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UPA propone una política de aguas con criterios sociales en favor de la Agricultura Familiar

El regadío supone un motor de desarrollo por la producción de alimentos y la creación de riqueza que supone. En términos generales, una hectárea de regadío produce seis veces más que una hectárea de secano (con un 22% de las tierras de cultivo en España, unos 3,77 millones de hectáreas de regadío, se obtiene más del 64% de la Producción Final Agraria nacional). La renta para el agricultor, también en términos generales, es aproximadamente cuatro veces superior a la de la agricultura en secano.

Las explotaciones agrarias de regadío son más competitivas y menos dependientes de las ayudas de la PAC, al suponer un menor porcentaje de la renta procedente de estas ayudas. El regadío permite diversificar los cultivos (mejor gestión del riesgo) y estabilizar las producciones, con una reducción de los riesgos climáticos.

Además, el regadío supone un efecto multiplicador en la economía rural: es el soporte de la industria agroalimentaria y dinamiza a otros sectores de la economía (industria de servicios e insumos, agroindustria, transporte, sector comercial…)

En cuanto al empleo, el regadío tiene una gran capacidad de generar empleo directo, cuadruplicando el que genera el secano en términos medios -para generar un puesto de trabajo se requieren 9,2 has de regadío o 41,6 has de secano-.

También tiene una gran capacidad para generar empleo indirecto (sector insumos, servicios, agroindustria, transporte, comercio…) El regadío genera un empleo de mayor cualificación profesional y facilita en el medio rural la incorporación de jóvenes y mujeres al sector agrario y al mercado laboral en su conjunto.

Regadío y agricultura familiar

En general, el regadío garantiza la viabilidad a las explotaciones familiares al aumentar su rentabilidad. Además, es un instrumento vital de fijación de población contra la despoblación rural: está demostrado que en las zonas con regadío el factor demográfico y dedicación a la agricultura es mucho más elevado que en las zonas de secano, donde el despoblamiento se ve claramente acentuado.

Ante los efetos del cambio climático, las explotaciones de regadío son mucho más resilientes (en especial frente a la sequía). De hecho, desde UPA, han señalado que la modernización del regadío es un instrumento vital de lucha contra el cambio climático, tanto desde la adaptación, al permitir con sus inversiones en aras de un consumo de agua más racional y optimizado, hacer frente a unas sequías cada vez más intensas para garantizar la rentabilidad y viabilidad de las explotaciones; como desde el aspecto de la mitigación, al ir sustituyendo las energías fósiles por fuentes renovables y por tanto reduciendo la emisión de gases efecto invernadero y contribuyendo al objetivo de la descarbonización de nuestra economía.

En España la superficie de regadío ocupa aproximadamente 3,77 millones de hectáreas (datos de 2022), habiéndose incrementado en más de 250.000 has. desde 2012 (cuando había 3,52 millones de has.), pero que pese a ese incremento de superficie el consumo de agua en regadío se ha reducido debido a la modernización de regadíos, a la que ya se han sometido aproximadamente 1,5 mill. has.), logrando una mayor racionalidad y optimización del uso del agua tanto por sistemas de gobernanza, como por la introducción de nuevas tecnologías que permiten utilizar el agua en función de las necesidades reales de las plantas.

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