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Europa sigue a vueltas con la genómica, todavía...

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

El próximo año 2023 va a ser un año clave y decisivo para abordar la regulación comunitaria de las nuevas técnicas de edición genética (New Genomic Tecniques, NGTs en sus siglas en inglés) aplicada a las plantas (Técnicas de Mejora Vegetal o “New Plant Breeding Tecniques” –NPBT-) y una oportunidad para que la Unión Europea no se quede atrás, una vez más, en este ámbito de investigación e innovación de la biotecnología vegetal respecto a otros países terceros, donde se sigue avanzando.

Es más, este será un asunto central de análisis y debate, que también tiene pensado abordar la Presidencia de turno de España del Consejo de la Unión Europea durante el segundo semestre del próximo año.

Hace pocos días, la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) advertía en su “Informe sobre la revisión del marco regulador de las Técnicas de Edición Genómica” que la normativa que, desde hace más de 20 años regula las técnicas de mejora vegetal en Europea está obsoleta y que, por tanto, es necesaria e imprescindible una revisión urgente del marco regulador (en una sentencia de 2018, el Tribunal de Justicia Europeo, instaba ya a revisar la norma), puesto las NGTs o los NPBT, como el CRISPR-Cas, ya están siendo utilizadas por otros países y marcarán  el futuro de la agricultura a nivel mundial en los próximos años.

En su actual estado, señala el informe, la legislación comunitaria “impide los avances esenciales para mantener la competitividad del sector agrícola y ganadero de la UE y en particular de nuestro país”.

La COSCE reitera que estas NGTs son más necesarias que nunca para que el sector agroalimentario español pueda mantener su producción en un escenario de cambio climático, que le está afectando de manera particular, y de acuerdo con los objetivos prioritarios de respeto del medio ambiente y la sostenibilidad.

El texto de la COSCE reconoce que, a diferencia de los procesos tradicionales que producen nuevas variedades vegetales cruzando especies (una técnica que puede durar varios años), la edición genómica hace lo mismo, pero de una forma sencilla, rápida y barata (se pueden adquirir “kits” en Internet por menos de 100 euros). El resultado de esta técnica no son plantas con un ADN “extraño” y, por tanto, no son transgénicas, siendo además indistinguibles de las obtenidas por mejora tradicional.

Para estos científicos, la edición génica solo causa unos pocos cambios genéticos dirigidos y, además, al no precisar de largos procesos de selección, no reduce tampoco la diversidad genética. Por ejemplo, existen ya setas que se mantienen sin ennegrecerse más tiempo; manzanas que no se pudren al caer al suelo o tomates que ayudan a controlar la hipertensión.

En el Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), un equipo liderado Francisco Barro Losada trabaja mediante la técnica CRISPR en un trigo apto para celiacos, donde el grano en realidad no se manipula genéticamente, sino que se hace un rediseño de la planta, que crea después un fruto que pueden tomar las personas que sufren de intolerancia al gluten. Según este científico, “se trata del mismo proceso que lleva haciendo la Humanidad durante los últimos 10.000 años, pero acelerado.”

Diferenciación

El problema central es que la normativa europea no se ha actualizado y desde el año 2001 considera que todas las técnicas para modificar alimentos producen transgénicos, cuya producción aún está prohibida con carácter general por la legislación comunitaria. Y por ello, la COSCE solicita la necesaria diferenciación entre las técnicas de edición genética y los transgénicos –pese a considerarlos y demostrarse también inocuos- para poder avanzar hacia una agricultura más sostenible, más innovadora y, sobre todo, capaz de asegurar la producción de alimentos en el futuro.

Entre otras mejoras, las NGTs o las NPBP permitirían potenciar la capacidad de las plantas para asimilar compuestos nitrogenados, lo que daría lugar a que necesitaran menos fertilizantes en los cultivos, así como a mejorar las características nutricionales de algunos productos de origen vegetal, como el aceite o el pan, o los que se utilizan como forraje para alimentar al ganado.

También ayudaría a desarrollar plantas resistentes a insectos y a microorganismos  patógenos (virus, bacterias, hongos), lo que elevaría la productividad de los cultivos extensivos y reduciría de manera importante el uso de pesticidas en todo el mundo. Además, contribuiría a desarrollar variedades capaces de mantener la producción al ser expuestas a aguas de riego salinas, a temperaturas extremas o en condiciones de sequía y, por consiguiente, a ser más tolerantes al cambio climático.

Debido a las trabas legales en la UE, el equipo español de la COSCE tuvo incluso que realizar sus pruebas en plantaciones de Sudamérica, donde sí está permitido este tipo de cultivos. Aunque no se pueden plantar, sí se puede importar desde otros países, como Argentina, EE.UU. o Japón, donde se legisla casi a la vez que surgen estos avances científicos, y pueden llegar a comercializarse en la UE sin ningún tipo de problema, al no ser diferentes a los alimentos convencionales.

Al respecto, desde la COSCE se considera “preocupante que, pese a que las variedades editadas no se diferencian de las variedades naturales, Europa no puede controlar su importación, lo que coloca al productor comunitario en clara desventaja competitiva frente al de países donde estas variedades sí están aprobadas y reguladas.”

Consulta pública

Con la parsimonia que caracteriza a la Comisión Europea, en abril de este año lanzó una amplia consulta pública sobre cómo deben ser reguladas las NGTs, obteniendo más de 2.200 respuestas de ciudadanos de los 23 Estados miembros y de 28 países no comunitarios.

El resultado de la misma, que se acaba de dar a conocer, es un apoyo mayoritario a un cambio en la regulación de las Nuevas Técnicas de Edición Genética (NGTs). Entre las conclusiones de esta encuesta cabe destacar que el 79% de los participantes cree que la legislación de los organismos modificados genéticamente (OMGs) no es adecuada para las plantas obtenidas por mutagénesis dirigida o cisgénesis; un 17% considera que la actual regulación de los OMGs es adecuada para las NGTs, y el 61% estima que mantener estas plantas bajo el marco regulatorio actual tendrá consecuencias adversas a corto, medio o largo plazo, como la pérdida de herramientas eficientes para afrontar y enfrentarse al cambio climático;  el no poder desarrollar cultivos más resistentes a las plagas y enfermedades, a la sequía o a la salinidad del agua para riego, como tampoco poder reducir el uso de productos fitosanitarios.

Un 61% de los encuestados apoyó un enfoque de evaluación de riegos para las NGTs diferente al actual en el marco de los OMGs. Un 34% consideró que dicha evaluación debería adaptarse a las características y al perfil de riesgo de cada planta, mientras que otro 27% estimó que no se necesita una evaluación de riesgos específica, cuando las plantas podrían haber sido producidas a través de un fitomejoramiento convencional o una mutagénesis clásica.

Un 22% de los participantes en la consulta apoyaron, además, mantener los requisitos de evaluación de riesgos de las OMGs y el 13% consideró que no es necesaria ninguna evaluación de riesgos para estas plantas.

Regulación específica

Un capote a estas tesis, en sentido figurado, fue el que echó el pasado 27 de octubre el Abogado General del Tribunal de Justicia de la UE, cuando en sus conclusiones, a raíz de una consulta del Consejo de Estado francés, de noviembre de 2021, propuso excluir la mutagénesis aleatoria in vitro de la Directiva sobre OMGs, al considerar que el objetivo de esta norma, de obligado cumplimiento para los Estados miembros, no es regular los métodos de modificación genética, sino establecer un procedimiento de autorización de liberación en el medio ambiente de los organismos obtenidos por medio de estos métodos.

En consecuencia, la identidad de estos organismos hace que no esté justificado el trato diferenciado de los métodos utilizados para su obtención. Es más, señaló que la distinción entre mutagénesis aleatoria in vivo (en plantas enteras) e in vitro (en laboratorio) no está justificada ni desde el punto de vista científico, ni desde el jurídico. Habrá que esperar ahora la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que, habitualmente, aunque no siempre, sigue las pautas marcadas por el Abogado General.

En el ámbito de la sostenibilidad, la mayor parte de los encuestados estuvo “muy de acuerdo” en que un mejor uso de los recursos naturales, la tolerancia/resistencia a los estrés bióticos o abióticos, el rendimiento u otras características agronómicas, una mejor composición, un mejor rendimiento del almacenamiento y la producción de sustancias de interés para el alimento y la industria no alimentaria son rasgos que podrían contribuir a la sostenibilidad (un 51% considera que deberían incluirse disposiciones reglamentarias especificas para la sostenibilidad y un 41% no lo ve necesario).

Recomendaciones científicas

La Comisión Europea solicitó a la Autoridad Europea sobre Seguridad Alimentaria (EFSA) una recomendaciones científicas que apoyaran la iniciativa política en curso sobre las NGTs , con el fin de contribuir a la evaluación de los riesgos de las plantas producidas mediante técnicas de ingeniería genética de mutagénesis dirigida (las que inducen mutaciones especificas en ubicaciones seleccionadas del genoma, con cambios que se producen sin la inserción de materia genético externo).

Para la EFSA, algunas plantas producidas con las NGTS pueden tener solo pequeños cambios, que podrían ocurrir también en la Naturaleza o a través de la selección convencional. Otras pueden tener múltiples y extensas modificaciones, que pueden ser similares a las de las plantas producidas por técnicas establecidas de modificación genética utilizadas en las últimas décadas.

La EFSA aclara que su papel en relación con las NGTs es de asistencia técnica y ofrecer recomendaciones científicas para apoyar a los gestores de riesgos en el ámbito de la ingeniería científica, a fin de que los alimentos sean seguros para los consumidores de la UE.

Sus propuestas sobre los criterios de evaluación de riesgos de las plantas producidas mediante mutagénesis dirigida, cisgéneis e intragénesis resumen un conjunto de trabajos, que pueden constituir un primer paso para establecer un marco sólido con base científica con el que poder evaluar tales riesgos en los alimentos y los piensos, y para el medio ambiente, caso por caso.

La EFSA concluye que no le corresponde decir cómo debe desarrollarse la agricultura europea o si se necesitan nuevas tecnologías para alcanzar objetivos políticos tales como sistemas alimentarios más sostenibles.

Eso sí, hizo un llamamiento  a informar y concienciar más a la ciudadanía sobre el uso de las nuevas técnicas genómicas en la producción de alimentos, pues dos encuestas recientes de la propia EFSA (encuesta relámpago de 2021 y el Eurobarómetro 2022 sobre seguridad alimentaria) revelaron, por una parte, un escaso conocimiento de la población sobre las NTGs (y, por tanto, sobre sus los posibles riesgos) y, por otra, el deseo (para un 69%) de tener más información al respecto pero, a la vez también, una escasa preocupación sobre el uso de la nueva biotecnología en la producción de alimentos seguros.

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