emisiones GEI y cuentan con la capacidad de disminuir globalmente esas emisiones del sistema agroalimentario mediante prácticas más “verdes”, como bajar las emisiones de la actividad ganadera y del cultivo de arroz; invertir en suelos saludables y reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, haciendo un uso más eficiente de la tierra.

En tercer lugar, los países de bajos ingresos pueden trazar un camino diferente hacia adelante y centrarse más en el crecimiento “verde”; es decir, evitando los errores ya cometidos por los países más ricos y aprovechando las oportunidades “climáticamente inteligentes” para economías más “verdes” y competitivas.

Así, por ejemplo, la preservación y la restauración de los bosques, evitando su conversión en tierras de cultivo o pastos, puede ser una manera rentable de reducir emisiones, y fomentar el desarrollo económico sostenible de los países de ingresos bajos. Sobre todo teniendo en cuenta que, en la actualidad, más de la mitad de las emisiones de GEI de los sistemas agroalimentarios provienen precisamente de la deforestación de los bosques para producir alimentos.

Para el Banco Mundial, “es necesario que todos los países adopten medidas con el propósito de alcanzar cero emisiones netas de GEI” (que no son otras que restar de las emisiones de GEI, las absorciones y la mitigación de emisiones, capaz de lograr el sistema agroalimentario, con el resultado igual a 0, es decir, que estas últimas anulen a las primeras).  

Enfoque integral

Para ello, añade el BM, los sistemas alimentarios deben utilizar “un enfoque integral orientado a reducir las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera. Y esto incluye un uso más sostenible de fertilizantes y energía sobre los cultivos y la producción ganadera, así como la transformación y envasado de la producción primaria y la actividad de distribución a través de toda la cadena de valor, es decir, desde la granja hasta la mesa.

En el informe se estima que los beneficios de invertir en la reducción de las emisiones de GEI procedentes del sistema agroalimentario son mucho más grandes que sus costes. Y cuantifica que, para llegar a reducir a la mitad las emisiones del sistema agroalimentario en 2030 y encaminar al mundo hacia el objetivo de cero emisiones netas en 2050, será necesario que las inversiones aumenten en 18 veces, hasta alcanzar unos 260.000 millones de dólares al año.  Ahí, claro, estamos hablando de palabras mayores.

En la actualidad, argumenta el BM, se gasta incluso el doble de ese montante cada año en subsidios agrícolas, muchos de los cuales, además, tienen un efecto negativo sobre el medio ambiente. Y añade que, “aunque se pueden financiar algunas de estas inversiones mediante el recorte de los subsidios mal aprovechados, es fundamental conseguir financiación adicional para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas.” Ahí acabáramos.

En el informe, el Banco Mundial se atreve a cuantificar mucho más el resultado de aplicar las medidas expuestas y señala que “realizar estas inversiones conllevaría 4,3 billones de dólares en beneficios en 2030” ¿En qué? Pues, según estimaciones anteriores, en beneficios que irían desde mejoras en la salud humana, economía y medioambiente; en seguridad alimentaria y en calidad nutricional, así como en mejores empleos de calidad y en ganancias de renta para los agricultores, hasta con el beneficio de contar con más carbono retenido en bosques y suelos.

Por tanto, aunque ignoramos cómo se hacen esas estimaciones de gasto necesario para obtener esos beneficios, el BM indica que estas inversiones y beneficios cuantificados supondrían un retorno de los costes de inversión de 16 a 1. En otros términos, cada dólar invertido (coste) para reducir emisiones de GEI tendría un retorno de inversión en forma de beneficios para el Planeta y la Humanidad de unos 16 dólares.

En suma, para el Banco Mundial las acciones de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el sistema agroalimentario tendrán tres beneficios clave: harán que el suministro de alimentos sea más seguro, ayudarán a nuestro sistema alimentario a resistir mejor el cambio climático y garantizarán que esta transición no perjudique a las personas más vulnerables.

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